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Damien Jurado, Teatro Calderón, Madrid (22-10-2018)

Autor: | @adolf_ito

El pasado lunes actuó Damien Jurado en el Teatro Calderón de Madrid. Venía a presentar su flamante nuevo trabajo, The Horizon Just Laughed, y se anunciaba “con banda”, pero la banda se quedó en Josh Gordon, que le acompañó a la guitarra en un escenario austero y minimalista.

Minutos antes del concierto hablaba con mi amiga Belén sobre la ausencia de banda y ella me decía que lo prefería sin ella. Comprendo el enfado de los que compraron la entrada con la ilusión (y promesa no sé hasta qué punto contractual) de verlo arropado por otros músicos, pero tengo que reconocer que las canciones de Jurado parecen hechas para ser desnudadas por completo y poder hurgar en ellas, en cada uno de los mínimos detalles que las componen.

Damien Jurado empezó como miembro de grupos de punk cristianos (cuando uno bucea entre los estilos musicales americanos, el adjetivo cristiano aparece calificando al rock o al pop con frecuencia, y se ha convertido en una categoría típica en los catálogos de las casas discográficas), y fue esto quizá lo que labró en parte su independencia musical (el punk), como refleja Steve Huey en un texto biográfico sobre el cantante. Aunque se tiende a enmarcarlo rápidamente entre el grupo de cantautores atormentados como Nick Drake o Elliott Smith (las influencias del primero son obvias), no hay que olvidarse de otros como Bob Dylan o, desde mi punto de vista, el Neil Young más íntimo (y es curioso que los dos tengan una canción que se llama Ohio). De todos modos, este profesor de primaria originario de Seattle ha tenido una vida como para no incluirlo en la categoría de atormentados: reconocía en una magnífica entrevista que le hacía Kyle Meredith en la revista Paste que toda su familia había sufrido de enfermedades mentales, que había intentado suicidarse en más de una ocasión y, hablando de los motivos de la cancelación de su anterior gira europea, escribía en su página web “I found myself at home with what seemed to resemble a tangled ball of twine. Some days I would get a knot to loosen, only to find that it had pulled those around it taught. The quicker I tried to make my way through, the more mangled it became. It became overwhelmingly clear (beyond trying to convince myself otherwise) that I couldn’t handle any more knots. What I needed was the time to slowly untangle them, however long that takes.”

Volvamos ya al concierto, que es lo que aquí nos ocupa. Hubo un telonero, Nacho Casado, que ofreció al público que iba llenando poco a poco el patio de butacas y parte del primer piso del teatro su repertorio de pop pasado por la bossa nova. Resultó agradable; poco más. Después prepararon el escenario para Damien Jurado: dos sillas en vez de una y dos guitarras en vez de una. Fue un cambio de lo más rápido (y también retiraron el setlist de Casado, en el que se podía leer “Damien Jurado – Barcelona”, de lo que podemos deducir que tocó las mismas canciones que allí). Diez minutos después hacía acto de presencia Jurado junto a Josh Gordon, viejo colaborador de él y de su amigo Richard Swift, que también fue, por otros motivos, protagonista de la noche. Damien Jurado venía a presentar The Horizon Just Laughed, primer trabajo en el que él mismo se ocupa de la producción, por lo que de alguna manera es lo más personal que ha hecho hasta la fecha. Empezó con la “drakeniana” Dear Thomas Wolf, para continuar con la preciosa Allocate y cuatro canciones más de este último álbum, de hasta ocho que tocó en las casi dos horas de concierto. Tuvo que ser Saturday, un tema del magnífico Rehearsals for Departure que le produjo Ken Stringfellow y del que no cayeron más canciones en toda la noche, el que rompiera por un pequeño instante la sucesión de canciones nuevas. Tras Marvin Kaplan empezaron a sonar canciones principalmente de sus trabajos más actuales y se abrió un poco al público. Comentó que en España se siente como en su segundo hogar (y recalcó que lo dice de verdad, que hay sitios que no le gustan nada –dijo cuáles–, pero que no lo contáramos por lo que pudieran decirle), y que cuando habla suele decir cada frase como si fuera una única palabra –que es típico de los de Seattle–. Y, de pronto, llegó uno de los momentos álgidos de la noche. Nos comentó que Richard Swift, productor de cinco de sus discos y que acaba de fallecer por problemas de adicción, era como un hermano para él, y que le quería hacer un homenaje interpretando su tema The Novelist. Nadie pudo poner en duda que les unía una amistad profunda, porque un poco más y no es capaz de cantar la última sílaba de la canción, que consiguió pronunciar mezclada con un sollozo. Incluso en la siguiente canción, Cloudy Shoes, en sus primeros compases no pudo evitar “fungar” entre frase y frase (los gallegos o portugueses habréis entendido el término, pero no encuentro una palabra en español que defina esa acción –haciendo un aparte, os recomiendo leer Verbas, un breve poema de Pimentel que muestra maravillosamente las preciosas palabras que encontramos en el idioma gallego y que encaja perfectamente con el ambiente del concierto de Damien Jurado–).

La recta final del concierto, ya sin Josh Gordon y sus impagable guitarra sobre el escenario, seguía el plan establecido (canta prácticamente las mismas canciones en los conciertos de esta gira), pero una petición de una chica del público le animó a variar el programa. Cuando oyó que le pedían Working Titles, un tema de Maraqopa, dijo que esa era una canción que hacía mucho que no tocaba y que no era mala idea, pero que le echaría la culpa a ella si no era capaz de acordarse de toda la letra (dijo después: “bueno, la culpa realmente será mía”, pero la memoria no le jugó una mala pasada y no hubo que echar la culpa a nadie). Con este tema, el concierto ya casi tocaba a su fin y, después de una enorme ovación con gran parte del público puesto en pie, llegó el momento de los bises, que se cerró con una magnífica versión de Kola, uno de los mejores temas de su anterior trabajo, Visions Of Us On The Land.

Muchos salían del concierto comparándolo con el que dio hace unos años en el Teatro del Arte. Para mí era el primero de Damien Jurado y, sin poder compararlo con otros, reconozco que salí emocionado. No está bien vender un concierto diciendo que el músico viene con su banda si no lo va a hacer, pero, en esta ocasión, la mentirijilla quizá mereció la pena.

Fotos: Adolfo Añino

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