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Eleanor Friedberger, Sala Charada, Madrid (04-10-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

El concierto estaba a punto de terminar. Mientras sonaban los acordes finales de My Mistakes, Eleanor Friedberger cogió su chaqueta y su bolso de al lado de la batería, se los puso y, con la ayuda de las primeras filas, bajó del escenario para irse directa al puesto de merchandising, donde unos minutos después estaba vendiendo sus camisetas y sus CDs. Esta pequeña anécdota resume un poco la humildad con la que la norteamericana se plantó en Madrid ante un centenar de personas que la elegimos a ella de entre las muchas propuestas musicales que había esa noche en la capital. No hubo momentos de estrella, pero sí de una cantante que se ha reinventado en su carrera en solitario con dos discos absolutamente maravillosos.

Aunque tocaba presentar “Personal Record”, su último trabajo, la hora y cuarto de concierto estuvo muy repartida entre sus dos obras, y la de Oak Park no se olvidó de algunos de los mejores momentos de “Last Summer”. No podía empezar el concierto con nada mejor que I Don’t Want to Bother You, el delicado tema de aire sixties que abre su último álbum. Aquí ya se pudo comprobar el buen estado de forma en el que está su voz y lo bien compenetrada que está con su banda (bromas incluidas). Sus excelentes acompañantes son tres de los miembros de Field Music, uno de los grupos más infravalorados del último pop británico. Además, su nombre dio de sí para una de las bromas del concierto, ya que, al parecer, Eleanor había leído en algún medio que su banda estaba formada por miembros de la influyente The Field Mice que, evidentemente, no era el caso. Y ni falta que hacía, ya que acometieron canciones como I Won’t Fall Apart On You Tonight o Heaven (los primeros temas que cayeron de su primer trabajo) como si fueran suyas propias.

La norteamericana se dejó poco en el tintero (de su último trabajo solo faltó You’ll Never Know Me) y en la primera parte interpretó los cortes más movidos y más apropiados para un concierto de viernes noche en un club (bromeó con las luces del techo de la sala). Así, fueron cayendo canciones que hicieron bailar a todos los presentes: Stare at the Sun fue celebrada por el público, en una genial Rooselvet Island agarró el micrófono y se unió a los bailes colectivos, y When I Knew y una potente She’s s a Mirror dieron paso al bis –fueron algunos de los mejores momentos de esta primera parte del concierto–. Además, demostró lo bien que funciona en las distancias cortas una canción tranquila e intimista como Other Boys y sorprendió con unas percusiones en Early Earthquake. Y es que, aunque pueda parecer fácil, no lo es en absoluto dejar impactado al público con un rock que no tiene nada de nuevo, pero sí de bueno.

El bis lo empezó ella sola con una preciosa I Am The Past, donde se le fue la mano con el reverb de la guitarra (fue el único momento del concierto donde el sonido falló algo, aunque el batería tuvo que hacer malabares para mantener los micros sobre la tarima, ya que vibraba a lo bestia cada vez que la cosa se animaba un poco y los pies de los micrófonos se desplazaban y caían al suelo). Curiosamente, en el tiempo de descuento ganaron los temas más intimistas, ya que lo siguiente que nos dejó fue una versión con banda de su bonita Echo or Encore y Singing Time, la canción que cierra su último trabajo y que muchos pensábamos que iba a cerrar el concierto –fue una gozada cuando entraron todos los instrumentos hacia la mitad del tema y ella cantó aquello de “Let’s Go, Les’t Go”–. Pero para cerrar decidió que lo mejor era volver a su primer trabajo y dejarnos el corte que lo abre. Y no se equivocó, porque My Mistakes funcionó de maravilla para despedirse del público y para hacer su salida triunfal dejando a su banda como protagonista absoluta durante unos minutos, y al público totalmente enamorado.

FOTOS: ADOLFO AÑINO 

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