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Doble Pletina, Teatro del Arte, Madrid (18-11-2016)

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Cuando la ejecución es prácticamente perfecta, las canciones son buenas y los músicos emanan una empatía que se materializa en una comunión total con el público, el concierto es memorable. El de Doble Pletina que se vivió en el siempre intimista y acústicamente bien acondicionado Teatro del Arte reunió todas estas condiciones.

El disco que venían a presentar de nuevo a Madrid, ‘Así es como escapó’ (Jabalina, 2016), más oscuro que el material anterior de la banda, imprimió el recital de una atmósfera profunda. No necesariamente más triste pero sí quizás con algo más de eso que en música se suele denominar madurez. Los de Barcelona tocaron nada menos que 23 temas, casi dos docenas de canciones que un público que llenaba al 90% el espacio disfrutó con atención.

Algo tiene la disposición en bancadas del Teatro del Arte que parece una misa o un examen de oposición. Lejos de amilanarse, los Doble Pletina se dejaron ver cómodos, acompasados, y con ganas de que la máquina de humo añadiese un plus de intimidad a toda la experiencia que estábamos viviendo, aunque la susodicha niebla artificial acabara provocando entre los allí presentes toses y molestias respiratorias varias debido a su profusión. Tocaban en Madrid con parte de instrumentos prestados por sus amigos y casi casi ya “banda hermana” Cosmen Adelaida, lo cual es muestra del ambiente familiar con que se manejan en la capital.

Comenzaron el repertorio con la última del disco, ‘De la casa al jardín’, y rápidamente intercalaron con temas anteriores, como ‘Revival’ o ‘Artista revelación’. Laura Antolín (voz y bajo) demostró una vez más su inconmensurable destreza al bajo cantando a la vez (tarea harto difícil según todos los músicos con los que hablo), y las canciones cantadas por  Francina Ribes (voz, sintetizador y ukelele) sonaron como si llevara toda la vida siendo voz solista del grupo. Fue en ‘Tiquets’ en la que Marc Ribera (voz y guitarra) se lanzó a hacer el siempre hipnótico espectáculo con la sierra (¡qué manera de modular aquello tiene este músico!).

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Tan como en casa estaban Doble Pletina que se hicieron un rato de unplugged: salieron de la zona acotada como escenario y con una puesta en escena como de los conciertos clocharistas aquellos que hacían Astrud en la calle, y cantaron dos temas ubicados primero en un extremo de la sala y luego en el otro, a escasos centímetros del público. Fue mágico escuchar ‘Deseos a la primera’ y ‘Cruzo los Dedos’ con Laura y Marc sublimes a capela, acompañados por Francina muy juguetona con el ukelele. Decididamente el momento álgido del concierto, por emocionante y por único.

La hora y media larga de concierto nos dejó, además, empastes de voz perfectos (deliciosos en ‘¿Puede callarse todo el mundo?’); el toque La Buena Vida de ‘La progresión exponencial’; o su canción más Beach House (‘Primeras impresiones’, no me digáis que instrumentación y voz no os parecen obra de los de Victoria Legrand). Además hubo espléndidos momentos de palmeos con toda la banda involucrada; excelsos y minuciosos trabajos de Jaume Cladera (sintetizadores) y Jordi Llobet (batería) generando algunos instantes que recordaban a bases de los Magnetic Fields; un oasis de animada ejecución con ‘Soltera’; y, por supuesto, su incontestable hit ‘Música para cerrar las discotecas’, que tocaron al final, justo antes del bis.

Acabaron con ‘Nada’ y recibieron un buen rato de sonoros y merecidísimos aplausos. Su dominio del cambio de registro y de la canción pop vista desde todos los prismas bien les vale su ubicación en ese podio del indie estatal más versátil que ya conquistaran bandas como Klaus&Kinski. Son un ejemplo de camaleónica rara avis del panorama musical de aquí que bien merece una escucha activa y atenta. Y lo mejor de todo en lo que nos concierne en este texto: en directo hasta ganan. Una delicia.

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Fotos: Clara Vilar

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