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Depeche Mode, WiZink Center, Madrid (16-12-2017)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Puede que los últimos discos de Depeche Mode no sean excesivamente interesantes, y puede que los de Basildon lleven años yendo sobre seguro, pero es innegable que sus directos siguen siendo una comunión absoluta entre grupo y público. La otra noche lo volvieron a demostrar, una vez más, en su visita al WiZink Center de Madrid, donde, con todo el papel vendido desde hace meses, se llevaron las continuas ovaciones de sus seguidores, y salieron por la puerta grande.

Desgraciadamente, llegamos a la última canción de Pumarosa, la banda encargada de abrir la velada. Su álbum de debut es uno de los trabajos más interesantes de este año, y su post-punk, abrasivo y oscuro, es de los que impacta. Además, consiguieron llenar un espacio tan grande y gélido como este. Y es que, esa ‘Priestess’, con la que cerraron su concierto, es de lo más hipnotizante.

Resulta curioso que los Depeche Mode de 2017 salgan al escenario con los acordes del ‘Revolution’ de los Beatles de fondo. Pero es cierto que, desde hace casi un par de décadas, se han convertido en una banda de rock, por lo tanto, esa guitarra sucia de George Harrison, no desentona en ningún momento. Además, el carácter abiertamente político que tiene el último trabajo de los de Dave Gahan, también casa con este clásico de la banda de Liverpool. Vamos, que está todo de lo más estudiado.

Going Backwards’ fue la encargada de dar el pistoletazo de salida, y hay que reconocer que es una canción perfecta para que la gente se vaya adentrando en el concierto. Y es que, Depeche Mode siguen un guion desde hace años, en el que hay unas pocas canciones nuevas, dos o tres clásicos, que no hits, y los éxitos para cerrar la jugada. De hecho, esa es la única pega que se le pude poner a sus conciertos, pero la verdad es que les sigue funcionando. Así que, si de segundas te sueltan una imponente ‘It’s No Good’, es difícil que ya no te tengan ganado durante todo el concierto. Porque si una cosa hay que reconocer a Depeche Mode, es que tienen los estadios totalmente dominados. Sus directos suenan a gloria, llevan una puesta en escena acorde con el recinto, pero no excesiva, y cuentan con el que probablemente es el mejor frontman de la actualidad. A sus 55 años, Dave Gahan sigue moviéndose como un poseso por el escenario, se contonea y la pantalla gigante enfoca un primer plano de su trasero, da vueltas sobre sí mismo, corre por la tarima para acercarse a las primeras filas y, por supuesto, canta de maravilla. Por eso el setlist casi no importa, ya que da igual que sea “Ultra” el que se lleve el máximo protagonismo, y que tengan los primeros años de su carrera casi olvidados: un concierto de Depeche Mode va más allá de las canciones que tocan.

Evidentemente, hay momentos más álgidos que otros, y esos suelen llegar cuando se ponen más electrónicos. Siempre he pensado que la batería y el formato rock han limitado a Depeche Mode en directo, así que, cuando nos ofrecen una ‘Everything Counts’ como la que hacían en 1987; esa que acabo siendo el single de su mítico “101”, o una ‘World In My Eyes’ oscura y sintética, los que somos seguidores de la banda desde los ochenta, nos emocionamos un poquito más de lo normal. Aunque hay que reconocer que otro de los grandes momentos de la noche fue cuando atacaron ‘Cover Me’, una de las canciones de su último álbum, que cuenta con una intensa tormenta de teclados final. Y, por supuesto, no hay que olvidarse de ‘Stripped’, con todo el WiZink Center coreando su teclado, tan épico y reconocible. O ese final de ‘Never Let Me Down Again’, en el que el público ondea los brazos de un lado otro, creando una de las imágenes más emocionantes que se pueden ver en un concierto. Y luego está ‘Enjoy The Silence’, la canción que todo el mundo quiere oír.

La gran sorpresa de la noche llegó nada más empezar el bis, que fue cuando Martin Gore cogió su guitarra se hizo con estupenda versión desnuda de ‘Strangelove’. Y es que, otra cosa que hay que reconocerles, es que siempre suelen reinventar sus canciones. Tras ella, pusieron el turbo, y nos dejaron un trio infalible formado por ‘Walking In My Shoes’, ‘A Question of Time’ y ‘Personal Jesus’. No se me ocurre otra forma mejor de cerrar una noche memorable.

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