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Crónica Sónar 2015

Autor: | @bohemian_corner

Tras cuatro ediciones seguidas asistiendo a Sónar, puedo decir sin temor a equivocarme que esta ha sido la más redonda de todas. Un gran porcentaje de las actuaciones superaron el notable, los espacios de día y noche cada vez están mejor adaptados a las necesidades de cada artista aunque el tema de las colas para pedir en barra, especialmente en Sónar noche, es casi insalvable.

El espacio de Sónar +D cada año está mejor organizado y ofreciendo un amplio abanico de interesantes propuestas: conferencias que abordan cualquier apartado de la electrónica actual desde todos los prismas posibles, talleres (qué pasada el de “Construye tu Mute synth” ), los Meet & Drink con nuestros queridos Pin& Pon djs, el increíble área de realidad virtual o el Music Hack Day...Fue de diez.

Ser de Murcia e ir a Sónar implica un nivel de organización parecido al de las campañas de Oiarzabal al K2. Y pese a las siete horas de viaje siempre llegamos a Barcelona con una sonrisa. En esta edición solo pudimos acudir viernes y sábado, y tardaremos mucho tiempo en perdonarnos no haber visto a Autechre pues sus directos en los últimos años más allá de Norteamérica son escasos.

Viernes

Sónar Día.

Era imprescindible llegar a las 14:00 para escuchar a una de las formaciones que previamente habíamos recomendado pero que nunca habíamos disfrutado en directo. LCC, 2 asturianas que transmiten una energía tan positiva como bellos y orgánicos son los paisajes que dibuja su sonido. Pero ojo, que su ambient viaja también por senderos más oscuros y complejos con la misma solvencia. El Complex fue suyo durante 40 minutos en los que terminaron de convencer hasta al último de los presentes. Tras el notable álbum de debut – d/evolution – , el futuro no puede más que devolverles la sonrisa. Genial comienzo.

Tras reponer fuerzas en busca del ceviche perfecto teníamos la voluntad de ser sodomizados con lo que Vessel acostumbra. Capas de oscuridad y contundencia al servicio de un tipo que ha revisitado las catacumbas sonoras para quedarse. El Sónar Hall celebró la venida de este príncipe del inframundo que con su renovada idea de techno difuso en mil atmósferas volvió a conquistarnos. Seguimos con otra de las claves nacionales del día, Headbirds, quien junto a Cauto disfrutó de lo lindo en un Village con bastante colorido que recibía su house y gusto por la bass music con los brazos abiertos. Acabaron con cambios de bpm´s, melodías acidorras y un público enloquecido.

Dos nombres a destacar en lo que quedaba de tarde. Kiasmos, esa increíble conjunción entre Olafur Arnalds y Janus Rasmussen, es el resultado de el encuentro del techno más melódico con el pop ,donde el baile no es una necesidad primaria sino consecuencia de tantos quilates de belleza. El Sónar Hall acabó absolutamente enamorado. Por otro lado, Squarepusher, otro hijo de Warp que nada tiene que demostrar a estas alturas. Un visionario que maquina el mañana sonoro desde su estudio a través de un drum and bass de incalculable estructura que fluye junto a melodías procedentes de una caja de pandora que él solo supo abrir. Se ha vuelto a reinventar en su celebrado “Damogen Furies” y Sónar se lo agradeció con sus bailes en uno de los momentos del festival. Historia viva.

Sónar noche.

Por Blastto acudimos pronto a la edición de noche.Lo conocí en su día por un cojonudo remix del You Gonna Miss You de 13th Floor Elevators y fue genial seguirle la pista con algunos streams de Brrrrrap donde comprobamos lo golfas de dichas reuniones y su espíritu libre a los platos. Calentó al personal que esperaba a A$AP Rocky y acabó demostrando que está sobradamente preparado para la contienda que proceda, ya sea con bass, grime, o con lo que se ponga por delante. Personalidad y clase desde Londres.
Luego, a Hudson Mowhawke tuvimos que pedirle perdón. Cuando la dirección de Sónar anunció a finales de mayo que faltaba un artista en el line up y nada menos que de Warp, muchos pensamos en la posibilidad de que Boards of Cánada fueran los elegidos en casi seguro uno de los momentos de nuestras vidas. Cuando dijeron que el elegido era el británico nos quedamos un poco chafados y quizás no fuimos los únicos pues el aforo del SónarLab durante su actuación fue más que discreto. Dicho eso, el live fue imponente. Visitando su recién salido “Lantern” y con indiscutible gusto por los ritmos rotos y el trap, consiguió el respeto y la admiración de los que allí estábamos.

