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Giant Sand performing At San Quentin de Johnny Cash, Apolo, Barcelona (26-01-10)

giantsandlive

40 años después de la publicación del emblemático “At San Quentin” de Johnny Cash, Howe Gelb, líder de los también bastante veteranos Giant Sand, se embarcó recientemente en un proyecto que parece haberse puesto de moda en los últimos años, que no es otro que el de reinterpretar discos insignes de la música popular más imperecedera. No seré yo el que le niegue el mérito al armarse de valor para semejantes aventuras, pero así de antemano le invade a uno cuando menos un cierto escepticismo cuando lee sobre ciertas propuestas como la que nos ocupa. La figura del reverendo Cash se ha ido engordando y mitificando con el paso del tiempo, hasta el punto de que incluso gente que en su vida había oído hablar del atormentado Johnny, hablan de él como si de siempre su música la conociesen. Esto suele ser enormemente habitual, desde que este gran invento militar llamado internet, ha pasado a manos del pueblo y ahí uno puede encontrar desde recetas caseras, hasta fotos explicándote como armar y desarmar una cabeza nuclear. Pues bien, una vez dentro de la Sala Apolo y contemplando lo variopinto del público y la desigual acogida de ciertos temas entre unos y otros, cualquiera podía pensar que estaban ensayando una especie de experimento a la “Perros de Pavlov” pero con indies de nuevo cuño adictos a Spotify, mezclados con personajes surgidos del “Mundo Viejuno” de Muchachada Nui. Todo ello francamente esperpéntico la verdad, con las imágenes del bueno de Cash, June Carter y otras monjas texanas de espíritu proyectadas en la pantalla que colgaba sobre el escenario.


Helb, invadido por esa parsimonia tan característica que yo casi definiría como modorra de artista, interpelaba al público para que le pidiesen qué tema querían que tocase ahora, con lo que gracias al griterío del cernícalo de turno, era imposible enterarse de absolutamente nada. A cada tanda, los gritos de algún loco pedían canciones a cada cuál más alejada del supuesto repertorio de la velada y otros directamente no dejaban de atosigar a Gelb con el dichoso “Ring Of Fire”.

Entre tema y tema, Howe se tomaba su tiempo para tragar agua, sí amigos, se ve que un buen lingotazo de whisky de tu propia petaca ya no es algo que le convierta a uno necesariamente en un buen rockero. Con un buen acompañamiento en ocasiones por parte del baterista y el contrabajista, la mayoría de canciones sonaban cojas y huecas por motivos evidentes y por mucho empeño que se le pongan a ciertas cosas, quizá lo mejor habría sido no tocarlas y dejarlas como estaban.

Ese pensamiento se apoderó  de mí especialmente cuando finalmente y después de algún que otro descafeinado bis, por fin Gelb y los suyos decidieron atacar el dichoso anillo de fuego destrozándolo por completo con una interpretación tan falta de pasión como la del tipo que va recogiendo los vasos de cristal por la sala, ajeno a cualquier otro tipo de expresión artística. Seguramente yo también debí haberme quedado en casa.


Fotos: Guillermo Granell

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