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Joan Miquel Oliver, Teatro del Arte, Madrid (23-10-2015)

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El mallorquín Joan Miquel Oliver clama a otros mundos, a una visión amable de los extraterrestres, a la magia de la naturaleza balear, a la riqueza y variedad de sonidos del pop, a temas populares (que si un reloj, que si un Lego, que si un piso compartido, que si los surfistas, que si las pirámides) y se baña en esas imágenes con soltura, logrando un resultado sustantivo y muy original.

En directo sus presentaciones en directo ganan en riqueza, en matices, en improvisación y en solos y arrebatos. Hace que su música se palpe, que sea orgánica. Y eso reducido a un formato de trío (Jaume Manresa, alguien cercano, el que fuera teclista de sus Antònia Font; y Xarli Oliver, batería de la escena de Vic) que resulta impecable, magnífico y más que suficiente. El trío arropado por el técnico de sonido Toni Pastor que saca a relucir lo mejor.

Arrancó con temas de su último disco, ‘Pegasus’ (Sony, 2015), inició su concierto con esa preciosidad que es “Marès a radial” (homenaje al marés, esa piedra porosa tan propia de Mallorca), siguiendo el orden del disco con “Pegasus” y “Orthopedic Ragtime”.  Salió con un kimono negro y es que su música tiene algo de arte marcial: de defensa ante el absurdo de la vida, de pura libertad, de juego… El folk luminoso de “Teuleres Tancades”. Antes de atacar “Ecos d’Ambulàncies” confesó al público que le gusta hablar de extraterrestres, que seguro que son majos y que se sorprenden de cómo vivimos, porque ellos hacen lo que quieren. El brío de “Flors de Cactus” o el ritmo pseudo reaggeton con inspiración mediterránea de “Món Vegetal”. Oliver reconoció que se siente un extraño delante del público, ser mirado y que le miren, pero se desenvuelve a la perfección en vivo, aderezada con esas dosis de surrealismo y de una manera libre de pensar, sentir y expresar.

Luego recuperó sus discos anteriores. El magnífico ‘Bombon Mallorquín’ (Blau / Discmedi, 2006) y el prometedor debut ‘Surfiste en càmera lenta’ (Blau / Discmedi, 2005). “Dins un avió de paper” sonó gloriosa, con ese ritmo sincopado, y esa guitarra flotante, el sencillo “Final Feliç” donde mencionó que el realizador Toni Lara que no había captado en el videoclip el mmmm entre los lalalás, la magia de “Somiers”, la calma del “Marcianet de Mart”, preciosismo final incluido o el sencillo trepidante “Hansel i Gretel”.

Hubo momentos estelares como “Mil billions de estrelletes” en una noche de luna creciente, maravillosa, tierna y etérea. Que podrían vicularle con un Pascal Comelade o incluso con el Sufjan Stevens de ‘Carrie & Lowell’. O ese “Ryanair” tan sutil, tan triste y tan bonita.

Oliver es un regenerador de la canción en catalán, no es extraño que haya colaborado con dos de los grandes ‘boletaires’ (de los que van a buscar setas, en sentido figurado), y ‘galàctics’, como Jaume Sisa (Oliver produjo su disco ‘Ni cap ni peus’ (2008) y Albert Pla, (con quién grabó ‘Concert a Paris’). Dedicó “Molí de Vent” a su primo Carlos, presente en la sala, recordando las batallas de verano con sus primos en Sóller, en casas de sus abuelos.

En los bises nos sorprendió con la solemnidad de “Polo de Llimona”, el tica tac de “Rellotge” con cajas de percusión, “Pallasso” y ese punto casi de pedal steel guitar final. O con su vertiente ‘noise’ en “Lego” con una acústica que se había comprado para acústicos en la radio y a la que había puesto un micro y que daba mucha caña. El Teatro del Arte fue el lugar ideal para dejar que ese mundo de sueños, de galaxias, de naturalezas posibles, nos hechizara y nos conquistara. Que bonic! Au idó!

Foto: Lolasartphoto

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