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El Guincho + The Very Best. Sala Heineken (Madrid), 22-04-2010

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Dentro del extenso ciclo Heineken Music Selector, la noche prometía calentita pero el comienzo del Guincho no cumplió para nada esa expectativa: cuatro gatos y el pobre Pablo volviendo a escena tras un año sin tocar y con cara de "¿qué pasa, por qué no hay nadie?". Es verdad que la convocatoria era a las 20h, pero lo cierto es que el concierto empezó sobre las 21h, y allí no había más de 50 personas. Eso sí, poco a poco se fue llenando, aunque la sala no llegó a superar la mitad de su aforo (más o menos). Esta circunstancia no impidió que los que estábamos allí disfrutásemos como unos enanos del show del Guincho. Un Guincho, todo hay que decirlo, un poco diferente a lo que nos tenía acostumbrados, con la incorporación de otro miembro más de Extraperlo a su set, y una notoria influencia de los sonidos de esa banda amiga suya y de sus referencias claras. Un sonido más orgánico, o algo así. Una especie de aire a Radio Futura y, cómo no estando de por medio los del Desayuno Continental, a Golpes Bajos.


Sonaron temas infalibles del Alegranza (Kalise, Costa Paraíso, Antillas o Palmitos Park) y canciones nuevas que presentaba, con guitarrillas made in Extraperlo, como venía diciendo antes. Destacar la canción con la que terminó su actuación, Eres una voz en mi habitación, que es un temazo que pudimos escuchar por primera vez (en Madrid) en un concierto que dio en el Nasti hace como año y medio, y que nos tiene como locos a un sector de sus seguidores, porque es de lo mejorcito que ha parido este chico, y decir eso es decir mucho tratándose del pelotazo por antonomasia del indie español de los últimos años. Por otro lado también cabe destacar una canción que presentó y que resulta que la escribió cuando pasó una temporada en Madrid hospedado en la calle Montera, y para la que se inspiró en ese controvertido enclave de la capital. Por lo que dijo, hasta después de verano no tendremos en nuestras manos el disco, y por lo que oímos, curiosidad es lo mínimo que podemos tener, aunque a priori soy de las que piensan que va a ser difícil igualar la calidad de un primer trabajo tan sumamente imprescindible como Alegranza. Esperemos que nos sorprenda (para bien).
 
La sala ya caldeada recibió a los imparables The Very Best. Pantalla gigante de leds con colores y el sueco (productor de las Bonde do Role) saliendo a escena agitando dos palmeras inflables y poniendo a todo trapo la base del Paper Plans de M.I.A. La Sala Heineken era un hervidero de bailes, y pronto salieron los otros dos: Esau Mwamway, de Malawi, y el sudafricano de la banda. Rapeos, saltos constantes, bafles dados la vuelta y ellos subidos encima... subidón extremo. Esta banda es como una apisonadora: bases demoledoras y cantes africanos en idioma Chichewa que no hay quien entienda pero que se expresan en el lenguaje universal del ritmo. Mezcla de dance, hiphop, pop y música tradicional de Malawi, una bomba. Pronto salían a escena dos bailarinas británicas de orígen africano que venían con ellos, y que, ataviadas con típicas telas del continente marrón y con unas bambas molonas (ahí, haciendo contraste), perpetraban unos bailes espectaculares y muy espasmódicos, también bastante extremos.
 
Tema a tema fueron cantando su repertorio, salpicado de colaboraciones con Vampire Weekend o Ruby Suns, y alabadísimo por Pitchfork, sin tiempo casi para respirar entre canción y canción. Calor, sudor y no para de bailar en el público. LLegó el desfase absoluto: "¿Queréis compartir con nosotros esta botella de vodka?", espetaron. Y, como no podía ser de otra manera, la sala entera pasando por primera fila a poner la boca para recibir un chupito de vodka a palo seco. Pronto llegaría la fase "todo el mundo al escenario": primero subieron un par de chicas a botar como locas con un tema, y a la canción siguiente invitaron a todo el público a hacer lo propio. El resultado: unas 50 personas arriba, la botella de Smirnoff rulando por ahí, a la caza de las palmeras inflables y locura generalizada. Poco menos de las once de la noche y los allí presentes viviendo un subidón mayor que el que puedas vivir a altas horas en cualquier festival viendo a tu banda favorita. En serio, un sorpresón en directo. Espectáculo que no se quisieron perder los del Guincho, que se quedaron a verlo, ni Fran Nixon, que andaba por allí.
 
Era la primera vez de The Very Best en Madrid y arrasaron. Todo el mundo como loco. Al terminar estuvieron preguntando que a dónde había que ir después. Una chica hasta se ofreció a montar un after en su casa si ellos venían, e invitó a toda la sala y todo. El Guincho sabemos que se iba a ir a Nasti después, que lo estuvo diciendo. Menudo cuerpo de juergues dejó esta velada, menudas ganas de salir a cerrar bares. Noches así deberían programarse en fin de semana, porque hay mucha gente que no puede salir a destiempo. Eso sí: los que adoramos esta insana costumbre nos quedamos encantados. Irremediablemente un concierto no apto para madrugón el día después y muy recomendable. Una perfecta noche tropical.

Fotos: Ana Vicenti y Henar Ortega

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