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Jonathan Richman + Siro Bercetche, Casa América, Madrid (24-10-2010)

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Jonathan Richman
es una de las personas más entrañables y divertidas del universo musical. Hilarantemente divertido, eternamente entregado. Parece que tiene una causa con la empatía. Quiere entretener pero sobre todo quiere gustar. No es sólo un showman. No es sólo un payaso. No, no se equivoquen, él es un seductor.


A sus 59 años se ha convertido en toda una figura de culto. Y bendita sea la fama, porque si no la tuviera (y si no la hubieran cosechado tampoco The Modern Lovers) sólo sería un colgao, el típico colega que dudarías hasta el último minuto sobre si sería apropiado llevártelo a una cena con desconocidos.

Jonathan tiene un cancionero maravilloso. En inglés su dicción nerviosa y adictiva se desplaza sobre las sílabas con un ritmo desenfadado y efectivo. Sin embargo, como todo trovador, sólo quiere comunicar y para ello se sirve de sus conocimientos de otras lenguas (español, francés e italiano). Su cancionero en castellano, mucho menos rico desde el punto de vista cualitativo pero más efectista para el público, ha aumentado de manera considerable en los últimos años. Su último álbum “ ¿A Qué Venimos Sino A Caer?” , ha sido editado por Munster Records, y está lleno de píldoras surrealistas como Vampiresa Mujer (versión al castellano de “ Vampire girl” ).

Las canciones de Jonathan están vivas. Tal y como él mismo explica “ los temas van cambiando de estructura cada vez al grabarlas… Igual que después de grabar también, todas las canciones cambiando a cada rato: un estribillo añadido por aquí, un verso eliminado u olvidado por allá y todo eso” . De hecho, el baterista que le acompañaba (Tommy Larkins) sufrió de lo lindo para seguir los caprichos imprevisibles del americano. Ahora con guitarra, ahora a capella, ahora con cencerro, ahora bailoteo. Un torrente de energía y buen humor.

El de Boston estuvo especialmente inspirado en “ When we refuse to suffer” , “ If you want to leave our party just go” , “ My baby love love loves me” y “ Es como el pan”. Pero todo el show fue una fiesta que abandonó agotado.

Había que buscar muy bien para encontrar un telonero que cuadrase con el descaro de Jonathan Richman y la elección fue más que acertada: otro tipo inclasificable, Siro Bercetche. Su espectáculo fue de más a menos, fundamentalmente por culpa de la voz que no supo imponerse. Canciones repletas de sentido del humor, letras que tienen pretensión irónica aunque a veces se queden en el chiste fácil (en ocasiones tienen reminiscencias a las de Un pingüino en mi ascensor o a los Flight of the Conchords) combinadas con otras que giran hacia los movimiento antiglobalizadores (“ Quiero ver el mundo terminado en la página de google maps” ). Pero lo más interesante fueron los desarrollos instrumentales apoyados en una insistente batería y en unas guitarras con pedal de loop.

Fotos: Amélie de Prunelé


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