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Crónica Primavera Sound 2016

Autor: | @indienauta

Lunes 30 de mayo

Esta vez inauguramos el festival en la sala Apolo con el inesperado retorno de los maravillosos Mar Otra Vez, uno de los primeros proyectos discográficos de Javier Corcobado y auténtico grupo de culto. Su visión personal del post-punk y la no wave sigue siendo un electroshock 30 años después y Corcobado sigue gritando como nadie. El final, con un “Canción pequeña II” alargado hasta un paroxismo de batería y palmas, fue de los que se recuerdan. Palmer

Genesis P. Orridge no se mantiene tan en forma, aunque su imagen, a medio camino entre hippie, punk y Carmen de Mairena siga siendo impactante. Aparcando totalmente su lado mas terrorista, electrónico y experimental, Psychic TV ofrecieron un show amable, quizá demasiado, centrándose en el rock psicodélico de canciones como “How does it feels” o “After you’re dead, she said”. Funcional, especialmente gracias a la carismática Alice Genese, pero sin la mordida que esperábamos. Palmer

Miércoles 1 de junio

Núria Graham: Ni siquiera era mediodía pero ya hacía un calor infernal. Cuatro gatos en el Day Pro. No son las mejores condiciones para que uno se estrene en esta edición del Primavera 2016. Afortunadamente, Núria Graham enchufa la guitarra y en cuanto abre la boca asalta el escenario. Sus canciones parecen flotar ingrávidas, ahora folkies e íntimas, luego épicas y ensoñadoras, después sugerentes y esquivas, más experimentales, como el final abierto de un relato abrumador. Talentazo. Raül Jiménez

Doble Pletina: Una de mis debilidades nacionales tenía la complicada misión de que su indiepop minimalista —Así es como escapó redobla la apuesta, que valientes son— enganchara a «propios y extraños» en un Parc del Fòrum con abundancia de lo segundo, ya que estaba bastante lleno para la temprana hora de la tarde. Creo que lo lograron, aunque el escenario Primavera sea demasiado vasto para su delicada música y la voz de Laura quedase en ocasiones algo soterrada. Y escuchar Música para cerrar las discotecas o Artista revelación siempre será la manera, ideal, deliciosamente irónica, de comenzar el «Festival de festivales». Raül Jiménez

Sr. Chinarro: Rocoso y excepcionalmente sólido el show del músico sevillano, logrando que algunos de los nuevos temas de El Progreso brillasen incluso más que los «grandes éxitos» como Del montón, Los Ángeles, El lejano oeste, El rayo verde, o la más ligera y reciente Una llamada a la acción. Mención especial merecen en este sentido El castigo y El progreso —en disco también es espectacular—, incandescentes, épicas,refulgentes. Emocionantes. Raül Jiménez

Como chamanes psicodélicos, enmascarados tras sus disfraces tribales Goat procedieron a demostrarnos que los ritmos tribales, el kraut rock, los riffs de rock ácido, el funk y el cachondeo no están tan lejos. Una jam cósmica y enloquecida guiada por la energía inagotable de las dos cantantes principales. Palmer

Fue una grandísima idea duplicar la presencia de Suede en el festival. Si bien el álbum conceptual “Night Thoughts es probablemente el mejor trabajo de la banda desde “Coming Up” su presentación en exclusiva (que incluye un montaje multimedia junto a una película de Roger Sergant) inevitablemente nos hubiera dejado el regusto agridulce de no poder disfrutar del arsenal de clásicos del grupo. Y de eso fue esta noche; un par de menciones al último disco (absolutamente magnífica “Outsiders”) y de lleno al glam rock de “Animal Nitrate”, “The Beautiful Ones”, “New Generation”, “The Drowners” y demás. Una imparable avalancha de hits que siguen siendo incontestables más de una década después, especialmente cuando son presentados con la siempre desbordante y excesiva, en el buen sentido, presencia de un Brett Anderson por cuyo carisma no pasan los años y que demostró una vez más que juega en otra liga, la de los mejores frontmans del mundo. Simplemente infalibles. Palmer

Jueves 2 de junio

Mi jueves comenzó con Alessandro Cortini, colaborador habitual de Nine Inch Nails, cuyo dark ambient electrónico muestra claramente por qué encajó como un guante junto a Trent Reznor. Su música tiene menos influencia del rock industrial y el ruidismo pero mantiene ese corazón oscuro, ese pulso de inquietud que a muchos nos fascina, aunque la puesta en escena no aportase nada especialmente interesante. Palmer

