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Imperdibles San Miguel: Explosions in the Sky, Barcelona y Madrid

Autor: | @indienauta

explosionsmadrid

El de post – rock, desde su primer cuño, siempre fue un concepto considerablemente ambiguo; y como todas las etiquetas, cada vez más carente de significado. Pero el pasado 6 de noviembre tomó un cariz humorístico si se aplicaba para analizar la peculiar amalgama del público que esperaba, paciente, a la apertura de puertas del Casino L’Aliança de Poble Nou, que acogía una nueva propuesta del ciclo Imperdibles San Miguel del Primavera Sound. Jamás un grupo generó similar consenso entre la parroquia moderna, tan amante de lo post – todo, y a los rockeros de corazón: gafapastas y camisetas con logos heavies, mano a mano y en harmonía para ver  Explosions In The Sky. La noche prometía sorpresas incluso sin haber empezado.  


A sus compatriotas The Drift les tocó el desagradecido rol de calentar el ambiente a la espera de los cabezas de cartel; pero con una propuesta bastante lineal, y por lo peculiar del formato auditorio, no lo tuvieron nada fácil. Guitarrazos y líneas de bajo gruesas, melodías parsimoniosas in crescendo y una batería tosca (en el buen sentido de la palabra, si es que tal cosa existe) definieron una actuación breve donde los californianos tuvieron muy poco margen para desgranar los temas de su recentísimo disco, Blue Hour. Durante todo este mes de noviembre el ensemble está teloneando a los Explosions en su gira europea, y se nota que son conscientes de su papel secundario en esta obra: quizá demasiado.

Entre acto y acto transcurrió muy poco tiempo: y el Casino l’Aliança atronó, como seguiría haciéndolo durante hora y media, con la entrada de los actores protagonistas. En esta primera ocasión, con aplausos que abrieron paso al vendaval desatado con The Only Moment We Were Alone. Este es un corte clásico en el repertorio de la formación, que también escogió sus punteos de guitarra y aires de marcha militar para abrir el maravilloso concierto que ofrecieron en el pasado Primavera Sound (y que sin duda, fue el motivo que muchos, especialmente los del sector cool, estuvieran ese día abarrotando L’Aliança). De hecho, el repertorio varió muy poco respecto al de su anterior aparición en Barcelona: simplemente, se amplió en tres canciones que, habida cuenta de la duración que se estila en el grupo, bien sumaron una media hora más en escena.

A partir de ese momento el escenario fue presa de bestias: los movimientos cadenciosos en ocasiones, brutales en otras, sumieron al público en un magma sonoro. La rítmica Catastrophe and the cure fue otra de las canciones recuperadas de su actuación en el Fórum, y que se empalmó (en la línea habitual del grupo) con Postcard from 1952, quizá el corte más delicado de su nuevo trabajo Take Care, Take Care, Take Care.

Ése fue el vaivén del concierto: flor y huracán alternados, unidos como siameses, sin posibilidad de discernir cuál de los dos es más bello o emocionante. Así, Greet Death dibujó con luces rojas y sombrías siluetas un infierno terrenal, solamente para dar paso a los detalles de Be Comfortable, Creature, trazados con los músicos sentados en el suelo, casi como niños absortos en un juego incomprensible para el resto del mundo. Y de allí a la potencia de otra habitual del repertorio, la de épica abertura The Birth And Death Of The Day, una de las piezas más brillantes de su anterior disco.

Y sólo con las primeras notas, ovación para Your Hand In Mine: quizá, su canción más redonda y lacerante para quien firma esto, y que habían escatimado en el Primavera Sound. Tan poderosa como melancólica, en este frío noviembre sonó como un recuerdo conocido a pesar de no haberla disfrutado nunca en directo; y juraría, si hubiera tenido los ojos abiertos, que en más de los de uno había lágrimas. Un tema, ocho minutos, que podrían justificar un concierto entero.   

Por si el nivel emocional no estuviera ya suficientemente alto, optaron los de Tejas por los extraños y discordantes coros sampleados de Let Me Back In; canción ésta que había cerrado anteriormente sus conciertos. Balanceos en el escenario y entre el público, que aguantó estoicamente las ganas de levantarse hasta que llegó el sorprendente cierre con The Moon Is Down, recuperada de su segundo disco Those Who Tell the Truth Shall Die, Those Who Tell the Truth Shall Live Forever. Diez minutos. Diez minutos de lentísima progresión, de destellos dorados en el escenario hasta que el primer espontáneo se atrevió a levantarse, acercarse al escenario y hacerles saber que estábamos ahí, con ellos, aunque apenas se nos viera. Y con ella se fueron, sin bises, sin apenas despedirse, cuando el Casino todavía reverberaba y nosotros con él.

“Somos Explosiones en el sielo desde Tejas, gracias por su tiempo y amor”. Así presentó a la formación el guitarra Munaf Rayani al iniciar el concierto, en uno de los pocos momentos en los cuales se dirigieron al público. Y una vez desaparecidos esos fuegos artificiales cegadores, sólo nos quedaba agradecerles a ellos, de manera íntima y sin altavoces de por medio, el habernos ofrecido esa magistral lección en 90 minutos de cómo el ruido puede mutar en pura belleza.

