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Crónica Primavera Club 2015

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

El Primavera Club, el “hermano pequeño” del Primavera Sound renacido el año pasado como un Festival orientado a dar a conocer a multitud de grupos emergentes más interesantes, nacionales e internacionales, tomó Barcelona el pasado fin de semana con una clara apuesta por la diversidad estilística y el —necesario, celebrado— formato de pequeño recinto. Y aunque 2015 será recordada como la edición de la abrupta y algo confusa caída del Teatre Principal y los consiguientes cambios sobre la marcha de los horarios, lo esencial, como siempre, es la música que pudimos disfrutar. Esta es la crónica de tres días que dieron para mucho.

Viernes 22 de octubre

Nuestro particular recorrido tuvo su inicio en el Teatro Latino, —del que de hecho no nos moveríamos— con Heather y su flamante interpretación del pop, oscuro, trepidante sin perder ni un ápice de potencia melódica, afilado y revestido con aristas punk y abrasivas guitarras. Pese a que faltó potencia vocal —una pena porque la voz de su cantante es uno de los principales alicientes de la banda y un problema que se iba a repetir en varias ocasiones en esta sala a lo largo del Festival— la propuesta del quinteto venció y convenció. Queremos más y pronto. Diamante en bruto.

Y de un buen comienzo al primer enamoramiento del Festival, gracias a otro quinteto, el de las británicas Novella y su maravilloso shoegaze con tintes kraut, psicodelia y una tonelada de guitarras flotando en el espacio. Ecos de Pale Saints y Neu!, pero también de las Dum Dum Girls, y un directo que fue un arrollador y lisérgico viaje, guiados por las armonías vocales de Hollie Warren y Sophy Hollington y temazos como Follow, Blue Swallow o Land Gone. Flechazo.

Después de la euforia, el bajón. Por supuesto, para gustos los colores, pero lo de NAKED a un servidor le costó de digerir. Quizás fuera la indignación de que fueran publicitados como un cruce entre Cocteau Twins y The XX, cuando en realidad a mi me recordaron más a Die Antwoord —miedo, sí, atroz— en versión pop siniestra, además con la voz de Agnes Gryczkowska a un volumen tan bajo que la desconexión fue prácticamente total, incluso desde la parte más cercana al escenario.

En cambio, a Deradoorian no se le pudo poner ningún pero. Y es que la arriesgada propuesta experimental de la voz y bajo de Dirty Projectors, acompañada en escena por su hermana mayor, puede gustar más o menos —fácil no es, desde luego—, pero su traslación al directo fue impecable: onírica, suntuosa, rica y compleja. Ahora sí, la mención a Liz Fraser adquirió sentido, poniendo un sugerente cierre a la jornada inaugural del Primavera Club.

Sábado 24 de octubre

De nuevo en el Teatro Latino —y de nuevo allí nos quedaríamos toda la noche— para abrir la jornada con un plato fuerte: Hazte Lapón presentando su discazo No son tu marido, feliz y merecidamente saludado por la crítica como uno los indispensables del 2015 en nuestro país. Uno ya había escuchado algunas de estas canciones en versión acústica, pero arropado por banda completa, y aunque algún juego de voz SarayLolo se nos perdió por cierta falta de fuerza del sonido —repitiendo lo sucedido el viernes— los matices se multiplican exponencialmente, como la efervescencia college rock de Procrastinar, los teclados a lo Bowie de Ashes to Ashes en El rey de la lluvia o la inmediatez de ese pepino pop que es Odiar. No podía ser de otra forma. Grandes.

Tampoco se quedaban cortas las expectativas puestas en Jessica Pratt y su magnético y evocador folk, que uno imagina parido entre la brisa de las playas de Santa Mónica y un refugio perfecto escondido en Laurel Canyon pero, en esta ocasión al menos, nos quedamos a medias. No por la voz de Pratt ni su inmaculado sonido, sino por la sensación de desconexión con el público —el folk de tono más intimista quizás no sea el estilo más adecuado para este tipo de Festival “de descubrimientos” musicales— y una cierta frialdad, seguramente sólo timidez, constatada con un cierre algo seco, sin despedirse de la audiencia.

Todo lo contrario que lo que sucedería a continuación con el jovencísimo Fraser A. Gorman, locuaz, descarado y resuelto a pasar y hacernos pasar un buen rato a los allí reunidos. Y a fe que lo consiguió. Más rockero que en su ya de por sí muy disfrutable disco Slow Gum, el señor Gorman no está inventando precisamente la pólvora, pero como se agradece toparse con tipos capaces de plantarse frente a un escenario y soltar, con un desparpajo insultante, temas absolutamente redondos como My Old Man, esa balada con ecos surf capaz de crecer hasta cotas insospechadas que es Never Gonna Hold You (Like I Do) o el irresistible pildorazo de soleado pop con sabor americano de Shiny Gun. Qué carrerón tiene por delante este chico…

Tras el buen sabor de boca dejado por el músico australiano pero pensando en las contradictorias sensaciones dejadas por la sesión folk de Jessica Pratt, tomamos la decisión de sacrificar a Samantha Crain en la sala Apolo en favor de una propuesta más bailonga y movida con U.S. Girls. Craso error. La coctelera de sonidos que propone Meghan Remy en disco quizás tenga más matices, pero en directo costaba apreciar algo muy diferente a unas machaconas bases pregrabadas sobre las que la artista y su compañera rapsodiaban sin demasiada fuerza —de nuevo el tema de las voces, esta vez comprobado desde distintos lugares del recinto—. He leído comparaciones con Roxy Music. Duele a la vista. Final decepcionante para nuestra segunda jornada de Primavera Club.

