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Eels, Teatro Circo Price, Madrid (14-07-2014)

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Daughters of Davis fueron las encargadas de ejercer de teloneras. Las dos hermanas británicas se metieron al público en el bolsillo más por su simpatía que por su folk-pop lleno de buenas intenciones, que resultó algo monótono e insulso a ratos. Aún así dejaron un buen sabor de boca (era difícil no esbozar una sonrisa cuando las hermanas contaban anécdotas sobre su peculiar incursión en el mundo de la música).

Tengo la teoría de que cuando un grupo aparece en escena vestidos con traje es una buena señal.

Tras una pequeña “intro” instrumental ,“When You Wish Upon A Star” (del “Pinocho” de Disney) fue la encargada de abrir el concierto de Eels.

“¿Alguien estuvo en mi anterior concierto en Madrid el año pasado?, fue divertido, ¿verdad? La diversión se acabó.”

Así, medio en broma medio en serio (como ya nos acostumbró a lo largo del concierto) anunciaba Mark Oliver Everett el tono de lo que nos esperaba durante los próximos minutos.

“Esta canción es un tostón”, “esta otra canción es aún más tostón”, así anunciaba los temas que ocuparon aproximadamente la mitad del concierto.

Temas tranquilos y delicados que gracias a los arreglos de trompeta, timbales y un contrabajo tocado con arco, a veces adquirían una dimensión casi orquestal.

El público que ovacionó cada tema (como haría hasta el final) no parecía estar nada a disgusto con los “tostones” de Everett, pero él tenía otros planes.

“La otra vez fue divertido en Madrid, igual podríamos hacerlo algo divertido de nuevo”, y lo fue.

No es que las baladas y los medios tiempos marca de la casa desapareciesen de lo que quedaba de concierto, pero se mezclaron con mucha habilidad con temas más “movidos” que en momentos puntuales dieron un aire festivo que casi nadie esperaba.

El público (al que Everett ya se había ganado de antemano y que casi llenó por completo el Circo Price de Madrid) en esta segunda parte del concierto rozaba la euforia, vitoreando al grupo con una intensidad tan grande como el respetuoso silencio que imperaba en los temas más sosegados e íntimos.

Una euforia que llego a su punto álgido cuando el cantante de la barba y las gafas de pasta bajó del escenario y se abrazó con las personas que ocupaban las primeras filas del patio de butacas. Gesto que se alargó unos minutos cuando parte del público de filas más lejanas decidió acercarse ellos mismos a abrazarle también.

Sonaron temas de su último trabajo “The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett” así como otros de su (ya bastante extenso) repertorio:  “Parallels”, “Where I’m From”, “Last Stop: This Town”, “Dasies Of The Galaxy”, “It’s A Motherfucker”, “My Beloved Monster”…… Todos ellos “adaptados” a una formación de contrabajo, steel guitar, percusión, trompeta y guitarra (más Mark turnándose el piano y la guitarra). Y tampoco se privó de ofrecernos una versión del “I Can’t Help Falling In Love With You” de Elvis solo al piano.

El sonido fue casi perfecto, nítido, y sin problemas técnicos excepto cuando el contrabajo dejó de sonar. Momento que Everett aprovechó para demostrar que además de un gran compositor de canciones tiene muchas dotes de showman.

Everett juega mucho con la autocompasión (“cualquier cosa es posible, como que un perdedor como yo esté tocando en un sitio tan bonito como este y frente a un público tan bueno”), pero teniendo en cuenta su biografía personal (más conocida y expuesta que nunca desde la publicación de su libro “Cosas Que Los Nietos Deberían Saber”) si alguien se lo puede permitir (con nuestro beneplácito) es él.

Y así, entre el “mea culpa” existencial, el comentario irónico, la tragedia pura y dura, y también cierta esperanza de no acabar cometiendo siempre los mismos errores (como en la letra de “Mistakes Of My Youth”, que también sonó) Mr. E y sus Eels nos ofrecieron todo un recital de cómo enfrentarse a la adversidad a través de la belleza.

No siempre es posible, así que agradezcamos que el talento del señor Everett sea aún más grande que todas las penurias que le rodean.

Foto: Live Nation

 

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