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Graham Parker, Sala Arena, Madrid (05-09-2014)

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Graham Parker es como esos corredores de fondo que siempre quedan segundos pero no pierden la sonrisa, y se preparan para la siguiente carrera. Ya no corren para ganar sino por el mero placer de hacerlo (de poder seguir haciéndolo).

Y para eso vino a Madrid el pasado día 5, para “no promocionar ningún disco”, como el mismo nos aclaró tras haber tenido algún malentendido con periodistas con las ideas poco claras. Vino a tocar, porque sí, ¿por qué no? Y así pareció entenderlo el público que lleno la sala Arena y que recibió con entusiasmo cada canción que Parker rescató de su amplio repertorio. Un repertorio que se mueve entre el pub rock británico y la New Wave que coetáneos suyos como Elvis Costello cultivaron con más éxito y reconocimiento.

No fue un concierto de”grandes éxitos” (aunque no faltaron temas como “Hold Back The Night” o “Stick To Me”), más bien fueron sonando temas que al señor Parker le apetecía tocar (eso sí, previamente apuntados en una “chuleta” que consultaba a menudo, que ya tenemos una edad), e incluso un tema nuevo (“Flyin Into London“), que anunció como parte de un disco que “aún no existía”. Para la ocasión Graham estuvo acompañado de su inseparable guitarrista Brinsley Schwarz, compañero de batallas desde los primeros tiempos de The Rumour y que también ha tocado en la mayoría de los discos en solitario de Parker. La pareja se repartió perfectamente los papeles, Schwarz siempre en un discreto segundo plano, y Parker ejerciendo de maestro de ceremonias, bromeando con el público y presentando brevemente cada canción: “Esta seguro que la vais a cantar”, “¿Os acordáis de este disco? Sé que os gusta”.

Schwarz no se separó de su Telecaster mientras Parker se turnaba la guitarra acústica y la eléctrica (y a ratos la harmónica). Fueron desgranando el setlist elegido no solo con las tablas que se les supone a dos músicos veteranos como ellos,  sino también con ese punto de emoción que a veces se echa de menos en artistas que son conscientes de que ya no tienen nada que demostrar. No tenían nada que demostrar pero lo hicieron, demostraron que están en forma y que aún son capaces de hacer disfrutar a un público que, bien es cierto, ya estaba entregado  de antemano.

Fue una noche de canciones, muchas de ellas llenas de recuerdos para un público (su público), que en su inmensa mayoría peina canas desde hace tiempo. Una mezcla de nostalgia y el simple placer de escuchar (una vez más, o por primera vez) una bonita melodía de guitarra y una voz contándote una historia que igual ya conocías, pero que no importa escuchar de nuevo cuando se hace tan bien.
Fue más que suficiente.

Fotos: Adolfo Añino

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