Autumn Comets sonaron tremendamente sólidos con su shoegaze canónico y sin duda hubieran merecido mejor hora y más tiempo que unos rácanos 35 minutos para que hubiéramos podido disfrutar plenamente de más joyas como “Seven Years”. En cualquier caso, los madrileños convencieron. Palmer

Guitarra. Batería. Hard rock. Riffs. Blues. Energía. Punk. Carisma. ¿Corea? Pues no, no eran White Stripes ni falta que hace. Son Dead Buttons y aunque usen armas parecidas el hard punk rock del dúo coreano se sostiene por encima de cualquier comparación a base de potencia, presencia y un sonido que muchos no conseguirían ni con diez miembros. Palmer

Para la mayoría, Explosions In The Sky están en una especie de segunda división del post-rock más cercano al rock, por detrás de GY!BE y Mogwai y eso, junto a su último y más reposado trabajo “The wilderness” quizá hacía presagiar un show menos impactante. Poco tardó la banda de Austin en desmentirlo con rotundidad con uno de los conciertos más épicos de esta edición. Emocionantes hasta o absurdo, manejando hábilmente la tensión, contenida entre arpegios al comienzo hasta desbordarse en cataratas de distorsión en el momento justo, sonaron espectaculares y precisos. Cortes tan perfectos como “Your hand in mine” o el fabuloso cierre con “The Only Moment We Were Alone” hicieron el resto. Para recordar. Palmer

Pocos conciertos tenía más ganas de ver que el del más que mítico John Carpenter. Pocas veces he ido tan desarmado, sin saber qué esperar o qué pasaría. Y pocas veces he disfrutado tanto. Derrochando lo que los anglosajones llaman “attitude” a raudales, Carpenter tomo posesión del escenario sin el menor atisbo de duda y, junto a su hijo y en formato de banda clásica de rock, procedió a versionar los temas que compuso para su larguísima lista de clásicos del cine fantástico con su banda, intercalando algún divertidísimo tema al margen de sus bandas sonoras. El placer de poder bailar el tema principal de “Halloween” entre bases sintetizadas y guitarrazos casi heavys, de recordar al magistral Ennio Morricone mientras ves imágenes de un clásico indiscutible como “The Thing”, de reír y saltar y comentar lo grande que es esto con tus amigos, es algo que no se paga con dinero. No sé si fue el mejor, pero que fue magnífico creo que pocos lo discutirán. Que fue el que más disfruté, ya os digo que es directamente un hecho. Palmer

Acabamos el día con energía, la de White Reaper, concretamente, que sonaron poderosos y pogueables, aunque a base de furia se dejaran un poco las melodías de su garage punk por el camino. Pero nuestros doloridos gemelos son testigos de que se podía saltar a gusto. Palmer

Algiers: El listón estaba altísimo tras su explosivo show en el pasado Primavera Club. Y, aunque ciertamente la enormidad del escenario Heineken deslució algo su propuesta, siguen asombrando por su fiera presencia escénica —siempre presidida por su frontman Franklin James Fisher, su potencia sónica, su amalgama de estilos y su combativo discursivo. Quizás desapareció el factor sorpresa, pero ni muchos menos su extraordinaria pegada. Raül Jiménez

Daughter: Escenario grande y experiencias previas con Daughter no demasiado felices no hacían presagiar nada bueno. Pero, por una vez, éstos no se cumplieron ni remotamente. Estoy seguro que la sorprendente masa de público congregada —que la propia Elena Tonra calificó de «impresionante y aterradora al mismo tiempo»— para escuchar una música tan sutil quedó tan desarmada como un servidor. Y es que, aunque es cierto que la banda optó por el músculo en ocasiones, como en la olvidable No care, la práctica totalidad del set fue memorable, con momentos sobrecogedores como el de Smother —un diez para el respetuoso público, así sí—, la emotividad a flor de piel de Human, Youth y Numbers o la gozosa ensoñación dreampop de How. Si a eso le añadimos la adorable timidez de una Elena radiante el resultado sólo puede ser uno: un concierto maravilloso, hechizante. Raül Jiménez

