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Edwyn Collins, Teatro Lara, Madrid (20-03-2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

edwyn collins portada

Un concierto de Edwyn Collins es algo más que un concierto. El factor emotivo juega un papel muy importante. Aunque al final lo que prima es su música, uno no puede evitar pensar en todo lo que le ha pasado a este hombre y en su fortaleza para superarlo. Por eso mismo, tiene un mérito excepcional que se suba a un escenario y consiga ponernos los pelos como escarpias durante una hora. Por si teníais alguna duda, en Madrid lo volvió a hacer.


La cita en el Teatro Lara era una de las más esperadas del ciclo de conciertos SON Estrella Galicia, y el público respondió con un patio de butacas prácticamente lleno –a pesar de las horas intempestivas y de que era un show semiacústico–. Abrían la noche Colorama (bueno, más bien su líder en solitario). El grupo de Carwyn Ellis, que también forma parte de la banda de Collins, no es muy conocido por estas tierras, y no logró captar la atención del público presente. Con una guitarra y un teclado, el británico nos obsequió con ocho canciones (dos de ellas cantadas en gaélico) bastante aburridas, que no lograron despertar el más mínimo interés. Ni siquiera A Life Goes On, que es de las más conocidas de su repertorio, levantó el ánimo. Quizá con banda y desplegando toda su psicodelia, la cosa funciona mejor. Desde luego, en acústico en un no rotundo. La primera sorpresa de la noche fue comprobar que Collins venía con tan solo dos músicos y sin batería. Hay que reconocer que no fue una sorpresa agradable, ya que, al igual que hizo hace tres años en Madrid, esperábamos que viniera con toda su banda y desplegara toda su fuerza. Pero bueno, todo esto dejo de importar en el momento en el que Collins pisó el escenario y pronuncio las palabras Falling And Laughing. Y es que, aunque estos conciertos están incluidos en la gira de presentación de “Understated”, su nuevo trabajo, el escocés nos ofreció un repaso de toda su carrera. Y claro, la mejor forma de empezar es con la primera canción del primer disco Orange Juice. A los cinco minutos ya se había ganado al público, que asistía atónito al brillante recital que estaba dando este hombre y esperaba con ansia la siguiente sorpresa en forma de canción. Collins tiene una discografía tan extensa y tan buena, que no debe de ser fácil elegir trece canciones para un setlist. Lo que sí parece claro es que “Gorgeous George” es su disco predilecto, porque, junto con el nuevo, fue el que se llevó la palma con tres canciones. Una de ellas fue Make Me Feel Again, que cayó la segunda, y dio paso a otro hit de Orange Juice: nada más y nada menos que Consolation Prize, donde sacaron la eléctrica por primera vez (esta canción no se puede entender sin su enorme punteo). Como ya he dicho antes, Edwyn Collins venía a presentar su nuevo trabajo. Es un disco excepcional que dejó ver todo su potencial en directo. Las nuevas canciones no desentonaron en ningún momento con los clásicos. Buena prueba de ello fueron Understated y Dilemna, los dos temas que vinieron a continuación. Dando protagonismo al piano y a su faceta más soul, Collins consiguió que brillaran con luz propia. Además, en esta última vino la anécdota del concierto, ya que el guitarrista no se acordaba de ella, y Collins le dijo “no pasa nada, sólo es el single”. Curiosamente, de su disco de resurrección sólo pudimos escuchar Loosing Sleep, que fue coreada por todos los presentes. La emoción alcanzó su momento álgido en Home Again y en Down The Line –la canción country del nuevo disco, según el propio Collins–. Pero había que volver a los ochenta y a los noventa con sus dos éxitos más sonoros: Rip It Up y A Girl Like You. El mayor hit de Orange Juice fue uno de los grandes momentos de la noche (a pesar de que tuvieron que parar y volver a comenzar cuando llevaban un minuto de canción), y el público disfrutó dando palmas y meneando la cabeza de un lado a otro. Y qué decir de A Girl Like You, ese tema que le puso en el mapa fuera de la escena más indie, y para el cual nos sorprendió levantándose de su silla y cantándola de pie. Sonó sucia y contundente, como tiene que sonar, y no se echó de menos la batería. Con ella acabó la primera parte del concierto, y Collins se fue al camerino entre ovaciones del público. El bis lo empezó con Low Expectations, una de las mejores y más bonitas canciones de su carrera en solitario, que estaba incluida en “Gorgeous George”. Otra vez los pelos de punta. Pero claro, al tratarse de un repaso a su carrera, tenía que acabar con un tema importante, y ese fue Don’t Shilly Shally, el que fuera su primer single en solitario allá por 1987. Un tema ultra-pegadizo que le sirvió para cerrar la noche de una forma espectacular. Por supuesto, se fue al camerino con todo el Teatro Lara de pie y ovacionándole. No era para menos. Fotos: Adolfo Añino    
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