Publicidad

Future Islands + Celebration, Joy Eslava, Madrid (22-10-2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que, desde hace más o menos medio año, la carrera de Future Islands ha cambiado por completo. Su ya mítica actuación en el programa de Letterman les puso en el punto de mira y, poco después, su último trabajo los catapultó a la fama que no habían tenido hasta ahora. Prueba de ello es el llenazo en su actuación en la sala Joy Eslava de Madrid la pasada noche, para la cual agotaron las entradas –mucha gente se quedó con ganas de verlos–.

Abrieron la noche Celebration, unos amigos suyos de Baltimore que poco tienen que ver con la propuesta de Future Islands. Empezaron bien, repasando los temas de “Albumin”, su último trabajo. Lo malo es que se fueron deshinchando poco a poco, y las buenas sensaciones de los primeros temas se fueron diluyendo a medida que pasaba su media hora de concierto. Aun así, su pop-rock épico funcionó en algunas ocasiones, y su cantante demostró que se puede tirar de Kate Bush sin caer la imitación barata. Además, su teclista nos dejó alucinados con su dominio de los pedales. Quizá, en otras circunstancias, y con sus canciones bien aprendidas, hubiéramos disfrutado más.

Samuel T. Herring es un showman, un cantante capaz de levantar la ovación del público con un solo movimiento de su mano, y no cabe duda de que parte del éxito de su banda depende él. Durante la hora y media que suelen duran sus conciertos, el de Baltimore baila sin cesar, se tira al suelo, suda como poseso, se acurruca en suelo y pone cara de compungido, hace sentidas dedicatorias a sus seres queridos mientras fija la mirada perdida en el techo, da la mano al público de las primeras filas mientras les mira fijamente a los ojos y, en Madrid, hasta llegó a sangrar por un brazo. Todo esto, o casi todo, forma parte del show de Future Islands, y el público lo celebra a lo grande, pero si no tienes buenas canciones no vas a ningún lado, y ahí es donde los de Baltimore tienen todas las de ganar. Sus temas de synth-pop oscuro y melancólico funcionan a la perfección encima de un escenario. Son una banda más que solvente en directo (la base rítmica del grupo es digna de estudio). Además, parece que han conseguido algo que sólo lo logran los grandes grupos: la gente que se enganchó con su último disco se ha puesto a buscar y a escuchar sus trabajos anteriores. Sólo así se explica lo bien acogidas que fueron ‘Balance’ o ‘Tin Man’, en la que Herring nos duchó con su sudor a los que estábamos en la primera fila.

Hubo muchos grandes momentos en los noventa minutos de concierto, como la sonrisa sincera de Herring mientras toda la sala coreaba el estribillo de ‘Sun In The Morning’, los bailes de todos los presentes con ‘Light House’, o la emoción de ‘A Song For Our Grandfathers’, pero un servidor se queda con dos: la comunión que se creó con ‘Seasons (Waiting On You)’, y una brutal ‘Vireo’s Eyes’, con la que casi finalizaron su concierto. Y es que este tema, que ya sobresalía en su segundo trabajo, dejó a todo el mundo con el culo torcido. Ya no sólo por la energía y la locura de Herring, que llegó a cotas que aún no habíamos visto, sino también porque sonó demoledora, como una apisonadora synth-pop que te atrapa y te incita a bailar aunque no quieras. Tras ella, podrían haber acabado el concierto perfectamente, pero decidieron recuperar ‘Little Dreamer’, la canción que cerraba su primer trabajo y que un Herring visiblemente emocionado quiso dedicar a un ser querido.

El público salió de la sala con la sensación de haber asistido a uno de las grandes citas de los últimos meses en la capital. Future Islands convencieron a los escépticos y no decepcionaron a los que desde hace años disfrutamos de sus canciones; algo que consiguen muy pocos.

Fotos: Adolfo Añino

To Top