Publicidad

Hercules and Love Affair, Sala Joy Eslava, Madrid (17/2/2011)

herculeslivemadrid

Como previo al fin de semana más arty de la capital, se dieron cita en la sala Joy Eslava futuros asistentes y galeristas de cualquiera de los tres eventos principales que comparten objetivo común esta semana: la demostración del mejor arte contemporáneo a nivel nacional e internacional. La sala madrileña se adelantó ofreciendo una obra de arte en formato de performance musical: el concierto de Hercules & Love Affair. Un colectivo que dio la campanada en 2008 con la publicación de su primer y homónimo disco. A todo el mundo le pilló por sorpresa esta reivindicación tan desprejuiciada de la música disco, aunándola con el impopular –por entonces- deep house y con las personalísimas voces de Kim Ann Foxman y, sobre todo, Antony Hegarty. Un experimento que salió fenomenal. Pero que hay que saber mantener.


El escepticismo ante el funcionamiento del colectivo sin Antony era general. Muchos queríamos comprobar cómo se sacan las castañas del fuego defendiendo un segundo disco sensiblemente inferior a su maravilloso debut, desprovistos además de uno de los factores fundamentales de su éxito. El resultado, sin estallar cohetes, fue bastante positivo.

A las 21.15 se presentaba en escena la nueva formación: productor y dj en un segundo plano y Kimm Ann en el centro, arropada por dos enormes machos ataviados como Glitter boxer uno y como Nairobi Disco Queen otro. Todo muy transgénero. Muy Candy. Muy 2011. De momento vamos bien.

Comienza a sonar Falling, una de las mejores canciones de su último disco, Blue Songs. Lo primero que se advierte es la evidente dificultad que supone trasladar la cuidadosa producción y la variedad instrumental al directo. Este aparente déficit se compensa sin embargo con las potentes voces soul y con la maestría de Andy Butler para sustituir los efectos orquestales por otros más adaptados al baile inmediato.  Esta tónica general se mantiene a lo largo de todo el concierto. Un concierto más que correcto que intercala casi todo el tracklist de Blue Songs con los hits de su primer disco. Algún que otro fallo en el sonido y la propia acústica de la sala –que no es de las mejores de Madrid- impiden que canciones como Athene o Step up se escuchen como se merecen; pero el buen hacer de sus integrantes, un esfuerzo palpable por hacer bailar al público y los breves mensajes en castellano que lanzan casi todos los miembros del grupo entre canción y canción consiguen que la sala empatice con ellos y, por extensión, con su música. Siendo conscientes de la dificultad del público para entregarse completamente a su directo, se guardan su as para el final del espectáculo: My house, I can’t wait, Blind, y You belong. Cuatro de sus mejores temas interpretados de forma casi ininterrumpida, alargando además estas dos últimas como generosa respuesta al griterío de los asistentes, que en general, y sin pasar por alto los -pocos- errores que encontramos en el evento, quedamos más que satisfechos con el grupo neoyorquino.


Fotos: Martes Garcés

[flickr set=72157625974840669]




To Top