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Crónica Primavera Club 2014

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Regresar a los orígenes. Suena nostálgico, “películero” y tremendamente manido en el mundo de la música —¿cuántos grupos dicen volver a sus orígenes en su último disco tras, en la mayoría de casos, agotárseles las ideas?—. Sin embargo, y en mi humilde opinión, es la mejor decisión que la buena gente del Primavera Sound ha tenido en mucho tiempo. Apostar por el Primavera Club original, enfocado como festival de grupos emergentes, de aquí y de allá. Presentar propuestas atractivas y diversas que queden —algo más— al margen de hypes. Tomar el pulso a los sonidos más interesantes sin mirar revistas de moda disfrazadas de música. Tres días, cuarenta bandas, cinco salas en pleno centro barcelonés. Esta es nuestra crónica.

Viernes 31 de octubre

El primer reto del Primavera Club 2014 era el del público. ¿Respondería la gente a un cartel sin “cabezones” de Festival, sin nombres consagrados? A tenor del número de asistentes presentes en La [2] de Apolo para ver a los madrileños Cómo Vivir en el Campo, la primera parada de nuestra ruta, la respuesta fue afirmativa.

Y es que la nueva apuesta del sello barcelonés del Genio Equivocado merece ser vista y conocida. Experimentos sin gaseosa, es decir, sin digresiones para henchir los egos. Excursiones a lomos de guitarras sin perder el olfato melódico. Aventuras a la medida de una personalidad única, la de un trío ambicioso y sin corsés a la hora de interpretar su versión del pop y donde la castiza voz de Pedro Arranz —más que notable su presencia en el escenario— les añade otro elemento singular. Primer nombre a memorizar.

Rápidamente nos dirigimos al Teatre Principal, recinto que, a tenor de su potencial como lugar para conciertos, debería aprovecharse mucho más. Allí nos encontramos ante una alarmante falta de público, pese a que la tarde-noche contaba con tres bandas. En primer lugar, Halcón, combo con pedigrí formado por miembros de Veracruz, Fred i Son, Me and the Bees o Nisei, que nos dejó algo fríos con su rock setentero, todavía demasiado embrionario, al menos en directo. Todo lo contrario que Fighter Pillow, otro supergrupo, con miembros procedentes de bandas como Black Islands, Maika Makowski, Ainara LeGardon, lo:muêso y liderado por Eli Molina, ex Me and the Bees. Precisamente su sonido se asemeja a nuestras queridas abejas, pero con los dedos permanentemente metidos en el enchufe y disfrutando de las descargas eléctricas que reciben. Contundente, noventero, aguerrido, pero pop al fin y al cabo, ya poseen varias canciones redondas en su más que recomendable disco homónimo de debut. Y en directo sonaron igual de convincentes.

Ya con más público, le tocaba cerrar la jornada al cuarteto británico Fear Of Men. Permitidme un pequeño alto antes de enlazar con su fantástico show. Basta ya de comparaciones sin sentido con los Cranberries, sin duda hechas con toda la vagancia y pereza del mundo. ¿O acaso cualquier voz femenina de poso dulce recuerda a los irlandeses? Los de Brighton hacen pop que bebe del jangle ochentero de su país mientras coquetean con el post-punk y los sonidos de las antípodas, como demostró la tremenda versión que se marcaron de la eterna Pink Frost de The Chills. Mucho más directos y bailables que en su disco de debut, Loom, el grupo nos deleitó con una actuación absolutamente irresistible de principio a fin, con especial mención para los punteos de guitarra, puro jangle-pop, de Daniel Falvey, junto al contagioso dinamismo de una sorprendente Jessica Weiss —sabíamos que canta como los ángeles, pero no que fuera una frontwoman tan convincente—. Temazos como Alta/Waterfall, Mosaic, Tephra o Doldrums, la increíble Ritual Confession —casi nos dejamos la voz intentando alcanzar las notas más altas previas al estribillo— o el épico final con Inside con Falvey de nuevo haciendo explotar su guitarra, resumen una hora de indie-pop sencillamente memorable. Formidable cierre del primer día del Festival.

Sábado 1 de noviembre

La segunda jornada la iniciamos en Sidecar, bastante lleno pese a la hora para ver a los jovencísimos Cenetaph, en realidad otro de los múltiples proyectos de los hiperactivos miembros de Grushenka. Nos los habían definido como noise pop guitarrero, pero la verdad es que en la mítica sala barcelonesa el ruido quedó aparcado en favor del pop más directo. Desgraciadamente, el sonido no acompañó, especialmente en lo que se refiere a las voces, impidiéndonos disfrutar de la propuesta comandada por Neil Hate y Oriol Cervera.

