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Damien Rice, Teatro Circo Price, Madrid (20-09-2018)

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El triunfo del folk global

Vivimos un triunfo del folk anglosajón presidido por músicos tan mediáticos como Ed Sheeran. Pero seguido de cerca por artistas como Glen Hansard y Damien Rice. Y algunos con un éxito tan sorprendente como el propio Damien Rice, que, en la primera visita a Madrid tras 16 años de carrera musical, agotó las localidades pese a los precios poco populares (comprendidos entre los 36,50 en grada a los 60,50 euros en platea) para un concierto acústico en solitario.

Es cierto que el irlandés Rice lo da todo desde el primer acorde de “The Professor & La Fille Danse” (de su disco B-Sides (2004) con el que abre su concierto de Madrid, que ya sabe a triunfo desde el momento en que aparece en escena y un estruendo de aplausos lo recibe. Es una música que habla del amor y del desamor, temas universales que tocan a todo el común de los mortales. Son retazos de vida que conectan con una amplia mayoría, y que enganchan. Rice más allá de su timidez, consigue conectar con la audiencia por su naturalidad. Y por utilizar recursos típicos como hacer participar en los coros a todo el público como ocurrió en “Volcano”, o como cuando hace subir al escenario a una madre con su hijo, fans absolutos que fueron a verle a Milán hace años para hacer los coros.

Y además del poderío de su voz, abraza la versatilidad al desenvolverse por igual en su guitarra acústica y en el piano (en temas como “9 crimes”, “Cold Water” o “Accidental Babies”), si bien se le ve más seguro y hábil en su acústica. Conmueve con piezas desgarradoras como “Elephant”, donde proyecta su voz hasta un lugar lejano, una canción que tiene ese punto Radiohead. Con tan solo tres discos (‘O’ (2004), ‘9’(2006) y ‘My favourite faded Fantasy’ (2012) y uno de caras B, Rice ha llegado lejos. Exprime su potencial en esas confesiones de chico viajero, que ha vivido en Francia, y que rememora su visita a Barcelona o su estancia en Alcalá de Henares.

Pero Damien Rice, pese a dejarse la piel, y su poder escénico, aún no tiene el alcance de Bob Dylan, ni de Ray Davies. Y es que no es fácil llegar lejos en un formato acústico. Aunque utilice elementos esenciales como su voz de manera excelente. Pese a que utilice pedales para crear capas. O aunque cante ‘a capella’ sin micro. Me sucede que los conciertos acústicos de más de hora y cuarto se me hacen especialmente largos y acaban cansándome. Y eso mismo me sucedió con Rice, del que me sobraron algo así como 20 minutos, o tres o cuatro canciones. Pese a su capacidad escénica. Pese a su enganche consolidado con el público. Un público fiel y entregado desde el momento que sale a escena. Rice seduce y asombra por su portentosa voz, desde un minimalismo natural (prescindiendo en directo del preciosismo de canciones bellas como “I don’t want to change you”, que requieren formato banda) y todo por el poder de sus canciones. Es la música del corazón, que llama a lo esencial y atrapa. Pero en la ecuación me falta alguna variable.

Foto: Adolfo Añino (NOS Primavera Sound 2015)

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