A.R.Kane: Inesperadamente renacidos, en Barcelona aparecieron en formato de trío —los miembros originales Kaners Rudy y Maggie Tambala junto al nuevo fichaje Andy Taylor—, enseñando que lo suyo siempre ha sido «no hacer prisioneros» ni encasillarse en un sólo género. Mezcolanza onírica y aturdidora de dreampop, psicodelia experimental, dub, trip hop, noise… en la coctelera de los A.R.Kane cabe de todo, incluidas jam sessions espaciales, nuevos temas y rescates de clásicos como When you’re sad o A love from outer space. Han vuelto en forma. Raül Jiménez

Protomartyr: No es la primera vez que sucede en un Primavera Sound. Ver a una de esas bandas o artistas desconocidas aquí pero con un halo singular y una perspectiva de «poder estallar» y convertirse en hype en breve. Cruce de The Fall y los añorados The Walkmen en su vertiente más visceral, Protomartyr en directo es el caos, hierático y algo intimidante, de su líder Joe Casey, escupiendo sus ásperas diatribas entre trago y trago —el tipo es una esponja, pero hacia el final del concierto se empezaba a notar en su vocalización—, modulando los ropajes post-punk en relatos fragmentados de dolor, decepción y violencia, haciendo que Why does it shake? o I forgive you, duelan como bofetones. Yo ví a Protomartyr en el PS.   Raül Jiménez

Viernes 3 de junio

Big Summer: Lo avisábamos hace poco en Indienauta a cuenta de su segundo LP Trigger, Big Summer han decidido «enseñarnos los dientes». Y en el CCCB su repertorio, acompañado de unos visuales de lo más extrañamente hipnóticos, así lo atestiguó. Energía, guitarrazos y enjundia vital para un repertorio breve pero sólido como pocos. Raül Jiménez

Julien Baker: Nos la habíamos perdido la jornada anterior pero el escenario Martini nos brindó otra oportunidad. Sola con su guitarra y su vozarrón — no es posible que sea tan joven, ¿de dónde sale esa fuerza?— Baker ofreció una comprimida versión de su Sprained ankle para dejarnos pasmados gracias a sus desgarros vocales y honestidad brutal. Con la boca abierta. Raül Jiménez

Cass McCombs: Igual que en el caso anterior, la sala Teatre del CCCB —repleta— nos proporcionó la posibilidad de deleitarnos con el buen hacer del músico californiano y su intachable banda, mostrando su rango como guitarrista capaz de explorar los límites del folk-rock y adentrarse en largos desarrollos que flirtean con la psicodelia y las jams en un show que se hizo muy corto. Raül Jiménez

Oh Pep!: Ya en el Fòrum y en busca de algún refugio ante el martirizante calor, el escenario Night Pro nos ofreció la tan ansiada sombra en compañía de este simpático dúo de Melbourne —ampliado a cuarteto en directo—, responsable de un folk mutante que con frecuencia desembocaba en un pop colorista y ligero. Curiosos. Raül Jiménez

Ben Watt Band: Uno había escuchado los discos —con sinceridad, debido al pedigrí de su autor— y no acertaba a imaginar cómo iban a encajar en el escenario Ray-Ban ante una audiencia festivalera, muy probablemente en busca de propuestas más animadas. Craso error. Lánguido y delicado pero en total «modo eléctrico», la combinación se acercó a una versión menos épica de The War On Drugs o Kurt Vile en sus momentos más rockeros. Por supuesto, Watt estaba arropado por músicos de postín —batería de Talk Talk nada menos—, en particular Bernard Butler, brillante sin necesidad de buscar el lucimiento personal o transformarse en un «guitar hero». Grandes. Raül Jiménez

SavagesSi habéis tenido la ocasión de verlas en sala, ya sabéis que «maquinaria» tan implacable puede llegar a ser este cuarteto en directo. Y pese a que el repertorio escogido apostó por su faceta más agresiva —imagino que debido al «efecto escenario grande»— soslayando casi en su totalidad su primer disco Silence yourself o canciones indispensables como Adore su actuación tuvo muchos alicientes. El principal siendo Jehnny Beth, poseída e incansable, dando todo lo que tiene dentro, una y otra vez, para alcanzar al público asistente. Literalmente. Raül Jiménez

BeirutZach Condon y los suyos nos la debían. Hace dos años su concierto fue una de las decepciones del Primavera 2014, deslavazado, vacío, cómo escucharlos en mp3 cutres o por el móvil en plan «macarra del metro». Afortunadamente el sonido en esta ocasión fue irreprochable —esas trompetas y vientos—, llenando de melodías cálidas, fanfarrias animosas y evocadores pasajes instrumentales. Pop preciosista que no casaba demasiado con una muchedumbre en angustiado o etílico tránsito para el concierto de Radiohead, pero que si conseguías «aislarte del mundanal ruido», resultaba gratificante. Espinita sacada. Raül Jiménez

