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Jeremy Jay, Moby Dick, Madrid (25-02-2009)


Con un nuevo disco bajo el brazo –"Slow Dance", que está a punto de salir a la venta– se presentaba Jeremy Jay por primera vez en la capital. Viendo el casi lleno de la sala Moby Dick, parecía evidente que había una gran expectación por ver al que puede ser el nuevo niño mimado del  indie-pop.


Abrieron los madrileños Underwater Tea Party, en un formato reducido a trío con guitarra, teclados y pandereta, y de esa guisa nos presentaron canciones de sus dos discos para el primero en Junk Records y el segundo recién editado en Green Ufos, también tocaron alguna versión como el "New York, New York" de Ryan Adams.


A las 22:30 subían Jeremy y su banda al escenario para teletransportarnos a la mejor época de la new wave, tanto estética (el look de su teclista, guitarrista y bajista, era digno de una serie de los setenta), como musicalmente. Durante una hora, fueron cayendo temas del EP "Airwalker" –"We Stay Here (In Our Secret World)" y la propia "Airwalker"–, de su primer álbum –"Heavenly Creatures", "Beautiful Rebel" o "Escape To Aspen"– y, por supuesto, del álbum que venía a presentar –"We Were There" (uno de los temas del año), "Breaking The Ice", "Gallop" o "In this Lonely Town"–.


Todas las canciones estaban pasadas por el filtro de la new wave más setentera (y con algún teclado muy new romantic), dejando de lado, casi por completo, su faceta de cantautor rocker de los cincuenta, lo que hizo que el concierto fuese bastante más ameno de lo que algunos esperábamos. Además, Jeremy no paro de bailar, de dar palmas y de moverse por el escenario. Fue una lástima que la rotura de una cuerda de la guitarra a mitad del show (no entiendo cómo no llevan de repuesto) bajara el ritmo del concierto, que, curiosamente, se volvió a recuperar en el primer bis con el single "AlphaRhythm". Acabó con un segundo bis, en el que tocó la canción que da nombre a su segundo álbum y que es, sin duda, una de las más flojas.


En definitiva, fue un buen concierto para echarse unos bailes, y no precisamente lentos.


Fotos: Adolfo Añino


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