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Los Evangelistas, Colegio Mayor San Juan Evangelista, Madrid (7-03-2012)

Autor: | @indienauta

losevangelistas

El evangelio flamenco de Enrique Morente ha encontrado a cuatro mensajeros, fanáticos de su mensaje y figura, que han llevado a un punto de no retorno la adoración a su dios particular. El mito de Graná, moderno como nadie, acabó congregando en torno a su presencia a sus vástagos indies en la ciudad de La Alhambra: Los Planetas y Lagartija Nick. Huérfanos de su pater musical desde aquel infausto 10 de diciembre de 2010, los planetarios Jota, Florent y Erick en alianza con el lagartijero Antonio Arias se han lanzado a rendir tributo a Morente bajo un elocuente nombre, Los Evangelistas. Reinterpretando su flamenco en clave de noise-rock espacial se han propuesto evangelizar en lo morentiano a las nuevas generaciones.


Y es que su reciente 'Homenaje a Enrique Morente' es casi un hermano menor de aquel inolvidable y único 'Omega' alumbrado por el cantaor del Albaicín con la ayuda sonora de Lagartija Nick. Aquel era un disco inmenso, pionero, dolorosamente hermoso, que ha encontrado un digno sucesor. Y a mostrarlo al mundo en directo se vinieron Los Evangelistas a Madrid. En concreto al Colegio Mayor San Juan Evangelista (a.k.a El Johnny), escenario que acogió sobre sus tablas numerosas veces a Morente. Entre ellas, la actuación el 20 de diciembre de 1973 coincidiendo con el atentado de Carrero Blanco en el que un improvisado fandango crítico con el almirante le supuso al cantaor un multazo de 100.000 pesetas.

Olor a incienso, una misa gregoriana y cirios rojos por doquier. Eso es lo que dio la bienvenida al selecto grupo de invitados, prensa y privilegiados que consiguieron un asiento a través de FNAC. Ya en los prolegómenos se respiraba la solemnidad y el carácter especial del evento. En las butacas, nombres de ayer y de hoy de la música independiente. Ana Curra, Christina Rosenvinge, Jesús Ordovás, miembros de grupos como El Columpio Asesino o Ellos fueron algunos de los espectadores que pude atisbar. También gran parte del Clan Morente, transmitiendo con su presencia el visto bueno de la familia.

Los Evangelistas han construido una misa (rock) de réquiem que, se me permita la herejía, podría tener cabida hasta en la Catedral de Granada. Lo probaron en el mismo inicio, con Gloria. Una pieza incluida en la 'Misa Flamenca' de Morente transformada en algo eléctrico, elegíaco, con Antonio Arias y J recitando y cantando a lo gregoriano. "Gloria a Dios", es el poderoso estribillo que se alza una y otra vez sobre una batería que parecen truenos celestiales. Una enorme paradoja teniendo en cuenta que Morente se decía ateo y sus pupilos parecen de la misma cuerda. Jota cogió el mando vocal en la ténebre Decadencia y sobre todo en Serrana de Pepe de la Matrona, que podía haber sido perfectamente un corte de la nueva órbita aflamencada de Los Planetas. El público, sobrecogido, no empezó a interactuar hasta que Antonio Arias tomó la palabra: "Esto es por y para Morente, del que tanto hemos disfrutado, y para su familia". Fue el prólogo de En un sueño  viniste, el momento culmen de la primera parte del concierto. Arias, vistiendo un chaleco con la palabra Morente y un retrato del cantaor en plata, compensó con pasión sus evidentes carencias vocales poniendo por primera vez a todos en pie. Épico. 

El retablo místico creado por los granadinos continuó en Alegrías de Enrique, convertido en un himno melancólico con un "tirititrantrantrán" lastimero de Jota, y en la más animada Donde pones el alma donde un enardecido Erick acabó hasta perdiendo una baqueta. Enorme. Pero apenas un punto y seguido antes de los bises, donde ya se sabía tras su actuación por Barcelona que venía lo bueno.

Antonio Arias la presentó emocionado y Carmen Linares nos emocionó a los demás con Delante de mi madre. Cinco minutos eternos donde nos embistió con un estremecedor quejío acompañado de guitarras áridas. Flamenco sentido y rock desnudo, sin artificios. La veteranía dio paso a la savia nueva, a Soleá Morente. La hija pequeña del maestro recogió con dulzura el dueto que empezaron Jota y Antonio Arias en Yo poeta decandente, y logró arrancar lágrimas cuando entonó el "hasta los raíles del tren me hacen llorar, tan cerca el uno del otro, como quisieran, quisieran, se alargan y no se pueden tocar...". Imposible no sentir congoja en el pecho. Carne de la carne del genio del Albaicín, incluso se superó con La Estrella, creada por su padre para su hermana mayor. El protagonismo de Soleá fue absoluto liberando un torrente de voz que no dejó dos pies sentados en el auditorio. Parecía el broche insuperable para finiquitar, pero hubo otro bis más. Los Evangelistas eligieron El Loco, la única composición no perteneciente a su mentor, quizás para dar fe de lo aprendido con él.

Un concierto hiperbólico pese a su crudeza, emocionante pese a su austeridad, como testimonio vivo de un disco homenaje que haría sentirse orgulloso al maestro granadino allá donde esté. Sus revoltosos pupilos son dignos transmisores de su palabra...



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