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Los Punsetes, Ochoymedio, Madrid (26-05-2012)

Autor: | @indienauta

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Siempre pensé que Los Punsetes son los primos pequeños repelentes y tocapelotas de LosPlanetas. Una rama de la familia planetaria en Madrid con unas coordenadas sonoras idénticas al estilo fijado por los granadinos, herederos del genoma macarra a lo "Pesadilla en el parque de atracciones", pero con un gusto (y regusto) por lo escabroso y las cuchillas. Pop cabroncete y cargado de bilis hasta las trancas.


Así las cosas, los cinco que aman al Punset se han ido asentando como uno de los grupos esenciales del underground castizo sin rebajar la graduación de su mala leche. Pasada la sorpresa de su debut y el difícil test del segundo largo ('LP2'), han terminado de pulir la fórmula punsetiana en 'Una montaña es una montaña' (Everlasting Records), su tercer round contra la corrección política, la falsa trascendencia y el amor empalagoso. Tocaba presentar el nuevo vástago al punsetismo y a ello fueron Ari, Manu 'Anntona', Jorge, Chema y Gonzalo el pasado sábado. En noviembre ya habían enseñado orgullosos la ecografía en un concierto íntimo en su local fetiche, el Nasti madrileño, avanzando algunas composiciones nuevas. Ahora un Ochoymedio con 250 fieles les esperaba para proceder a diseccionarlo (palabras muy punsetiana esta) ya en condiciones.

Precedidos de su habitual toque audiovisual inquietante, dieron salida con Los Glaciares. Apocalipsis de entrada, estos no van de broma. En un giro pasaron a Fondo de Armario y a su nuevo single, Alférez Provisional, con el proyector escupiendo imágenes de Bin Laden y los sesos de Kennedy volando por Dallas. Mal rollo bailable, toma que toma. Y tiene su mérito. Porque Ari, que aunque ahora interviene metiendo efectos, sigue siendo más estatua de cera que vocalista. Tres nuevas más cayeron a la buchaca de forma consecutiva, 155, Mis amigos y una canción punsetianamente perfecta, Tráfico de órganos de iglesia. "He estado en situaciones inauditas, he visto mezclar cerveza con Licor 43", canta Ari. Sublime. A esas alturas aparecieron unos pequeños problemas técnicos en la batería pero no deslucieron dos composiciones sobresalientes de su anterior trabajo, Los Cervatillos y sobre todo Dinero, que elevó la chulería a categoría de arte.

Después llegó una tanda más de novedades, con un medio tiempo para dar un respiro (Un corte limpio), John Cage, Paraíso, Flora y Fauna y se coronaron con Untitled, una canción de odio-amor retorcida como sólo ellos saben hacerlo. Los Punsetes también se preocupan por sus fans clásicos y para ellos fue un triple combo a la yugular: ese himno de los bajos fondos madrileños que es Dos Policías, el ataque bailable de Tus amigos y otro hit primigenio, Maricas. Aquí llegó el único ‘pero’ de la noche. En pleno subidón, y en vez de buscar el derrotero de los camerinos antes del encore, soltaron
Malas Tierras, un bajón considerable. Este tema suena en directo aún más planetario si cabe. Si cierras los ojos en las partes instrumentales donde Ari calla, esperas que aparezca Jota en la jugada para meterse en el ajo y cantarse algo. En el fondo, ambos ya casan de maravilla, como se vio hace un par de años en La Riviera, con la hierática cantante poniendo su voz en La Veleta y No sé cómo te atreves durante el bolo de los granadinos. Destripado ya todo lo nuevo menos Los Tecnócratas, el bis fue variadito, con Por el Vicio, Accidentes y una debilidad personal, Cien metros para el cementerio,
quizás una de las canciones más infravaloradas del quinteto capitalino. 

La producción de El Guincho para ‘Una montaña es una montaña’ ha aportado claridad en el estudio, pero las canciones nuevas sonaron más sucias sobre las tablas. Encajaron como un guante con el resto del repertorio en un setlist en el que ya, con tres discos a cuestas, no hay relleno ni paja. Los Punsetes se han despojado del toque amateur de sus inicios, van a por todas. Y adorablemente perversos, como siempre.

 

Foto: Carlos Forjanes

 

 

 

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