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M83 + Porcelain Raft, La Riviera, Madrid (10-03-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

portada M83

 

Hace poco discutía con un amigo sobre el poder de Pitchfork o Stereogum; si de verdad algunos artistas estaban triunfando gracias a las alabanzas recibidas por este tipo de blogs y páginas web. Después de ver lo de ayer de M83 en La Riviera, yo diría que sí. El músico francés colgó el cartel de "no hay entradas" unas semanas antes del concierto, y el público madrileño disfrutó de lo lindo. Bueno, algunos no, pero eso lo dejo para más adelante.


Abrió la noche Porcelain Raft, el proyecto de Mauro Remeddi. Este italiano afincando en Londres entra dentro de la corriente chillwave que tan de moda está últimamente (y que tan malos resultados da en directo). Ya sabéis cómo funciona esto: un chaval en su cuarto, con sus cacharros, haciendo música electrónica tranquila y paisajística, llena de capas y capas de teclados. Trasladarlo al directo no es fácil, y menos si te presentas solo, sin banda, que es lo que hizo este hombre.

No empezó mal con Drifting In And Out, la canción que abre "Strange Weekend", su álbum de debut. Y con Put Me To Sleep consiguió hacer bailar al poco público que a esas horas había en la sala, pero poco más. Su propuesta en directo queda bastante deslucida y, además, tampoco es que sea de lo mejor de esa corriente musical.

Con 15 minutos de retraso, y ya con la sala a reventar, salía Anthony Gonzalez con un guitarrista, un bateria y una chica a los teclados. Con los primeros acordes de Intro y el público cantando a grito pelado eso de "Carry On, Carry On", ya nos empezábamos a imaginar por dónde iban a ir los tiros: un volumen atronador –que en La Riviera se traduce en sonido saturado– y una gran dosis de épica es lo que nos esperaba durante la siguiente hora y cuarto. Esto funcionó en los primeros temas –Intro, Teen Angst y Graveyard Girl estuvieron realmente bien–, pero se fue al garete con Reunion, el primero de una sucesión de cansinos, "oh, oh, oh, oh". El francés tiró de cliché épico y de subidón para contentar a la "masa", y ahí es donde estuvo el fallo del concierto, que acabó resultando cansino y repetitivo hasta decir basta. Además, el público no ayudó demasiado con sus charlas y sus ganas de fumar, molestando a la gente que trata de escuchar todo el concierto, y no sólo el hit de moda. Hacía años que no me encontraba un público tan irrespetuoso con los demás. Eso sí, cuando atacaron Midnight City, todos se volvieron como locos –no sé por qué, ya que sonó descafeinada y al saxofonista ni se le escuchaba–.

Viniendo a presentar "Hurry Up, We're Dreaming", era lógico que se fuese hacia el rollo grandilocuente de su música, pero realmente se le fue la mano, y no eligió demasiado bien el setlist. Para colmo, cuando tocó la preciosa Wait y se calmó un poco, era casi imposible escuchar su voz por esas charlas de bar de la gente que estaba a nuestro alrededor. Tampoco le veo ningún sentido a que tocaran el remix de Daft Punk o a acabar el concierto con una versión de lo más machacona y tecnazo de su Couleurs. Sobre todo, cuando te dejas en el tintero temas tan buenos de tu discografía como Don't Save Us The Flames o Kim & Jessie.

Desde luego, la gran mayoría del público disfrutó del concierto, ya que les dio lo que querían una y otra vez. Pero también vi reacciones menos entusiastas en la gente que me acompañaba y en las redes sociales. Lamentablemente, un servidor se encuentra entre estos últimos y salió bastante decepcionado del concierto. M83 pasará de salas a estadios en dos telediarios.

Fotos: Adolfo Añino

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