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León Benavente, El Sol, Madrid (24-01-2014)

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Aviso: a continuación se van a utilizar muchas palabras grandilocuentes, este supergrupo no es para menos.

Nueva noche de gloria de León Benavente en Madrid, esta vez en el 35 aniversario de la Sala Sol (¿35 años ya? guau… enhorabuena a la sala en la que más se disfrutan los conciertos en Madrid: luz roja, extraña distribución, escenario al que sólo le separan del público unos pocos escalones… sólo de pensarlo me arrebata el charme de ese local antológico). El combo de supermúsicos afrontaba este bolo con conciertos triunfales a sus espaldas en los últimos meses, en la capital y fuera de ella. Lleno hasta la bandera, caras conocidas y caras de asiduos a la noche musical madrileña. Aparecen ellos y ¡zas!: ¡qué presencia! ¡Y qué potencia!

Empezaron con su providencial Las Ruinas, con ese ritmillo contundente de fondo que no sé por qué me trae a la cabeza la sensación que me producían las canciones del Black Market Music de Placebo (?), esa rabia, esa ruptura. Público enfervorecido desde el minuto cero. Se sucedieron Las Hienas, un tema repleto de hermosos cambios, un monólogo descastado. Más karaoke, más fervor. Década, impregnando de más hastío de ese al que parecemos enganchados; Estado provisional, esa cantinela al mismo tiempo desazonadora y hermosa; Revolución, ese sereno grito de guerra mecido por teclados hechizantes; la ácida Avanzan las Negociaciones, sacada recientemente en un EP que viene muy a cuento, la verdad; y la furiosa Rey Ricardo.

Fiereza. Crudeza. Potencia. Letras que muerden en melodías que enganchan. Sonidos depurados. Paredes de guitarra y bajo, grandes redes de teclados con los que te topas como viento apacible, ritmos marcados de forma precisa. Todo ello en un directo demoledor. Se respira furia, rezuman impetuosidad. Y canalizan todo eso en un rock muy pop.

En su repertorio no faltó, por supuesto, su ya mítica versión de los Ilegales; su primer gran hit Ánimo valiente, que es el incontestable tema con el que se dieron a conocer (como no podía ser de otra manera sonó justo antes del bis); Todos contra todos; la turbadora (en continente y contenido) Qué significa la palabra amor; para terminar del todo el bolo con Ser brigada con un Abraham Boba entregadísimo a su apocalíptico speechy escoltado por secuaces.

Crudeza prosaica, distopía bien cantada conducida por hipnóticas melodías e instrumentaciones contundentes. Una de esas bandas cuyo directo supera abismalmente su disco (siendo buenos en disco, ojo). Destreza con los tiempos, pureza de sonidos. Estilo directo, limpio, con los ingredientes justos, como -me vais a permitir el símil- una veraniega ensalada de lechuga, tomate y cebolla de toda la vida (y sabor del de verdad), aliñada con aceite y vinagre normal, sin nada de vinagre de módena ni rulo de cabra ni ornamentos disuasorios.

Suenan potentes, demoledores, como una aposionadora. Los del nombre surgido de la aventurilla de uno de ellos que se quedó tirado en la carretera es un grupo que es como si hubiera existido siempre. Es nostalgia compartida, es esencia condensada del indie español más mítico de los últimos 20 años -no en vano vienen de ese maremagnum-. Son prolíficos, tiran a dar, tienen para todos/as. Son apocalípticos, duros y tiernos a la vez. Unos forajidos que, además de con sus respectivas formaciones anteriores o simultáneas, juntos también forman ya parte del organigrama de música patria. “…Tú que has hecho tanto por la independencia / y hablas un idioma casi extinguido…”. Imposible perderles la pista e imperdonable perderse un concierto suyo.

Fotos: Fernando Curto

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