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Joaquín Pascual, Sala El Sol, (14-01-2016)

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LA MÚSICA QUE ALLANA EL CAMINO

Podríamos decir que Joaquín Pascual es un músico fundamental para entender la evolución de la música popular de nuestro país y no nos equivocaríamos en nada. Tanto por su legado en las bandas en las que participó activamente (Surfin’ Bichos, Mercromina y Travolta) como en su trayectoria en solitario: ahora actualidad con ‘Una nueva psicodelia’ (Subterfuge, 2015), su tercer disco bajo en el que da buena cuenta de su rica paleta de matices musicales. Su canción no es un la propia de un cantautor al uso, es un compositor al estilo songwriter anglosajón. Indaga en sonidos analógicos, busca una vuelta de tuerca al lo-fi. Juega con la rugosidad, con las texturas y las melodías. Con ese cruce entre lo acústico y lo eléctrico. Y de todo eso da buena cuenta en sus directos.

La presentación oficial de ‘Una nueva psicodelia’ tuvo lugar en la sala de El Sol de Madrid, acompañado de amigos músicos entre el público y de seguidores de larga duración y nuevo cuño. Profesor de música, lleva en sus genes la música que le inculcaron su padre y su abuelo, músicos en bandas municipales. Y Pascual transcurre por esa dimensión, porque  necesita expresarse con esa gama de sonidos que refleja su rico universo musical interior.

En su presentación madrileña, le acompañaba un cuarteto ideal para dar empaque a sus canciones (Ana Galletero, al bajo y teclados; su hija Ángela Pascual a la guitarra y teclados; más dos músicos de confianza José María Castillo y Rafa Estrela). Cambiando de instrumentos entre ellos, recreando y ampliando la magia de las canciones de Pascual. Dejando espacio a esas atmósferas, a veces liberadoras, a veces acuciantes. Y dando su lugar a esas letras que captan el devenir vital. Tocó ocho de las nueve canciones de ‘Una nueva psicodelia’ con todo su esplendor analógico y electrónico. Y recuperó cuatro temas de ‘La Frontera’ (2012), el swing de “Un ritmo caliente”, la cadencia de “Hotel romántico” con el toque de los teclados en modo vientos Motown; “La perspectiva”  o el punto inicial a lo Billy Bragg de “Vivir por vivir”. Y luego desempolvó canciones de ‘El ritmo de los acontecimientos’ (Autoeditado, 2009; El Genio Equivocado, 2010), que siguen teniendo ese aire a nueva brisa y a bocetos que van más allá del ensayo, que son obras en sí. La rudeza lo-fi y la ironía de “Todos los días tengo un accidente” con esos versos “no sé qué va a ser de mí / si pasa un día sin estrellarme y entonces poder recuperarme”, en la misma línea rugosa de “Sólo te pedí un cigarro” o la franqueza ‘folkie’ de “Nos miramos a los ojos”, un alegato a la mirada profunda y sincera, esa mirada que desvela identidades. Se quedó en el tintero el bis de “Evolution”, su hit con Mercromina.

Todo bien enlazado, bien servido y con el peso que tienen sus canciones, esas bellas estampas vitales que hablan de la decadencia, del devenir, de la vejez y la muerte, de la naturaleza, entre muchas otras temáticas. Reflexiones del paso del tiempo, con esa mirada ontológica. Y ese sentir tan palpable. Una pena que no llenara, porque está es la música que nos salva de las miserias, esas tonadillas que hacen que la vida duela menos. Sólo por eso Joaquín Pascual ya merece que le digamos: ¡Olé maestro!

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Fotos: Alejandro del Estal

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