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John Grant, Joy Eslava, Madrid (27-11-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

La última vez que vimos a John Grant en Madrid, fue el pasado mes de septiembre, en el festival DCODE. Allí, bajo un sol cegador y ante un público que no era el suyo, nos deleitó con 50 minutos de buenas canciones que nos supieron a poco. Para los que nos quedamos con ganas de más, el jueves pasado tuvimos la oportunidad de disfrutar de una noche para el recuerdo.

Poco tiene que ver un concierto en sala con uno en festival. Además, la noche gélida del otro día en Madrid distaba mucho de aquella tarde calurosa de septiembre. Pero ya dentro de la sala, el de Denver supo cómo hacer que entráramos en calor.

Grant sabe que tiene un diamante en bruto en “Pale Green Ghost” (su segundo trabajo en solitario, que está quedando muy alto en las listas de lo mejor del año) y, por supuesto, basó el concierto en sus canciones. Empezó calmado, con la electrónica contenida y densa de You Don’t Have To y Vietnam, donde ya sacó a relucir su torrente de voz. Entre una y otra presentó a su banda, formada por cinco músicos –cuatro de Islandia, donde reside ahora mismo, y uno de Inglaterra–, y lo hizo en un perfecto castellano. Además, nos comentó que estaba encantando con una nueva palabra en español que había aprendido los últimos días: “quisquilloso”. Tras esto, se sentó por primera vez delante del teclado y nos hizo volver al pasado; concretamente a una preciosa Marz, uno de las mejores canciones de su “Queen Of Denmark”, del cual recuperó media docena de temas.

Una de las cosas que más sorprende de esta nueva etapa en la carrera de John Grant es su manera de cambiar radicalmente la línea de un concierto. Ayer lo hizo, y el ejemplo más claro fue cuando pasó de una delicada balada como It Doesn’t Matter, a una fiesta electrónica con Pale Green Ghots y Blackbelt (a esta última le añadió una intro con voces robóticas de lo más interesante). Pasamos del salón de casa a la pista de baile en apenas unos minutos. Y tras estos dos temas con los que todos los presentes bailamos, dijo que llegaba el momento de tocar alguna canción triste, que no todo podía ser “buen rollo”. Una broma que sirvió para que escucháramos los primeros acordes de Sigourney Weaver, y una Where The Dreams Go To Die que nos puso los pelos de punta. Y eso que al final de la canción se le estropeo el teclado Roland (según él, lo mejor que se ha inventado en la historia). Esto hizo que nos quedáramos sin escuchar el solo de teclado de GMF, la canción que vino después. Eso sí, lo simuló muy bien.

A John Grant le gusta mucho contar historias en sus conciertos; forma parte de su show. Una de las más frecuentes es la que narra antes de tocar I Hate This Town, en la que nos cuenta que puedes encontrarte con la persona que menos deseas en una ciudad grande o en una pequeña. Es algo que le pasó a él en Denver. Y gracias a ese encuentro no deseado, volvió a casa a toda velocidad repitiendo “fuck, fuck, fuck!” y escribió la canción en apenas dos minutos. También nos contó que Glacier no trata sólo de lo duro que es ser gay, sino de lo difícil que es ser un ser humano, gay o no (se llevó una merecida ovación con este comentario). Pero lo importante es que la canción la interpretó de una forma espectacular, con ese chorro de voz tan característico suyo, y dio paso al momentazo del concierto. Y es que no había mejor forma de cerrar la primera parte que con Queen Of Denmark. La intensidad que tiene esta canción y la potencia con la que entra el estribillo, donde el guitarrista tuvo su momento de protagonismo de la noche (Grant esperaba paciente y con una sonrisa a que acabara su distorsión para empezar a tocar el teclado de nuevo), son impresionantes. Fue, sin duda, la mejor forma de irse al descanso.

Para el bis echó la vista atrás y se fue a su primer trabajo. Empezó con una Chicken Bones desenfadada, en la que bailó como un rapero, pero el resto fue de lo más tranquilo. Cayeron TC & Honeybear (comentó que en un programa de radio en Israel hicieron una versión y le hizo recordar lo mucho que le gustaba tocarla) y una inmensa Caramel, la cual calificó como la única canción de amor sincera que había escrito. Pero para acabar nos tenía reservada una sorpresa, y rescató el Paint The Moon de The Czars (se lo habían pedido unas chicas del público), con la que cerró el concierto de una forma maravillosa.

Una vez más, John Grant nos hizo vivir una noche mágica.

Fotos: Adolfo Añino

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