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Elvis Costello & The Imposters, Teatro Circo Price, Madrid (27-07-2013)

Autor: | @adolf_ito

La noche del sábado 27 de julio fue la del excelente concierto de Elvis Costello en el Circo Price (dentro del ciclo Veranos de la Villa), pero desde el primer momento hay que dejar claro que Steve Nieve brilló especialmente al piano, órgano y teclados.

El señor Costello se presentó ante un casi lleno Price vestido de oscuro, con sus clásicas gafas de pasta y con un sombrero gris que no se quitó en toda la actuación. Venía acompañado de dos de sus colaboradores de siempre (Steve Nieve y Pete Thomas) y de Davey Faragher al bajo. El público sabía que iba a escuchar muchos clásicos, pero no tenía claro cuáles iban a ser ni qué otras canciones de su repertorio iba a tocar (cambia el setlist en cada concierto –tiene material de sobra para ello– y sorprende saltando de un estilo musical a otro y haciendo magníficas versiones). Otra sorpresa fue el ritmo frenético del concierto. Fueron dos horas de concierto sin descanso alguno y, aunque la razón fuera el horario de cierre que el Ayuntamiento ha impuesto al local, en el fondo se agradece que evitara la pantomima de los bises.

Con un sonido que empezó con mal pie, pero que mejoró después de los tres primeros temas, comenzó Costello a desgranar su repertorio. A la cuarta canción cayó el primer clásico indiscutible, Everyday I Write The Book, que animó a un público que estuvo un poco parado (Elvis Costello estuvo todo el concierto intentando animarlo). Tuvo también un momento que le honra, acordándose de las víctimas del accidente de Santiago, a los que dedicó Stations To The Cross (un tema de su disco National Ransom, del que dijo que no iba sobre una tragedia, sino sobre un desastre hecho por el hombre). Aprovechó para preguntarse qué sentido tiene repetir una y otra vez, a cámara lenta, hacia delante y hacia atrás, la escena del accidente, y comentó que eso no iba a ayudar a aquellos que habían perdido a sus seres queridos.

Después de un momento tan intenso, un Watching The Detectives excesivamente reggae hizo que el público se viniera otra vez arriba. Continuó con la magnífica Shipbuilding (un tema compuesto por Clive Langer al que Costello le puso la letra y del que han hecho versiones Suede, Tasmin Archer o Robert Wyatt –Langer lo compuso pensando en este último–), aunque aquí se le notó algún problema vocal. Aprovechó su versión de un clásico de los años 30, Walking My Baby Back Home, para contarnos una anécdota: su abuelo tocaba la trompeta en una orquesta que hacía el acompañamiento sonoro de las películas mudas, por lo que su abuela odió durante toda su vida a Al Jolson (hizo la primera película sonora, The Jazz Singer).

Cuando parecía que el concierto tenía un nuevo bache, llegó la versión del She de Charles Aznavour (dijo que la letra en inglés decía prácticamente lo contrario que la original en francés). La sorpresa fue que decidió bajar a la pista y cantarla paseando entre un público atónito que, móvil en mano, se puso a hacer fotos sin parar). Siguió en la pista con Episode Of Blonde, aunque la terminó ya de nuevo sobre el escenario. A continuación le tocaba el turno a otro tema de National Ransom, A Slow Drag With Josephine (se nota que el disco lo grabó en Nashville con T-Bone Burnett), pero quedaba todavía la traca final de clásicos de la new wave. Sin dejar respiro entre tema y tema, cayeron Oliver’s Army, (I Don’t Want To Go To) Chelsea, I Want You –el único descanso a modo de balada–, Pump It Up y (What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love And Understanding –el clásico de Nick Lowe–. Cuando sonaban los últimos acordes de la canción de Lowe, pasando el dedo índice de un lado a otro del cuello, indicó al público que estaba obligado a finalizar el concierto. Se despedía así de Madrid, diciendo a los presentes: “we will meet again”. Esperemos que así sea, porque la noche fue de las que se recuerdan.

Fotos: Adolfo Añino

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