Jamie xx. No se qué decir a lo ocurrido el viernes. Solo un maestro puede facturar las remezclas de los últimos temas de Gil Scott Heron en We´re New Here y luego cascarse la maravilla de In Colour. Es que encima en directo roza lo sublime. Elegancia, equilibrio y músculo al servicio de una mente que sueña con la felicidad del prójimo. Y vaya si lo logró. Mezcló repasando parte de su carrera sonora y nos llevó al sincero éxtasis. A sus pies, sir.

Decía Lineker que ” el fútbol eran contra once y siempre ganaba Alemania” , y eso es lo que ocurrió en el SonarCar. Helena Hauff es una germana que controla a la perfección esos submundos del darkwave y EBM que tan bien representaron a parte de la escena alemana de los ochenta. Si a ello unimos que también le gusta el techno roto e industrial, el resultado es un compendio de intensidad y oscuridad, propio de una logia luciferina suiza o de cualquier antro berlinés con contraseña de finales de milenio. Pusimos colofón con Roman Flugel, uno de los padres del éxito electrónico alemán que lleva mil décadas en la escena electrónica reinventándose a través de los mejores sellos como Dial o Klang Elektronik, o conquistando al mundo con sus hits como Alter Ego. Tiene una de las mejores coleciones de vinilos que recuerdo y cumplió con su cometido, nos hizo bailar sin cese en un cierre tan digno como por momentos memorable.

Sábado

Sónar Día

Sin sorprendente resaca y con un Village ya con gente – muchos iban de empalmada más que seria – nos encontramos con el final del set de Pedro Vian. Techno a bajas revoluciones propio de alguien que entiende el contexto, la hora, y que pese a ello no renuncia a su habitual discurso sonoro. Genial aperitivo antes de Fernando Lagreca, uruguayo afincado desde hace años en Barcelona que trajo bajo el brazo el live de su último álbum Control, y que simplemente fue perfecto para calentar las almas corruptas de los allí presentes. Incluso puso voz a los crujientes ritmos que salían de las máquinas que le acompañaban.

El día comenzaba bien y uno de los primeros platos procedía de la Finlandia más gélida y oscura. Hablamos de Mika Vainio, ese capo del techno abstracto que lleva lustros demostrando que otro camino es posible. Desde el sello Sahko nos abrió desconocidas puertas a sonidos hipnóticos, fríos y de clara influencia para exitosos productores posteriores como Sleeparchive. En esta ocasión, su live mostró la cara más ambiental y abrupta del de Kuopio. Una amalgama de capas que parecían romper en cualquier momento pero cuyo bombo saludaba tímidamente entre las sombras. Gran experiencia.

Lo que sí nos sorprendió fue el discurso de Tourist. Acostumbrados a la habitual melancolía en conflicto con la pista de baile de William Philips, en esta ocasión no dejó lugar a las contemplaciones. Delicados ritmos rotos made in UK provocaron que en el lúgubre SonarHall nadie dejara de bailar ni un segundo. Agradecimos esta contundente propuesta ante lo que se nos venía encima. En primer lugar, con Valesuchi. Nada sabíamos de ella, y cuando entramos al SonarDome y escuchamos ese techno tan cadente y peculiar creíamos que estábamos ante una japonesa influenciada por el histórico éxito del 4×4 en el país del sol naciente. Pero nada más lejos de la realidad. Es chilena, tiene una técnica depurada, una actitud sincera ante la pista y la capacidad de aunar ritmos tropicales con elegante techno y house que nos dejó sin habla. Para mi la sorpresa del festival. Los amantes del techno nada evidente tenemos alguien nuevo a quien seguir en este valle lleno de desilusiones. Gracias, Valentina.

Y con el comienzo del extravagante live de Zebra Katz recibimos un mensaje que cambió nuestra tarde. “Madre mía Evian Christ, espero que lo estés viendo”. Y allá que fuimos. El hombre del festival y uno de los espectáculos más imponentes de las últimas ediciones de Sónar. Parecía un hijo no reconocido del mejor Aphex Twin – además acaba de firmar por Warp– con esa camiseta en deshonor a dj Tiesto y gafas de sol propias de cualquier after murciano. Intensidad, juventud, y un dominio de lo subterráneo que asusta. Desgarradores graves y continuos cambios de ritmos hacia latitudes que solo él parece divisar. Fue dios, una vez más, y seguiremos acudiendo a sus homilías con devoción.