Dinosaur Jr.: Sí, nos perdimos a Radiohead. Pero soy incapaz de lamentarlo —me parece que no fuimos precisamente los únicos, a tenor de las caras de felicidad de los reunidos en el Ray-Ban—. Todo gracias a Mascis, un rugiente Barlow y un Murph sencillamente brutal. Tempestuoso y abrasivo, directo a la yugular y sin contemplaciones. Una hora de distorsión, feedback, latigazos de afiladas guitarras y un puñado de clásicos embutidos sin remisión entre temas más nuevos. Inextinguibles. Raül Jiménez

Royal Headache: Rápidamente hacia el escenario Pitchfork para comprobar si lo de Shogun y compañía es tan disfrutable en directo como en el muy recomendable High. Y aunque cierta simpleza instrumental asoma, la efervescencia e inmediatez pop-punk está ahí, innegable y contagiosa, propulsada por un frontman que se desgañita y retuerce en el escenario repleto de canciones que le salen a borbotones.  Raül Jiménez

The Last Shadow Puppets: Radical cambio de tercio —y carrera considerable para llegar a tiempo al H&M— para presenciar el show de Alex y Miles. Cayeron muchas de sus mejores composiciones al principio, como Miracle aligner, Standing next to me o Aviation, por lo que el arranque resultó primoroso. Pero cuando los temas comenzaban a flojear —entre muchas comillas claro, The age of the understatement sonó gloriosa— ahí estaban los dos amigos con su arrollador carisma, sus poses y vacilona socarronería para impedir que el concierto pudiera decaer. Mención especial para Alex Turner, bufonesco y especialmente encantado —ebrio también— en su cómica representación de «crooner con pelazo» muy pasado de rosca. Triunfales y divertidos.  Raül Jiménez

Fue un auténtico regalo comenzar el viernes con el fascinante Lubomyr Melnik. Hablador, humilde y cercano, el pianista hizo todo lo posible por transmitirnos su pasión por su personal manera de abordar el piano, la música continua, como él la llama. Tampoco hubiera hecho falta, su trabajo habla por si solo y ese final con una alucinada “Parasol” donde Lubomyr tocó a toda velocidad por encima de otra línea de piano pregrabada fue absolutamente glorioso, una cascada de sonidos que acabó configurando un paisaje cercano al drone y al shoegaze, un paisaje bello e inabarcable en el que perderse gustoso. Palmer

Aliment vinieron de Girona con la promesa siempre interesante de un garage rock de inspiración Stooges, aunque en directo parecen mucho más cercanos al punk y a los Clash del primer disco que otra cosa. Contundentes pero algo fríos no lograron una conexión con el público, quizá por la temprana hora. Tampoco lo consiguieron, al menos conmigo, White Fence. Psicodelia agradable pero sin el gancho suficiente para poco más que servir de fondo a un pequeño descanso. Palmer

No me gusta la idea del escenario Hidden. Admito que la idea de ver a ese grupo que tantas ganas tienes en un escenario pequeñísimo, con solo fans, alejados de la locura del festival, es atractiva. La idea de exclusividad, de haberlo conseguido, puede magnificar la experiencia. Pero aún así no me gusta tener que pelear por ver a Lush, no me gusta verlas en un escenario que solo puede sonar realmente bien si estás en las primeras filas, delante de las columnas, no me gusta que muchos fans de todo un clásico del shoegaze se queden fuera, cuando una banda como esta merece llegar a mucha más gente. Claro, luego ves que están en perfecta forma, que Justin Welch de Elastica encaja como un guante en la banda, te dejas envolver por las deliciosas nubes de “Out of Control” (el mejor momento del show para un servidor), la luz de “Lit up” y, por supuesto, por la energía de“Ladykillers” y funciona, pero… En cualquier caso, una banda que no decepciona y que hizo felices a los afortunados fans que pudieron entrar. Palmer

Compararla con la Madonna de principios de los 80 quizá sea excesivo y le hace un flaco favor, pero lo cierto es que algo de eso hay en el synth pop retromoderno de Shura. Su mirada esta puesta en el pop masivo y bien podría ser que esté solo a un par de hits de lograrlo. De momento sus conciertos son agradablemente festivos y canciones como “Touch” o “White Light” funcionan más que bien. Palmer

