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Gemma Ray, Teatro del Arte, Madrid (07-02-2015)

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Australiano afincado en Berlín. No, no estamos hablando del señor Cave si no de Ned Colette, que junto con su grupo Wirewalker nos visitó el pasado sábado ejerciendo de telonero de Gemma Ray.

La música del señor Colette no es fácil de definir, aunque comenzó su carrera en solitario con el sambenito de “nuevo Nick Drake” (otro), ha ido añadiendo a su discurso musical influencias tan dispares como el synthpop, la música concreta, o los crooners clásicos. Vino acompañado de bajista y batería más él a la guitarra acústica y los teclados. Y nos ofreció un pequeño repaso por su carrera (cinco discos, los tres últimos con Wirewalker), que dejó claro que no es un singer-songwriter  al uso, y que seguramente despertó el interés de más de uno.

Otra afincada en Berlín (en este caso británica) completaba el cartel de la noche: Gemma Ray. La música de Gemma Ray bebe tanto de los ambientes cinematográficos de Ennio Morricone como de los girl groups de los 60 o el rock n’ roll 50’s. Su último y estupendo  trabajo “Milk For Your Motors” ahonda en esas influencias y lo unifica todo con un aire orquestal y cinematográfico algo más presente de lo ya habitual en ella. Y precisamente eso es lo que se quedó en el tintero en una actuación con formato reducido.

El concierto estaba anunciado como “formato trío”, pero en realidad fue un dúo (Ray a la guitarra, vestida al más puro estilo Nancy Sinatra, y un batería que hacía las veces de teclista) más el bajista de Wirewalker tocando el bajo y la steel guitar en algunos temas (la mayoría pertenecientes a sus dos últimos discos). Precisamente esos temas con más presencia instrumental fueron los más destacados dentro de un repertorio que quedó algo deslucido, y a ratos monótono, al desnudar unas canciones que ganan mucho arropadas adecuadamente.
“Hay algo extraño. No necesariamente malo, pero extraño”, decía Gemma a mitad de concierto. Y lo cierto es que algo raro sí resulto el concierto. Puede que fuera por el frío que hacía, o por un público muy escaso y menos expresivo de lo habitual en estos conciertos pequeños, o quizá la elección de las canciones a interpretar (primero una cara b y luego una versión de Gallon Drunk es una manera por lo menos curiosa de comenzar un concierto), o qué se yo, pero había una atmosfera rara esa noche en el Teatro del Arte de Madrid.

Me quedo con las ganas de ver a la señorita Ray con banda al completo y frente a una audiencia mayor y más entregada (algo que sin duda merece).

Lo del cuchillo (y de los grandes) en la guitarra para hacer ruido pasándolo por el mástil de la guitarra en una especie de pequeño (y gratuito) interludio entre dos temas lo dejaremos como parte del anecdotario propio del rock n’ roll.

Foto: David Villafranca (Crazyminds)

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