Holly Herndon hizo en el Complex algo para mayores de edad. Para espíritus pacientes que no juzgan sin intentar buscar la belleza en lo desconocido. Preciosa voz entremezclada con ritmos propios de la electrónica menos evidente que evocaba a Vladislav Delay y esos agrietados cortes de principios de milenio. Visuales y sonido elevaron este directo a la categoría de arte. Para cerrar, Henrik Schwarz. Los que hemos estado en los últimos cierres de Sónar Día nos hemos ido con sabor agridulce, faltos de ese punto de luminosidad y potencia que exigimos a tal magno momento. Y el de Innervisions lo comprendió perfectamente. Más que respetable deep house, con groove pero sin caer en lo previsible, para poner la guinda a un perfecto atardecer.

Sónar Noche

Cerrar con Mr Schwarz nos impidió llegar a tiempo para disfrutar de FKA Twigs, aunque los últimos minutos de actuación sirvieron para confirmar de nuevo que domina como nadie el escenario, creando un ambiente íntimo y minimalista y seduciendo al personal a base de una brutal voz e hipnóticos bailes. Imposible no ser conquistado por la clase y calidad sonora de la jodida dueña de nuestros días. Atravesamos de paso el escenario principal donde comenzaba Erol Alkan, ese tipo impoluto de electro facilón que embaucó a desnortados jóvenes hace unos años, y el que nos calló la boca de un plumazo. En primer lugar, qué sonido el del SonarClub. A mitad de esa eterna pista el pecho te vibraba como si estuvieras sentado encima del soundsystem, y todo con una pasmosa nitidez. Y luego lo que hizo este buen hombre. Techno duro con contínuos ritmos ácidos, una receta que no falla pero que pocas veces divisamos en un festival de este calibre. Nos hizo disfrutar, aunque se le paró la música en varias ocasiones, como luego le pasó a Scuba – vaya obra tan seria su Claustrophobia y quirúrgica su sesión del sábado- en uno de los pocos fallos técnicos con el que nos topamos en el festival.

Mi apuesta personal en torno a la música de baile para esta edición de 2015 era el galo Rone. Empezó en un SónarLab medio vacío y acabó siendo el coronel de aquel ejército de simpáticos locos. Un constante in crescendo de épicas melodías y filtros retorcidos que no solo nos hicieron bailar, sino comprender la escasez de artistas en la escena con la capacidad de emocionar y elevar a esos paralelos que solo los elegidos dominan. De PXXR GVNG solo puedo decir dos cosas. Que no soy fan de estos tipos pero que las bases de Steve Lean suenan increíbles. Y dos, que han logrado convencer a las nuevas generaciones de que nuevas vías son posibles, dominando el trap como pocos. Dicho eso, aguantamos poco viendo la que estaban liando y nos fuimos con la última alegría de la noche antes de sacar la bandera blanca y rendirnos. Flying Lotus, ese genio de lo imprevisible, volvió a sacársela ante sus acólitos. Con las visuales más increíbles de la jornada aunó su particular macedonia de hip hop, electrónica y jazz para dejar boquiabiertos a los que allí permanecimos inmóviles contemplando algo difícil de explicar. Menudo genio el de Los Ángeles.

Tras disfrutar a Scuba, y luego dar una oportunidad a Siriusmodeselektor para comprobar que siguen anclados en un bonito pasado, era el momento de decir hasta luego con los primeros minutos de Laurent Garnier, leyenda que genera respeto allá por donde pisa a base de techno y un profundo conocimiento de la historia de la música electrónica de los últimos treinta años.

En resumen. ¿Es Sónar el mejor festival de España? No tengo duda alguna. ¿Ha sido esta la mejor edición de las cuatro seguidas que llevo acudiendo? Sí rotundo.
Calidad sonora, impresionantes espacios adaptados a las diversas propuestas, y un público que respeta y disfruta sin importarle nada más.

Me hago mayor, y quería que este fuera mi último Sónar en una temporada. Pero mi voluntad queda reducida a cenizas una vez más. Nos vemos en 2016.

 

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