Y llegamos al fiasco del festival. Soporífero, torpe, anodino, absolutamente olvidable, el show de The Avalanches fue todo lo que un comeback no debe ser. ¿Quince años para esto? Sinceramente, hubiera sido mucho mejor conservar el impoluto el recuerdo del brillante corta y pega bailable de “Since I Left You” que destrozarlo con una sesión aburrida y sosa que ni siquiera soportamos entera. Palmer

Tras el mal sabor de boca de Avalanches, Sheer Mag lo tenían fácil, a priori. Sin embargo su fusión entre el pop punk y los riffs setentas de Thin Lizzy o Kiss sonó algo plana a pesar de la poderosa presencia escénica y vocal de Tina Halladay. Correctos, pero lejos de su pleno potencial. Palmer

Sábado 4 de junio

Invisible Harvey: De nuevo en el CCCB para arrancar la mañana con uno de los discos nacionales del año para quien escribe, La puerta giratoria, interpretado en toda su belleza gracias a presentarlo con banda completa. Un problemilla técnico nos cercenó un tema, pero Dimas Rodríguez y su pléyade de músicos tuvieron tiempo de demostrar con creces que se han sacado un precioso conejo de esplendoroso pop de la chistera. Raül Jiménez

Die Katapult: Bajamos al escenario Martini para introducirnos brevemente en el krautrock europeo de Anna Fredriksson y Elena Comas que, la verdad, crece sobremanera en directo —para regocijo de un puñado de fervorosos fans— logrando que lo sintético resulte muscular y el retrofuturismo robótico de lo más entretenido. Raül Jiménez

Robert Forster: El principal y más doloroso solape de esta edición del Primavera tuvo un estupendo premio de consolación en el CCCB. Ver al gran Robert Forster siempre es y será un placer. Y disfrutarlo con banda completa, incluyendo a Karem Bauler al violín y coros, es multiplicar ese gozo hasta el infinito. Por fin, por fin pude escuchar temas de los Go-Betweens en directo en toda su inmortal belleza —e insisto, ¡con violín!—. Dolorosamente breve, pero inolvidable. Raül Jiménez

Bob Mould: Y de una leyenda a otra leyenda. Una de las sorpresas de última hora del Primavera Sound 2016 aguardaba en el Hidden Stage. Solo con su guitarra eléctrica y los juegos de luces como único atrezzo el concierto podía resultar algo monótono, pero eso es imposible cuando tienes un arsenal con decenas de canciones para recordar y una tonelada de verdad en esas constantes arremetidas vocales. ¿Ejemplos? If I can’t change your mind de Sugar, y el apoteósico trío final de Hüsker Dü I apologize, Hardly getting over it y Makes no sense at all. Raül Jiménez

The Chills: Y seguimos en «modo legendario» con una de las mejores bandas jamás surgidas del indiepop de las antípodas —el paraíso musical— Ni que decir tiene que las expectativas eran altísimas —tuve la suerte de verlos hace un par de años en Indietracks, así que sabía que estaban en forma—. Pero el concierto en el Ray-Ban fue incluso mejor. No sólo porque sus clásicos sonaron, tal y como esperábamos, hipnóticos, regalándonos Pink frost, por supuesto, pero también una colosal Doledrums. Sino porque las canciones que tocaron del nuevo LP, como Silver bullets, Underwater wasteland y America says hello resisten brillantemente las comparaciones con los antiguos hits. 45 minutos de glorioso show —por favor, que alguien los traiga a una sala— coronados por la gloriosa Heavenly pop hit. Innegable, a uno le pueden sus colores —y los míos son «kiwis»—, pero para quien escribe el mejor show de este Primavera. Raül Jiménez

Richard Hawley: Tras decidir, con pesar, marcharnos del concierto de Brian Wilson —escasa potencia vocal del genio pop, ningún respeto del público más allá de las primeras filas, donde espero que lo disfrutasen como el acontecimiento merecía—, en el escenario Ray-Ban asistimos a una hora impecable junto a este crooner de presencia y voz rotundas, magistrales guitarras y canciones tan hermosas como Tonight the streets are ours, Heart of oak, Don’t stare at the sun o la lenta tormenta eléctrica desencadenada en la apabullante Standing at the sky’s edge. Hawley es un crack. Raül Jiménez