Domingo 25 de octubre

Tras dos días en el Teatro Latino, la jornada del domingo la planteamos como una bacanal de propuestas muy diversas repartidas entre las dos salas de Apolo —horarios concatenados, facilidad y comodidad tanto para circular entre los espacios como para disfrutar los conciertos, así da gusto—. Arrancamos con buena nota en la [2] gracias a los catalanes Cala Vento y su furibunda propuesta musical, a caballo entre el post-hardcore y el indie-rock. La puesta en escena de Joan y Aleix es convincente. Saben como atacar, replegarse y contraatacar a la perfección encima de un escenario. Suenan sinceros y sin efectismos, y pese a que alguna letra pinche en hueso, aquí hay banda en la que creer.

Rápida subida a la sala principal del Apolo para presenciar el que sin duda fue el concierto más peculiar del Primavera Club. Aunque la palabra concierto se queda escasa para definir la actuación de Ensemble Topogràfic, más bien una performance multidisciplinar de sonido y movimiento en el que la danza, las atmósferas ambient y los apuntes efímeros de una guitarra se fusionan en una apuesta innovadora y atrevida, rompedora desde el primer segundo —bajando del escenario para situarse al nivel del espectador que los rodea—. A uno le surgen dudas acerca de su idoneidad en un festival de este tipo, al quedar embutidos y comprimidos en el tiempo entre grupos “tradicionales”, pero siempre está bien que a uno lo saquen de su zona de confort.

De vuelta a la sala “pequeña” para presenciar a otra formación local, Jilguero, a quienes ya habíamos podido escuchar, en versión acústica, en un De Quintos en marzo del año pasado. Lastrados por algún que otro problema técnico y, en nuestra opinión, demasiado centrados en sonar contundentes, parte de la versatilidad del combo, capaz de maridar los sonidos Americana con el folk añejo y los brotes eléctricos del rock más crudo, se vio diluida en favor de su lado más agresivo. Una pena, porque esta banda puede ofrecer bastante más. De hecho, lo tiene.

Sin movernos del sitio, tocaba aguardar hasta la aparición de Chastity Belt, divertido cuarteto riot grrrl de Seattle pero —de nuevo el apunte sobre la bandas increíblemente erróneo— alejados del habitual punk combativo al que se suele asociar al movimiento para, en cambio, decantarse por un indiepop de guitarras infinitas —neo-post-post-punk lo llaman ellas, siempre con guasa— cercanas al surf-rock y que en la [2] sonaron gloriosas. El aspecto vocal no siempre estuvo a la altura, pero piezas como Cool Slut, Lydia o Joke —¿no podría ser infinita?— valen un potosí. Segundo flechazo del Primavera Club.

Último desplazamiento a la sala principal para coger buen sitio a la espera del colofón de la noche con Algiers mientras veíamos a Empress Of, enésimo combo de pop electrónico que canibaliza el pop de los ochenta en la estela de Chvrches y que tiene su mayor baza en la presencia y voz de la americano-hondureña Lorely Rodríguez, un verdadero torbellino en el escenario que, a golpe de sintetizador y potencia rítmica puso al Apolo a bailar. Lejos de los gustos personales de uno, pero intachable e inagotable en directo.

Quedaba la traca final. Bueno, las fallas completas, para ser exactos. Algiers (en la foto de cabecera) llegaron, tocaron, vencieron, convencieron… y arrasaron. Cada canción convertida en golpe, en puñetazo en la mesa, en aullido en honor de los vencidos pero todavía no derrotados —sí, he aquí una banda nada temerosa de mostrar su activismo y compromiso político—. La fuerza, rabia, pasión, desgarro vocal y vital con el que su frontman Franklin James Fisher escupe cada palabra, atiza su guitarra, sacude su pandereta o se retuerce por el suelo no son poses o estudiadas coreografías. Toda la banda es una maquinaria perfectamente engrasada —me viene a la cabeza Savages, otro grupo tan brutalmente mortífero en directo como ellos—. El arranque en modo apisonadora con Black eunuch y But she was not flying, el martillo pilón de Irony. Utility. Pretext, la sobrecogedora Blood, la desnudez de Games —ni siquiera los molestos borrachos pudieron pararla—… Son descargas de intensidad —y profundidad— que musicalmente podrán venir en forma de soul, punk, gospel o sonidos industriales, pero que en realidad surgen de algún lugar más primario y poderosamente humano El puño alto y el alma en vilo. Con Algiers el Primavera Club 2015 se despidió de la mejor forma imaginable. Al menos debería haber un festival así cada mes…

Fotos: Carla Rebes Fernández

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