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Leon Russell, Teatro Lara, Madrid (08-09-2014)

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Hubo momentos dignos de mención, como esa versión del “Wild Horses” de los Rolling Stones en clave boogie (de los Stones también tocaría “Jumping Jack Flash”), su interpretación del clásico “Georgia On My Mind” o su maravillosa “A Song For You”. Pero no puedo quitarme esa sensación de “concierto para cumplir” que me embargó al final del recital de Leon Russell ayer en el teatro Lara de Madrid.

Tener la oportunidad de ver a una auténtica leyenda como es el señor Russell siempre es de agradecer, pero precisamente ese aura legendaria es lo que puede hacer que uno espere más de lo que debería.

Russel apareció en escena con su aspecto habitual: larga barba y melenas blancas, y sombrero vaquero. Le acompañaban bajo, batería, y guitarra (este último también se haría cargo de la steel guitar, e incluso de una mandolina en uno de los temas). Dijo hola, y después él y su banda fueron enlazando un tema tras otro sin apenas dejar tiempo para que el entregado púbico que abarrotaba el teatro pudiese aplaudir.
Entre tema y tema ni una palabra, el rostro de Leon Russell pétreo, impenetrable. A mitad del concierto el grupo se retira y Russell se queda sólo con su teclado para interpretar algunos temas más relajados. El grupo vuelve a escena y sigue el recital de boogie-rock. Tras alrededor de hora y media Leon Russel da las gracias y las luces del Lara se encienden, indicando sin duda alguna que no habrá bises y que el concierto ha terminado.

Todo muy profesional, quizá demasiado. Tanto Russell como su banda sonaron bien, muy bien, pero todo resultó muy lineal, como si los temas hubiesen pasado por un filtro que los hubiese “descafeinado”, sonando a veces peligrosamente mainstream.  
Una máquina bien engrasada sigue siendo una máquina, y yo personalmente eché de menos algo más de corazón y tripas.

A juzgar por los comentarios que pudieron oírse mientras el teatro se vaciaba casi todo el mundo salió contento.
Yo esperaba más (quizás demasiado). Es lo que tiene ir a ver a una leyenda.

Fotos: Adolfo Añino

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