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Fiesta 5º Aniversario El Genio Equivocado, La [2] de Apolo, Barcelona (10-01-2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Érase una vez dos jovenzuelos —el DNI quizás lo discuta pero el espíritu manda— llamados Rafa Piera y Joan Casulleras, residentes en Barcelona, amantes de los gatos, devotos del pluriempleo —djs, periodistas y curritos— y, por encima de todo, adictos a la música. Hace cinco años, este par de activistas culturales decidieron emprender una aventura, un proyecto tan valiente y admirable como, entre nosotros, suicida: poner en marcha un sello discográfico independiente. Nacía El Genio Equivocado.

Y es que, para alumbrar un sello en este país, donde la palabra cultura suena a amenaza para los “de arriba” y en plena crisis económica, hay que ser un poco kamikaze. Pero a base de toneladas de trabajo y pasión —sus bandas son sus hijos—, en sólo cinco años El Genio es hoy una de las discográficas más estimulantes y reconocibles del panorama nacional, con una idiosincrasia singular e insobornable. O como dice el gran Edu Chirinos de Las Ruinas: “Pueden recortarme los ojos/ pueden recortarme la boca/pero nunca podrán recortar/ este espíritu jamás/ este espíritu jamás”. Eso es El Genio Equivocado. Espíritu, la suma de los espíritus de sus dos jefes, esos locos adorables, y música. Mucha música.

Un lustro dando a conocer grandes grupos y canciones bien merece una celebración. Por todo lo alto. Y en eso andan Rafa y Joan en este inicio de 2015, con una serie de conciertos en diversas ciudades españolas. La primera de estas jornadas especiales tuvo lugar el pasado sábado en La [2] de Apolo, con nada menos que seis bandas de su magnífico plantel. Como no podía ser de otra forma, fue una fantástica noche, acorde con la ocasión.

Con la satisfacción de ver la sala llena desde prácticamente el inicio de la noche el grupo encargado de abrir la velada fue uno de los últimos fichajes del sello, los madrileños Cómo Vivir En El Campo. Los habíamos visto en el pasado Primavera Club, donde nos dejaron una magnífica impresión. Así que aunque no hubo “factor sorpresa” ya podemos confirmarlo: son una gran banda en directo. Pop con tintes psicodélicos y espacio para la exploración y los paisajes sonoros ambientales. Hay un halo misterioso, intrigante, en temas como Oro graso —villancicos aparte—, que tuvo el contrapunto, delicado colofón, en Cuando el sol, que contó con la voz y guitarra de Begoña Casado, para cerrar una actuación sin fisuras, situando el listón muy alto para el resto de bandas.

De una de las bandas más recientes en incorporarse al sello a toda una referencia del Genio. Nos referimos a Grushenka, que en La [2] de Apolo centraron su repertorio en las canciones que formarán parte de su esperado segundo disco, La insoportable levedad del ser. Más pop y menos noise, a tenor de lo visto el sábado el álbum viene provisto de temazos inmediatos —Maltratarse y asustarse— y otros algo más oscuros y ochenteros, un fascinante cruce de caminos entre The Cure y Wild Nothing. Se les echaba de menos. Empieza la cuenta atrás.

Cambio radical de tercio con Hans Laguna. Arropado por una banda al completo, el delicado pop de su propuesta, que servidor sólo había podido escuchar en formato reducido e intimista, típico de cantautor, adquirió otra dimensión. Temas que se cuecen a fuego lento, con tiempo para desgranar historias con dobles sentidos, y donde el minimalismo habitual dejó paso a momentos de brillantez instrumental. Pena que en el último par de temas, donde interpretaron la preciosa Mis días apenas pudimos oír los coros de Blanca y Tuixén de Les Sueques, invitadas de excepción. Aún y así, en mi opinión, el concierto de la noche.

Y nuevo giro de 360º con el tecno-pop de Murciano Total. Con el respaldo de proyecciones visuales y la promesa de su debut oficial en forma de disco para este año, Quereres y dejenes, la banda escogió la densidad y la contundencia rítmica como sus principales argumentos sonoros. Lástima porque son las voces chico-chica, las melodías y las peculiares letras de José Lozano las que han convertido a los Murcianos en un grupo de culto. Pese a sufrir el peor sonido de las seis bandas, temas como El Espejo o El Rey Canibal valen su peso en oro.

Aún quedaban dos balas más en la recámara. Dos de un calibre tamaño obús. En primer lugar con Les Sueques, con su flamante segundo trabajo Educació Física bajo el brazo, vestidas de gala y muchas ganas de electrificar la sala pequeña del Apolo con sus vigorosos trallazos de punk-pop con un ojo puesto en las riot grrl. Entre los nuevos temas destacaron Què ens passa y No ho saps, pero las piezas más conocidas como Ningú o Beix se llevaron la palma.

Y para cerrar, Las Ruinas, uno de los grupos más emblemáticos —sino el que más— del Genio Equivocado. Uno ha tenido la suerte de verlos ya varias veces y nunca defraudan. Es más, tras su excelente último disco Toni Bravo, el trío de heavy pop barcelonés ahora dispone de todavía más recursos en el escenario, gracias a un repertorio que se va refinando y diversificando acertadamente. Diamantes como El Olivar o Ramón y Cajal sonaron espléndidas entre su selección de “himnos para minorías”, como Secundarios del mundo, uníos!, Este espíritu, Se remata un corazón o la ya mítica Cerveza beer. Si no existieran, habría que inventarlos.

Por supuesto, la jornada necesitaba un broche final. Y lo tuvo de la forma única en que funciona El Genio Equivocado. Espontaneidad y mucho corazón. Tras un… digamos extraño nuevo tema pergeñado para la ocasión e interpretado por la plana mayor de los grupos en la sala, el fin de fiesta llegó con Bailando, de Pegamoides, con Rafa y Joan en el escenario. Fiestas hay muchas. Pero El Genio Equivocado sólo hay uno. Gran noche… y, sobre todo, ¡que cumplan muchos más!

 

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