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Kurt Vile, Teatro Barceló, Madrid (23-10-2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

No es un secreto que el último trabajo de Kurt Vile es un tanto irregular y excesivamente largo. Al igual que no es un secreto que el artista de Filadelfia lleva años muy relajado en su zona de confort y no hay quién le saque de ahí. Por eso, asistir a un concierto suyo en 2018, puede ser una autentica lotería en la que, puede que te encuentres con un buen concierto, o con uno irregular en el que hay momentos que te llevan al tedio. La noche de Madrid fue de las segundas y, aunque hubo factores externos que propiciaron esto, el propio Vile también tuvo la culpa.

Por desgracia, en Madrid, ya nos hemos acostumbrado a este tipo de salas con una pista en la que apenas cabe la mitad del aforo, y unos laterales en los que, si no llegas excesivamente pronto, no se ve nada. Y no es que uno sea de baja estatura, que un servidor pasa del metro ochenta. Si a esto, le añades una aspirante a directora que graba gran parte del concierto con su móvil (sí, chica del pelo corto rubio, estoy hablando de ti), dos chicas que se pasan toda la velada comentando su jornada laboral (menos mal que a la hora se cansaron y se fueron), y a los camareros jugando a los bolos con los tercios de cerveza mientras Vile cantaba sus canciones más íntimas, resulta muy complicado meterse dentro del concierto del norteamericano. Pero, como he dicho antes, él también tuvo la culpa, y no porque no estuviera simpático, dijo que nos amaba unas cuantas veces y se le pudo ver alguna sonrisa bajo su larga melena, sino porque eligió un setlist excesivamente lineal, incluso para él, en el que apenas hubo sobresaltos y sí mucha languidez.

Bottle It In” cuenta con varios temas notables que sí consiguen sacarte de la nebulosa que invade el último largo de Vile. Uno de ello es ‘Loading Zones’, esa canción en la que reivindica más plazas de aparcamiento gratis, que, junto a la estupenda ‘KV Crimes’, la cruda ‘Check Baby’, y un pequeño arrebato de distorsión en ‘Skinny Mini’, fueron los momentos con más fuerza de la noche. El resto del concierto se lo dejo para su faceta más lánguida y perezosa, con la que, vamos a decirlo, termina resultado algo repetitivo y aburrido. No digo que no tenga grandes canciones dentro de esa faceta, ahí está ‘Wakin On A Pretty Day’, que fue uno de los momentos más celebrados de la noche. O esa ‘Pretty Pimpin’ tan árida que cayó casi al final. Pero claro, si entre medias tocas temas menores de tu carrera, como es el caso de ‘Wheelhouse’, ‘Wild Imagination’ o ‘Cold Was The Wind’, terminas llevando al personal a la indiferencia absoluta. Sobre todo, porque teniendo temas en tu último trabajo que suenan tan bien como ‘Yeah Bones’ o ‘One Trick Ponies’, que incluso ha sido single, nadie entiende que los dejes aparcados y te decantes por otros mucho más esquivos. Incluso se dejó fuera ‘Jesus Fever’, uno de sus mayores éxitos que sí ha tocado en otras fechas de esta gira. Así, casi los mejores momentos vinieron cuando se quedó solo con su guitarra, como en ‘Peeping Tomboy’, con la que tras hora y media cerró el concierto. Y es que, al César lo que es del César, y hay que reconocer que con su instrumento hace verdaderas virguerías y saca un sonido espectacular. Otra cosa es que, tras un buen rato de lo mismo, termine resultando cansino. Desde luego, no fue su noche.

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