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The Kooks + El Último Vecino, Razzmatazz, Barcelona (1-05-2014)

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Cuando aparecieron en escena en 2006, pocos eran los que daban algo más que un duro por la longevidad del cuarteto de Brighton. No tenían la mística de los Libertines, ni el desparpajo britpop de Kaiser Chiefs, ni el nervio post punk de Bloc Party, ni mucho menos el potencial de convertirse en fenómeno global que se explica solo por sí mismo que poseían y aún poseen Franz Ferdinand o Arctic Monkeys. Dentro de la camada de bandas británicas indies que aparecieron a mediados de la pasada década como respuesta a la apuesta de rock grasiento que unos años antes habían universalizado The Strokes, los de Luke Pritchard parecían destinados a un discreto segundo plano, con un puñado de fans fieles pero sin ni siquiera el apoyo de la crítica, algo que consoló las carreras de otros insignes segundones, como, por ejemplo, The Futureheads.

Llegar a 2014 con la capacidad de llenar la sala Razzmatazz de un público capaz de corear todas las canciones interpretadas (incluso algunas de las de su cuarto disco, Listen, que se publicará en septiembre) no parecía entrar en los planes ni de los más optimistas. Los de Pritchard arrancaron el concierto con Oh laa y See the world, dos de sus más antiguos éxitos. En aquel momento daba la sensación de que estaban quemando balas, que la noche se les podía hacer muy larga. Pero lo cierto es que todo lo que vino después fue indicativo de que The Kooks son mucho más de lo que suponíamos. Con un Pitchard que, pese a ciertos problemas técnicos, dominó el escenario con gracejo, gustando y gustándose, y una banda que incluía al nuevo baterista, Alexis Núñez, que cumplió con inusitada profesionalidad para lo que nos tienen acostumbrados algunas bandas de estas características, The Kooks fueron desgranando temas de sus tres discos editados, despertando el delirio entre un personal entregadísimo desde el minuto uno. She moves in her own way, Seaside, Eddie’s Gun, Junk of my heart…. Todas fueron cayendo y levantando el ánimo de una armada de seguidores que, lejos de decrecer a medida que el sonido pop clásico que proponen The Kooks ha ido dejando de estar de moda para convertirse en un estilo que transita por debajo de los pies de los editores de las revistas de tendencias, sigue sintiendo que esta música está muy viva.

Pero si la interpretación de su catálogo fue una celebración nostálgica de una forma de entender el pop de guitarras en la era de las máquinas, los temas nuevos dieron bastante susto. Ya conocíamos Down y ya sabíamos que no era nada del otro mundo. El resto de lo que presentaron se movió por similares derroteros, sonando a mezcla de Lenny Kravitz aún más despistado de lo normal, a banda de tributo a Prince que por cuatro copas puedes alquilar para que actúe en tu boda y a los Rolling Stones de Undercover of the night, el disco que les hizo, a la vez, descubrir y olvidar los 80.

Antes que The Kooks saltaron al escenario El Último Vecino, una de las bandas que más ruido está haciendo en la escena underground barcelonesa. Estrujando a Orange Juice o The Cure y sacando de ello un elixir que comparte parte de su sabor con The Drums, la banda de Gerard se comió el escenario y nos recordó que hubo una vez un grupo llamado El Último de la Fila que hizo grandes cosas que muchos han olvidado. Ellos no. No sabemos su futuro porque no somos adivinos, ni vamos a apostar por el éxito que les llegará porque no somos ludópatas, pero lo cierto es que, no importa donde vayan mañana El último Vecino, donde están hoy ya es mucho.

 Fotos: Xou Lee Ta

 

 

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