PJ Harvey: Le he dado muchas vueltas a este concierto. Por un lado, fue una absoluta pesadilla en lo que respecta al comportamiento de la gente, uno de los peores que recuerdo. Charlatanes con cero respeto por la música y quiénes queríamos disfrutarla. Centenares de personas arriba y abajo en busca de su «indispensable» cerveza —¿cuántas entradas venderían los eventos musicales sin el alcohol? Me temo que la respuesta sería deprimente—. Frustrante. Pero por el otro, Polly Jean Harvey logró que incluso en esas circunstancias más que adversas, uno se quedase extasiado. Con la ayuda de una banda tremenda —Mick Harvey y John Parish al aparato—, desde su entrada a ritmo de marcha funesta en Chain of keys, a la interpretación aterradora, como de otro mundo, de When under ether, o la forma en que transformó Down by the water / To bring you my love en una danza macabra, PJ y compañía lo bordaron. Canciones, actitud, puesta en escena, arte, política… una experiencia que va más allá de la música. Simplemente, es una de las artistas más increíbles que jamás he visto. Raül Jiménez

U.S. Girls no son exactamente un espectáculo visual. Como si de unas Baccarra dadaístas se tratase salieron en outfit en blanco y negro, a cantar sus extraños temas entre el dub, el R&B y el indie pop experimental, sobre sonido pregrabado. Meghan Remy no pareció satisfecha con el show ni con la fría respuesta del público. Eso sí, las canciones, canela fina. Es cuestión de entrar en su mundo, supongo. Palmer

Aunque pueda sorprender a más de uno, hay mucha gente para la que David Tibet es un nombre tan mítico o más como el de Brian Wilson. Veterano de mil bandas, instigador de toda clase de movimientos místicos, teórico alucinado capaz de fundar una iglesia o escribir un libro sobre la idea de que Hitler era la reencarnación de Vishnu, David nos visitó en esta ocasión con Current 93, su particular visión del dark folk, similar en intenciones a bandas de culto como sus amigos Death In June. Carismático y misterioso, navegó descalzo entre un comienzo con letanías oscuras y un final con épica diabólica desbordada (magnífica “Imperium II”, abrasadora “Lucifer over London”). Intenso. Palmer

Venom cubrieron este año la cuota metálica del festival. Aún respetando que fueron pioneros de muchas cosas en la evolución de los sonidos más duros, mi interés por ellos es más bien tangencial. Su acercamiento al thrash me resulta demasiado monolítico, su black no lo bastante abisal. Sin embargo se crecieron ante un público que no era el suyo y hay que reconocer que ofrecieron un espectáculo potente y sin complejos. Muy bien. Palmer

Sigur Rós son tan perfectos que asusta. Sonido perfecto, repertorio perfecto, visuales… mucho más que perfectos. Su puesta en escena entre neblinas digitales y medusas de luz fue con diferencia la mejor que pude ver en el festival y su nuevo formato de trío no solo no les restó pegada, sino que pareció multiplicar el poder de su sonido en escena. Todo encajó al milímetro en un apabullante concierto que demostró por enésima vez que son uno de los mejores grupos de la pasada década. Entiendo que tanta perfección pueda aburrir a alguien, pero por lo que a mi respecta, un concierto de diez para un grupo de diez que nunca falla. Sí, otra vez: perfectos. Palmer

El momento del festival fue para Ty Segall, tan efectivo e impresionante que se eclipsó incluso a sí mismo. Porque sí, el show fue tremendo, su punk rock garagero sonó demoledor y Ty demostró ser un fabuloso showman, en la mejor tradición de bestias escénicas como Iggy Pop. Pero todo eso quedó prácticamente olvidado cuando en medio de una histérica performance subido a hombros del público Ty pasó el micro a un fan en las primeras filas que acabó subido aullando en el escenario junto a la banda durante 9 minutos mientras Ty aplaudía en las primeras filas. Hubo quien sugirió que estaba preparado. No lo creo, pero da igual, lo importante es que todos reímos, todos alucinamos, todos compartimos el subidón y para cuando Ty volvió a escena todo el público estaba ya enloquecido y a sus pies. No se puede desear cierre mejor para un concierto o para un festival. Palmer

Aún tuvimos tiempo de ver un poco de punk rock noventero de la mano de The Meanies, que se vaciaron en un histérico fin de fiesta solo para darse cuenta que aún tenían que tocar cinco minutos más. Anticlimático pero potente. Es que hay cosas que da pena que acaben. Palmer

Foto: Eric Pamies (Primavera Sound) 

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