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James Vincent McMorrow, Teatro Nuevo Apolo, Madrid (17-02-2015)

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El concierto empezó antes de lo que estaba anunciado, así que muchos vimos y oímos a Rhob Cunningham mientras intentábamos encontrar a oscuras nuestros respectivos asientos (curiosamente los acomodadores del teatro parecían haber desaparecido).

Y así, entre gente intentando utilizar los móviles a modo de linterna y pequeñas conversaciones para averiguar en qué fila estaba uno, discurrió el concierto del irlandés. Es cierto que no es la mejor manera de conocer a un artista del que la inmensa mayoría no habíamos oído hablar antes de enterarnos de que sería el telonero de James Vincent McMorrow esa noche, pero me dio la impresión de que fueron su simpatía y su absoluta falta de pretensiones las que se ganaron los aplausos del público más que sus canciones. Canciones de aire folkie que quizás en estudio y arropadas con arreglos y producción tengan más que decir, pero que allí interpretadas solo con la guitarra acústica, y con una voz sin excesiva personalidad, se quedaron en muy poca cosa (las comparaciones de algunos con su compatriota Damien Rice se me antojan tan fáciles como injustificadas).

Un escenario completamente vacío, excepto por algunos instrumentos colocados formando un pequeño círculo, hacía prever que el otro irlandés (el autentico protagonista de la noche) vendría solo, sin grupo de acompañamiento. Apareció entre los vítores de un público que le mostró su afecto sin necesidad de tocar una sola canción, pero tocó algunas. Primero unos temas con la guitarra acústica, uno tras otro, sin mediar palabra con el público. Luego cambió de tercio y se sentó al piano eléctrico para tocar “A Song For You” de Leon Russell (la primera versión de la noche, luego sonaría “Higer Love” de Steve Winwood, también al piano). Y del piano a la guitarra eléctrica, donde a ratos recordó mucho al desaparecido Jeff Buckley (ese ya característico falsete, y cierto manierismo vocal se hicieron muy patentes en los temas menos acústicos) . Y así, cambiando de instrumento a cada pocas canciones, McMorrow fue desgranando un repertorio centrado en su segundo disco “Post Tropical” y también recuperando temas del primero. Por supuesto no faltó “Glacier“, esa canción que lo ha catapultado hacía un inesperado estrellato en nuestro país tras ser incluida como fondo musical de un conocido anuncio navideño.

Tras la aparente timidez del principio McMorrow se mostró hablador, bromeó, dio las gracias por la gran acogida que tenían todas y cada una de las canciones que iba interpretando, y sobre todo dio una lección de modestia y saber estar. Afortunadamente la inmensa mayoría del público que abarrotaba el teatro supo estar a la altura de las circunstancias, manteniendo el absoluto silencio que este tipo de música requiere para poder ser disfrutada (no siempre es así, esta vez hubo suerte).

Terminó con “And If My Heart Should Somehow Stop“, cantando y tocando la guitarra acústica sin micro alguno y recibiendo la última ovación de la noche.
A veces la emotividad de la música está tanto o más en el que escucha que en lo escuchado, y puede que yo estuviera “in the mood” , o puede que simplemente James Vincent se las apañara muy bien él solo para que sus canciones sonaran grandes, muy grandes.

Foto: Jackster (Solo-Rock)

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