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Lorena Álvarez y Su Banda Municipal, Teatro Lara, Madrid (19-12-2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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La asturiana Lorena Álvarez ya sorprendió gratamente a principios de 2012 con la edición limitada (de 500 copias) de "La cinta". Siete canciones editadas en cassette, con un calendario, una bandolerilla pequeña hecha a mano y un walkman. Lorena aporta una nueva vuelta de tuerca que renueva el folcloré asturiano, que se empapa de un sonido añejo, de la tradición.


Ya nos conquistó con su presentación gratuita el pasado mes de febrero en el Centro Asturiano de Madrid. Tras la edición a finales de Octubre de su primer disco, 'Anónimo'. La presentación en el Teatro Lara, era su presentación a bombo y platillo. Y no decepcionó, para nada.

Sonaron canciones que tienen chispa como "Manolo" con una letra fresca entrañable, con unos coros que tienen ese punto de guasa, de diversión, de apreciar las pequeñas cosas de la vida: el viaje para ver a alguien, comer una paella, ver a un chico en camiseta. O canciones deliciosas de un desamor con mucho humor como "Ya no me acuerdo".

Lo que convence es la naturalidad y el desparpajo de Lorena, y como se rodea de sus amigos músicos, y de sus amigas para hacer coros. Contó con un contrabajo en alguna canción, una violinista y una pequeña sección de vientos, pero todo muy vistoso y daba lustre a sus canciones. Su Banda Municipal que la conforman ella a la guitarra, y dos percusionistas: el tamborilero y el bombo. Las castañuelas presiden algunas canciones, en "Novias" (esa canción de desamor o de relatividad sentimental) o en esa jota a lo grande que es "Adiós a la virgen", que tiene mucho de 'despiporre', donde invitó a salir a un grupo de amigas.

También fue maravillosa la presencia del coro Ladinamo del patio Maravillas en muchas de las piezas con mayor presencia vocal o mayor énfasis, como en "El burro". O de las dos parejas peruanas de baile, que Lorena conoció en El Retiro, y que forman una agrupación tradicional de su tierra.

Sí que es cierto que pecó en exceso de su fórmula, que puede cansar por cierta linealidad, y que puede plasmarse alargando el concierto, o al repetir dos veces seguidas la canción "La boda". En un arrebato de hacer lo que quería el público. Un público rendido desde la primera nota. Pero el desparpajo tiene un límite. Aún así, tiene una manera muy personal de hacer que el folclore se popularicé en nuevas generaciones. Y de imprimir sentido del humor, y una relatividad fundamental para afrontar la vida y fijarse en las pequeñas cosas que nos rodean en nuestra naturaleza (sea ésta urbana o rural).

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