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Extremoduro, BEC, Barakaldo, Bizkaia (20-10-2012)

Autor: | @indienauta

extremoduronacho

Hubo una época en la mitad norte peninsular en la que la adolescencia la consumías en un chamizo con tus colegas bebiendo kalimotxo y escuchando música de cuatro o a lo sumo cinco grupos del rock estatal. Han pasado más de quince años de aquello para mí y pocas cosas han cambiado: la juventud sigue yendo a chamizos, bebiendo kalimotxo y escuchando mucha música de entonces. Extremoduro es uno de los grupos que prevalecen de aquella época dorada para mí, y afortunadamente, los extremeños cada cierto tiempo deciden que ya es hora de sacar un disco o de hacer una gira más o menos numerosa de conciertos por todo el país.



Con Extremoduro no ha habido un solo momento en el que haya habido que reconciliarse con ellos, porque siempre han estado ahí, siempre han hecho discos interesantes y siempre han dado en el clavo con unas giras en las que el público no ha fallado. Bien es cierto que sus dos últimos discos han jugado a despistar, a indagar en la poesía más que en el rock, a buscar metáforas e imágenes más trabajadas que antes. Pero si eres un auténtico fan, te habrás dado cuenta de que probablemente con “La ley innata” (2011) y con “Material defectuoso” (2008) el grupo de Robe Iniesta ha vuelto a resurgir, a tener otra época dorada.

Se apagan las luces, con media hora de retraso que todo el mundo entiende dado el número de personas que aún no han accedido al recinto del BEC, y ahí empieza un vídeo en el que vemos a Uoho salir de una prisión e ir a liberar a Robe de un sanatorio mental. Los dos se van con una furgoneta roja destartalada a coger al resto e la banda. Sin que te des cuenta, ya están encima del escenario y empieza la música. Suena “El pájaro azul” una canción que pocos asistentes conocemos y que al parecer la ha hecho el grupo para colaborar con una ONG del mismo nombre. Ese momento y el de “Contra todos”, otra inédita del grupo que Robe presenta con su título, serán los únicos en los que no tengamos a todo el mundo coreando en las más de dos horas y media que quedan por delante.

No hay tregua. Sin que te hayas dado cuenta, en el primer cuarto de hora ya han caído “Ama, ama, ama, y ensancha el alma” y “No me calientes que me hundo”. Vuelan vasos de kalimotxo, parece que la apoteosis se ha apoderado del recinto, y después de dos concesiones al último disco, siguen “La vereda de la puerta de atrás“ y “Sucede”. Sí, señores, estamos ante algo grande, muy grande. Sin que nos demos cuenta, hemos consumido ya una hora del espectáculo y Robe nos pide una amnistía de quince minutos que resulta ser de media hora. Repones fuerzas, vas al baño y vuelves preparado para la parte central del concierto, la que no sospechas, será la más celebrada.

Estamos preparados para más. El Rey de Extremadura vuelve él solo con “Desarraigo” y un desarrollo increíble en el que se le va a unir el resto de la banda. Las guitarras van a ser más protagonistas en este segundo tramo. Con “Bribribliblí” se ganan la gloria eterna, algo que tambiés hacen con el vídeo de ilustraciones medievales de “A fuego”, y con “So payaso” o “Puta” solo inciden en algo que todos disfrutamos en pleno éxtasis. Llega el momento de la belleza plena, eso es “Standby”, que Robe dedica a una señora de 89 años del público. Dice que nunca hace eso de dedicar una canción a nadie en particular, pero que esta vez la situación lo merecía. Casi hemos consumido otra hora y nos vamos a otro descanso. Esta vez empezamos a hacer apuestas de lo que queda por llegar del setlist. Nadie acierta prácticamente nada.

Para la parte final se guardan algo que nadie se espera, un repaso casi completo y en orden a “La ley innata”, disco que hasta el momento habían decidido dejar en el olvido. Cinco de los seis cortes del disco, incluida una interpretación para sordomudos del “Cuarto movimiento: la realidad”, caen en un concierto que tiene pintas de acabarse, pero que va ganando en inmensidad e intensidad y que en esta parte tiene momentos absolutamente enormes. Ah sí, queda el final apoteósico con “Salir”, sin duda la más celebrada por el público, que lleva allá más de cuatro horas pero no le importaría estar allí otras dos horas o lo que haga falta. Solo una coda final, ya sin Robe sobre el escenario, en el que hay un recuerdo para John Fogerty por medio de una versión instrumental capitaneada por Iñaki Uoho de “Rockin’ all over the world”.

Extremoduro son enormes, no se les puede achacar nada. Han estado de diez o más. ¿Qué más da que no hayan tocado “Deltoya”, ni “Jesucristo García”, ni “Golfa”, ni “¿Dónde están mis amigos?”, ni “Amor castúo”? Hace años ya hubo ocasiones de verlas en directo y por supuesto, habrá más.

Solo queda celebrar a la organización del evento por su trabajo. Que en un lugar con un público tan numeroso no haya ni un mínimo problema siempre es de agradecer. Si encima esto se suma a un sonido notable y a detalles como la cuidada entrada al recinto o que puedas usar el parking del BEC con una sola tarifa de 5€, la noche fue redonda.

 

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