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God is an Astronaut, Arena, Madrid (1-03-2012)

Autor: | @indienauta

godastronautlive

Parece que los principales exponentes del post-rock se han puesto de acuerdo para venir a España y se van dando el relevo. Si en noviembre fueron Mogwai y Explosions in the Sky, el pasado jueves le tocó el turno a God Is An Astronaut en la Sala Arena antes conocida como Sala Marco Aldany, antes conocida como Sala Heineken, antes conocida como…Sala Arena.


El cuarteto irlandés ya entra en la categoría de grupo maduro y traía sus bártulos dos años después de su última visita en un recinto con registró algo más de tres cuartos de entrada. Y con dos cambios en la formación. Madrid era el punto de inicio para el tour europeo de los GIAA con motivo de su décimo aniversario y llegaron reforzados con Lloyd Hanney a la batería (le suplirá Stephen Whelan en la segunda mitad de la gira) después de un tiempo alejado de la banda y el teclista Jamie Dean, que entró en nómina en 2011.
 
Pero el epicentro son Torsten Kinsella, habilidoso guitarrista con un aire a Ozzy Osbourne, y su hermano, el carismático Niels a su derecha, mastodóntico bajo de seis cuerdas en las manos. Las melancólicas notas de 'Remaining the Light' empezaron a sonar, mientras los hermanos acababan de afilar sus instrumentos de batalla. Una especie de 'intro' espectral y engañosa. Porque lo que venía era rock poderoso, casi metalero. Ya fuera en piezas que bordean descaradamente esa etiqueta ('Age of the Fifth Sun') o algunas que en el estudio desprendían cierta fragancia a los The Cure más Disintegration (caso de 'Remembrance day') pero que en directo suenan más desbocadas, más desesperadas. Un discurso adrenalítico que hacía que pequeñas joyas como 'Snowfall' perdieran matices, mientras iban desgranando vigorosamente más piezas de su vasto repertorio como 'Shadows', 'Fragile', 'Zodiac' y 'Worlds in Collision'. Atmósferas pesadas entre un público hechizado (en primera fila un fan se mecía mientras estaba, literalmente, sentado a lo indio) y alguna chica obnubilada que daba la impresión, quizás, de haberse confundido de sala para acabar allí en lugar de la Joy Eslava, donde tocaba en esos mismos instantes (la nefanda) Bebe. Así, dejando de lado los medios tiempos, llegaron a una trilogía musical que fue, de largo, lo mejor de la noche. De primeras, el brillante crescendo de 'Suicide by Star', con su último y psicótico minuto en el que los sintetizadores te agujereaban el cráneo, como malévolo puente hacia su pieza más famosa, la triste y bella 'Forever Lost' (ahí oigo al 'Cure' Roger O'Donnell, lo juro), respetada en su cadencia y dedidada por Torsten Kinsella "a todos los que una vez estuvieron perdidos". La tercera punta del triángulo fue la electrónica Route 666, una vez más pasada por el rodillo del ruido, esta vez para bien, mientras en las pantallas se proyectaban imágenes del Nosferatu de Murnau.
 
En el bis se produjo una pequeña bajada de listón con 'All is violent, all is bright', antes de finalizar con el pegadizo riff de 'Fireflies and Empty Skies'. No hubo más, hora y veinte minutos de post-rock acelerado (para los cánones impuestos por los 'popes' del estilo, especialmente Explosions in the Sky) y rock instrumental ambiental con sudor. Como punto final a la velada, el grupo tuvo un guiño a sus fans, recolectados poco a poco con mucha carretera a cuestas, y Niels le hizo una fotografía al respetable. Podéis buscaros... >>

 Foto: Marina Jiménez

 

 

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