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Días Nórdicos, Joy Eslava, Madrid (09-09-2016)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Un año más, el ciclo Días Nórdicos, que abarca música, cine, teatro o literatura, dio el pistoletazo de salida con una noche en la que nos mostraron la actualidad musical escandinava. Cuatro grupos muy diferentes entre sí, que desde Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca, nos dejaron muy buenas sensaciones.

Lamentablemente, no pudimos llegar a tiempo para ver a la finesa The Hearing, pero sí os recomendamos “Adrian”, su último trabajo, en el que nos da una buena muestra de lo bien que se le da la electrónica más minimalista. Así que empezamos la noche con el noruego Nils Bech. Su propuesta bebe de la intensidad de Antony, la teatralidad de Marc Almond, y la delicadeza de James Blake. Una mezcla que, encima de un escenario, resulta de lo más interesante. El de Hønefoss no puede negar que, además de cantante, también es actor y modelo, y sus conciertos tienen mucho de “performance”. Acompañado de un músico que soltaba bases pregrabadas con su Mac, consiguió mantener la atención de público, y dejar alguna que otra joya, como ‘Waiting’, el tema que anticipa su nuevo álbum.

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Apenas diez minutos después, Hey Elbow se subieron al escenario de la sala Joy Eslava. Poco tiene que ver la propuesta del trío sueco con la del noruego, lo suyo es el rock intenso, un poco experimental, y bastante contundente. En gran parte por su batería, todo un maestro de las baquetas, que llevó todo el peso del concierto. Pero no le vamos a quitar méritos a sus dos compañeras. Tanto una, con su trompeta y su pedal de loops, como la otra con su guitarra y su voz, consiguieron que aquello sonara épico y como una apisonadora. Como muestra ‘Rael’, el impresionante tema con el que abrieron su show, que nos dejó a todos con la boca abierta. O ‘Martin’ y ‘Ruth’, que tan solo necesitaron de su base rítmica para dejar al público satisfecho. Lo mejor de la noche, sin duda.

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Nelson Can era el grupo más conocido de la velada, y no era la primera vez que pisaban suelo español. La suya es un propuesta curiosa, en la que mezclan oscuridad a lo Siouxie, algo de funk, y mucha de la épica que suele tener el rock más dark. Y todo esto sin guitarra. El gran protagonista de su música es el bajo, el cual, muchas veces, tocan como si fuera una guitarra. Esto hace que, en algunas ocasiones, sus canciones tengan un cierto toque dance, casi disco. Fue el caso de los primeros temas de su concierto, que, a la postre, fueron los mejores. Y es que, su batería, también dio buenas muestras de saber muy bien lo que hacía con su instrumento. Una pena que, poco a poco, el concierto, fuera decayendo, hasta acabar en un espectáculo más de rock gótico. Eso sí, hay que mencionar a su cantante, todo un portento de voz y un animal encima del escenario, que acabó su show cantando junto al público de las primeras filas.

La sensación final fue muy positiva, ya que, independientemente de los gustos de cada uno, todas las bandas demostraron tener tablas suficientes para codearse con lo mejor de sus respectivos países. Estaremos muy atentos a ellos.

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