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M. Ward, Teatro Lara, Madrid (16-05-2018)

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El llanero solitario de la canción

Quedarse atrapado por una final. Un hecho que no suele sucederme, pero confieso que esa noche erré. Ávido de una victoria del Atlético de Madrid, perder la noción del tiempo y llegar comenzado al concierto M Ward, alias artístico del excelente cantautor (‘songwriter’ no queda más molón por ser un anglicismo) Matthew Stephen Ward. Que tras anular su concierto de 2017 en Madrid, finalmente tocaba en la capital con el aforo completo, y con un público muy fan, y muy entregado. Me perdí ese arranque del concierto con una pieza marchosa y adictiva como “Vincent O’Brien”.

La primera sorpresa que me llevé fue que vino solo, en acústica. Una pequeña decepción porque los acústicos quedan bien para conciertos de presentación breves, esos de presentación de un nuevo disco (showcases dicen en inglés), pero un concierto más largo en ese formato en lugar de lucir al artista puede mostrar sus pobrezas. Una pena cuando sus canciones ganan en matices con eléctricas, teclados, bajo y batería (por ejemplo de canciones pletóricas como “Poison Cup”). Sin embargo, M Ward conquistó por esa combinación de buenas canciones y su talante desenfadado. Su aire de bohemio, de artista que toca como si nada: le da un toque espontáneo, más humano. Y el mérito lo tienen sus canciones. Cuando hay agarre, cuando las canciones fluyen, todo es más sencillo, pese a que falten elementos.

El folk, el country alternativo de M Ward sedujo en su puesta en directo en solitario, reduciendo el todo al esqueleto de sus canciones. Si bien, en un formato trío o cuarteto el resultado habría sido mucho más apetitoso. Siempre está el peligro de que si tu cancionero no es excesivamente sólido y robusto, un concierto acústico pierda fuelle. Pero con maravillas como “Fuel for Fire” las cosas solo pueden ir sobre ruedas. Pocas concesiones a ‘More Rain’, su último disco en solitario de 2016, el sencillo “Girl From Conejo Valley” sobresalió por su excentricidad y por ser un homenaje a sus orígenes, pero se dejó en el tintero joyas de ese último trabajo como “Time Won’t Wait” o “I’m Listening (Child’s Theme)”.

Interpretó varios temas con una amiga vocalista, que lució un timbre precioso. Y en ese momento la cosa cogía fuerza, con esa combinación de voces. No en vano fue un concierto entrañable. Con su momento ‘a capella’ sin amplificación, con buen repertorio, y una manera campechana de conectar con el público, con cierta desgana que le gustó al público. Dio la sensación de estar a gusto. Y prometió volver más a menudo a Madrid. Un concierto con encanto pero faltó del empaque de tocar con banda. Las comparaciones son malditas, hacía unos días había visto a Kamasi Washington con banda, y claro, ni punto de comparación.

Foto: Blanca Orcasitas

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