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Lisa Hannigan + Saint Sister, Sala Apolo, Barcelona (18-04-2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Memorable. De principio a fin. El concierto de Lisa Hannigan del pasado martes en la Sala Apolo fue una de esas noches largamente esperadas por uno —primera vez viendo a la irlandesa, una standing ovation para la gente de Cooncert por traérnosla—, pero cuyas altas expectativas fueron rebasadas con creces. Y, por favor, basta de reseñas y crónicas de conciertos en las que tiene que mencionarse al gran Damien Rice para referirse a ella. Hace ya mucho tiempo que no necesita «padrinos» de ningún tipo para defender su discografía o su talento encima de un escenario.

La jornada contó con un prolegómeno también venido de la «isla Esmeralda» de lo más sugerente. Saint Sister, o lo que es lo mismo, Gemma Doherty y Morgan MacIntyre, lograron embriagar a los presentes —que mantuvieron un respetuoso y esperanzador silencio, así da gusto— en sus canciones de atmosfolk, una curiosa manera de autodefinir sus preciosistas canciones, híbridos entre el folk tradicional, con arpa incluida, los deliciosos juegos de voces y un barniz electrónico que, al menos en directo, nunca opacó el «factor humano». Además, cuando la lánguida propuesta empezaba a correr el riesgo de resultar algo repetitivo o letárgico, tuvieron la virtud —no siempre sucede— de cerrar su actuación. Gran forma de abrir boca para lo que estaba por venir…

… Con extrema puntualidad y brillantez —sonido fantástico— desde el primer minuto, abriendo con la frágil Ora y sus minimalistas arrullos instrumentales, Hannigan puso todas las cartas sobre la mesa. Lo que dábamos por hecho, que posee una voz celestial, fue confirmado y multiplicado por mil, mostrándose como una cantante mucho más versátil y maleable, con total dominio de registros bien diferenciados. El de la perfecta «Amélie del indiepop», dulce y delicada, como en Pistachio o la muy celebrada Lille. Pasando por los aires folkies, de uno y otro lado del Atlántico, con la jovial Passenger, la cristalina, sedosa O sleep, o la soberbia, oceánica y arenosa Prayer for the dying. Hasta pisar, con pasmosa firmeza, terrenos más contemporáneos, incluso coqueteando con la electrónica, como en Undertow o Lo. E incluso tenebrosos, como en We, the drowned, sin duda uno de los momentos más alucinantes del show, con ese in crescendo desde la nana lúgubre a la fractura vocal alzándose en toda su crudeza por encima del mar embravecido y funéreo de sonido. Estremecedor. Pero no se vayan todavía, que aún hay más…

Porque Lisa Hannigan en directo es muchísimo más que una voz bonita. Secundada por una banda impecable, capaz de ceder y acompañar discretamente a la artista para, a continuación, generar un marasmo sónico —mucha atención al batería— que, caso de la mencionada We, the drowned, o la magnética Keep it all por ejemplo, apabulle por completo al público, la de Kilcloon se desenvuelve a la perfección como multiinstrumentista. Ya sea con el ukelele —imposible no dejarse contagiar por el fingerpicking y el exultante ritmo de Knots, elegida para cerrar el concierto antes de los bises—, la guitarra o esa especie de acordeón de dimensiones monstruosas, Hannigan da la impresión de ser capaz de «llenar» cualquier escenario ella sola, únicamente con la habilidad de sus manos y cuerdas vocales.

Por si fuera poco, Lisa Hannigan se mostró además como un «animal» escénico sorprendente, una inusitada presencia física que sabe expresar, resaltar o añadir intensidad física a las emociones expuestas por su música —pérdida, melancolía, júbilo, serenidad, regocijo, pena—. Algo que en su último trabajo At Swim —la «excusa» para su visita a Barcelona— alcanza las mayores cotas de intensidad de su muy reivindicable carrera. Sin estridencias, como sus canciones, con un comedido o cadencioso baile, esa gestualidad concentrada en las manos, un simple, reposado cabeceo o un, cinemático headbanging que parece tener lugar a cámara lenta. Pero con una habilidad incomparable para tocar la «fibra sensible» —si hubiera tocado An ocean and a rock o la versión de Moon river que pulula por Youtube uno se viene abajo, palabra— de cualquiera con dos oídos, ojos… y sangre en las venas.

Uno pensaba que el concierto había sido excelente, irreprochable, con varios momentos a atesorar. Pero quedaban los bises, que iban a elevarlo definitivamente a una estancia superior. Primero, gracias a Anahorish, en realidad un poema de uno de los bardos más reivindicables de la «tierra del trébol» —isla de literatura por antonomasia—, Seamus Heaney, convertida aquí en una de esas piezas mágicas, de las que te dejan estupefacto, gracias a la interpretación a capella junto a las Saint Sister. Acto seguido, con la única instrumentación de Lisa en la guitarra acústica, pero bien arropada por los coros de todo el elenco de músicos, situados tras ella, para acometer una de las joyas del disco, Fall, y erizarnos a todos el vello con las seis voces¡seis!, lo siento Brian Wilson, pero lo del Apolo te supera citándose en un estribillo sobrenatural. Y para rematar, ya con todos en sus posiciones habituales, con la colosal A sail, en una arrebatada, impetuosa versión, que puso el perfecto colofón a un concierto inolvidable. De nuevo, gracias Cooncert. Y, sobre todo, gracias Lisa Hannigan.

 

Fotos por Carla Rebés

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