Marta Pallarès

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Madrid

Si El Corte Inglés tiene la Semana de Oro, Primavera Sound nos ha traído la Semana del Post-Rock. El 26 de octubre fueron los abanderados europeos, Mogwai, los que electrificaron la sala San Miguel de Vistalegre en Madrid, y el pasado viernes le tocó a los tejanos Explosions in the Sky recoger el testigo y propulsarlo aún más hacia la estratosfera. Pocos grupos hacen tanto honor a su nombre como Explosions in the Sky. Las trabajadas y melancólicas guitarras de Mark Smith, Michael James y Munaf Rayani se engarzan en las marciales bases rítmicas de Chris Hrasky provocando que cada poro de sentimiento estalle. Tener la suerte de presenciar en vivo las atmósferas sonoras de este cuarteto tejano es casi una experiencia litúrgica. La ausencia de letras favorece que los largos desarrollos introduzcan al oyente en un trance y jueguen con su psique. Con doble mérito porque la puesta en escena no tiene trampa ni cartón: sin proyecciones y con un juego de luces espartano, Smith trabaja hierático a la izquierda, James se convulsiona en el centro del escenario entre gotas de sudor y Rayani se mece en un vaivén chamánico a la derecha. Sin alardes de ‘Guitar Hero’. Eso, cuando no están tocando introvertidamente en cuclillas. Ni se miran, pero funcionan como un metrónomo. Todo encaja donde debe. Sin fuegos artificiales pero detonando emociones. Y en ello siguen, doce años y cinco álbumes después de que decidieran lanzarse al ruedo en Austin (Texas), la Meca sureña de la música independiente estadounidense. Esta vez la excusa para pisar suelo madrileño fue la presentación de su nuevo trabajo, ‘Take care, Take Care, Take Care…’, que ya dejaron atisbar en el pasado Primavera Sound y del que, pese a ser superior a su predecesor ( ‘All of a Sudden, I Miss Everyone’, 2007), sólo tocaron tres temas. Pero no me adelanto. Vayamos al inicio. A las 21.45 horas entró Rayani en la remozada sala San Miguel para tomar la palabra en español (con acento bastante potable, sea dicho) y presentarse con un entrañable: “Somos Explosiones en el Cielo". Con su sempiterna bandera estrellada de Texas de fondo, arrancaron directamente con un himno. Los cuatro golpes secos de batería de Hrasky desataron los diez minutos de vendaval de ‘The Only Moment we were Alone’. Sin tiempo para el respiro, inundó la escena el pregrabado fantasmagórico que anticipa ‘Last Know Surroundings’, la obertura de su último trabajo, con un punteo de Michael James muy inspirado y Mark Smith sacándole partido a su ebow. Una ligeramente diferente 'A Catastrophe and The Cure' dejó espacio para 'Postcard from 1952', que salió de la casilla de inicio en un ritmo lentísimo, pero se rasgó la mordaza con dos últimos minutos antológicos que son de lo mejor de su último trabajo. El ecuador estaba reservado para ‘Greet Death’, la obra maestra del 'Those Who tell the Truth Shall Die, Those Who tell the truth Shall Live Forever'. El parón minimalista, desnudo, a mitad de la composición, fue hipnótico. Lo podría haber firmado David Copperfield. El público, absorto, respondió con feroces ‘shhhhhh’ a cualquier murmullo. Alucinante.   ‘Yasmin The Light’ ejerció de transbordo hacia el tramo final, donde esperaban dos estaciones muy conocidas, ‘The Birth and Death of the Day’ y sobre todo su gran emblema, ‘Your Hand in Mine’. Fue oir palpitar las primeras notas y la San Miguel estalló en un grito impulsivo. Catártico. Nunca alcanzaré a entender por qué el grupo no finiquita con esta canción sus conciertos. Alcanzado el Everest, cualquier otra pieza de su despampanante repertorio parece un paseo por La Pedriza. Fue el caso de la notable ‘Let me back in’, el punto final de ‘Take care, Take care, Take Care…’ y la canción que eligieron para decir adiós. En sentido literal. Rayani se acercó al micrófono para excusarse, está vez en inglés: “Ha sido un concierto excitante pero estamos muy cansados…”. Una sonora pitada le hizo amagar con un hispánico ‘¡Tranquilos!’, pero no había más: “Lo siento, nos veremos otro día, tíos”. Es de justicia admitir que su costumbre de no plegarse a los bises le da coherencia a su propuesta. Y una vez superada la frustración, te queda un regustillo celestial. Un amigo me dijo ayer con su puntito de mala baba que los que preferimos ir a ver a Explosions in the Sky en vez de a Fountains of Wayne merecíamos la cárcel. Pues que me condenen a 20 años y un día…   Carlos Forjanes   Foto: feiticeira.org    

 

 
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