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Kurt Vile & The Violators + Mick Turner, Sala Penélope, Madrid (24-08-2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Encontrarse un aburrido domingo de agosto con un concierto como el de Kurt Vile es toda una alegría para los que pasamos este mes en la capital. La lástima es que muy pocos se quedan en estas fechas en Madrid y, los pocos que se quedan, no están muy por la labor de meterse en una sala-horno para ver un concierto de rock. Aun así, y pese al cambio a una sala más pequeña, Kurt Vile tuvo una buena entrada en su cita madrileña: unas trescientas personas se acercaron a la Sala Penélope para comprobar el buen hacer encima de un escenario del de Filadelfia.

El encargado de abrir la velada fue Mick Turner, que venía a presentar “Don’t Tell The Driver”, su último trabajo en solitario. Turner es uno de los músicos más activos de las antípodas, y su carrera abarca formaciones como The Moodists o Dirty Three, además de ser un pintor reconocido en su tierra (se suele encargar del artwork de los discos de sus bandas). En su carrera en solitario presenta su faceta más experimental, muy cercana al post-rock por sus largos paisajes sonoros. Encima del escenario se hace acompañar de un batería que le da la contrapartida a sus tormentas eléctricas y a sus densos toques instrumentales, convirtiendo así los temas de este trabajo en potentes artefactos sonoros. Son canciones que no sabes ni cuando empiezan, ni cuando acaban, pero que logran captar la atención del público, que en Madrid le despidió con una más que merecida ovación.

Al igual que sus viejos compañeros de The War On Drugs, Kurt Vile tiene un problema cuando se sube encima de un escenario. La producción de sus discos tiene una gran cantidad de matices; capas y capas de sonidos que no pueden llevar al directo. Esto hace que sus canciones se vean un poco deslucidas, y que el propio Kurt Vile casi prefiera tocarlas a pelo, él solo con su acústica, que meterse en un fregado del que puede salir mal parado. Aun así, sus conciertos tienen momentos muy destacables, y es que, al fin y al cabo, las canciones buenas están ahí.

Wakin On Pretty Daze’ fue la encargada de abrir el concierto. Sus más de nueve minutos se hicieron un poco largos, precisamente por esa falta de matices que comentaba antes. El sonido de la sala tampoco ayudó mucho (estaban más preocupados de intoxicarnos cada tres minutos con el humo olor a fresa quemada). Tras ella tuvimos la primera prueba de que con la eléctrica las cosas funcionan mejor. ‘Puppet To The Man’ sonó sucia y rockera, y dejó mejor impresión que el primer tema de la noche. Algo que también pudimos comprobar un rato después con ‘KV Crimes’, ese tema de rock perezoso y áspero de su último trabajo.

Sin duda alguna, la parte central del concierto no fue lo mejor que hemos visto de este hombre encima de un escenario. La interpretación con tan solo su guitarra y su voz de la muy larga ‘Too Hard’ y de ‘He’s Alright’, un bonus track de su tercer trabajo, no tuvieron el efecto deseado, y buena parte del sudoroso público (el calor era insoportable) terminó aburriéndose. Lo mejoró un poco con ‘Runners Up’, donde al menos se dejó acompañar de su guitarrista. Afortunadamente, para cerrar la primera parte del concierto eligió unos temas más adecuados, y nos encontramos con una ‘Jesus Fever’ capaz de hacer revivir a los muertos, una contundente versión de ‘On Tour’, y la suciedad de ‘Hunchback’. Además, en estos cortes mejoraron bastante el sonido.

Para el bis volvió a tirar de la acústica, solo que esta vez eligió mejor los temas y nos obsequió con un medley de ‘Dead Alive’ y ‘Baby’s Arms’ que sí que funciono. Pero había que acabar con contundencia, y tras decir que este era el último concierto de la gira (parece que no se acordaba de que al día siguiente tocaba en Barcelona), la banda al completo atacó su estupenda versión del ‘Downbound Train’ de Bruce Springsteen.

Fue un concierto un tanto irregular en el que no llegó a deslumbrar del todo, pero sí entregó algunas muestras de su talento.

Fotos: Adolfo Añino

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