Tras un mini-paseo —apenas cruzar Las Ramblas— llegamos al Teatre Principal para presenciar el debut de Karen Koltrane sobre un escenario. Con la sensación de que estábamos ante un hype tamaño indie nacional —mucho público y de un cierto “tipo” que diría Víctor Lenore—, a nosotros sus canciones nos dejaron bastante indiferentes, con la sensación de que faltaba la fuerza que uno debería esperar, especialmente con la voz del cantante sepultada bajo la percusión y las capas de ruido. En cualquier caso, siendo la primera vez que actuaban en directo, y que su propuesta se vislumbra ambiciosa e interesante, auguramos que será una banda que dará mucho que hablar.

Inmediato paso al contiguo Teatro Latino para ver a The Coathangers, expectantes ante la promesa de disfrutar de su punk garajero y de combate, refinado en el muy recomendable último álbum Suck My Shirt. Pero nos quedamos a medias. Son muy divertidas, están un poco locas, su desparpajo es contagioso y los guitarrazos y alaridos son de impresión… cuando se les oye. Y es que al trío de Atlanta el volumen les jugó una mala pasada. Enorme pena.

Y con la sensación de tener ganas de más nos dirigimos a nuestra última parada de la noche, la sala Apolo, donde actuaba Strand of Oaks. La presencia de Timothy Showalter en un escenario es de las que impresionan y ayudado por su último trabajo, Heal, una segunda voz/teclista femenina que le proporcionaba un sugerente contrapunto vocal, junto a una sección rítmica poderosa, el de Indiana pudo desencadenar toda una montaña rusa de sensaciones y estilos, del indie-folk más confesional e íntimo hasta arranques rockeros bastante contundentes —y con algún exceso tipo guitar hero—. Sus arranques de emotividad y sus referencias a experiencias que cambian la vida sorprenden en un mundo de la música tan dado a la ironía y el cinismo. Y Goshen ‘97 y Shut In son dos pepinazos. Nuestro claro ganador del segundo día de Primavera Club.

Domingo 2 de noviembre

Empezamos la tercera jornada en el Teatre Principal con CARLA, cantautora de Vic y hermana de Joana Serrat. Pese a las buenas críticas que la precedían y su preciosa voz, no conseguimos conectar con su repertorio de pop-electrónico, con curiosa revisión del Ring of Fire de Johnny Cash incluida, sólo acompañada por su teclado y su hermano Toni en la batería. Quizás el repertorio íntimo de Carla necesite de recintos más reducidos. El talento y la voz son evidentes, pero nos faltó enjundia.

Ya en la Sala Apolo, de donde no nos moveríamos hasta concluir el Festival, íbamos a disfrutar de tres propuestas bien diferentes. La primera corrió a cargo de los barceloneses Muñeco, a quienes ya conocíamos y sabemos que en directo no se andan con bromas. Otra excelsa muestra de su buen hacer en un escenario, su post-rock y experimentación abierta a pasajes ambientales y coqueteos con el baile es toda una gozada de presenciar y disfrutar. También de ver, ya que en esta ocasión se hicieron acompañar por un montaje visual muy acorde con su ensoñadora, espacial y apocalíptica música. Ejecutada con una precisión y sincronización pasmosa, los barceloneses logran la cuadratura del círculo. Aunque todo esté calculado y encaje a la perfección, como un reloj suizo, sus canciones fluyen con naturalidad y vigor. Deberían ser grandes.

Con el listón situado muy alto tras los barceloneses, llegaba el momento más esperado de la noche con los canadienses Alvvays, grupo que nos ha cautivado con algunas de las mejores canciones pop del año. Por eso el chasco fue mayúsculo al comprobar como la voz de Molly Rankin quedaba irremisiblemente empañada por el reverb del micro y un bajo probablemente demasiado alto. Afortunadamente, el concierto fue ganando enteros a partir de Party Police, mejorando ostensiblemente en la recta final, en la que al menos nos brindaron un Archie, Marry Me a la altura de una canción tan genial. Nos deben una.

Nuestro cierre del Primavera Club 2014 lo pusieron otros canadienses, Ought. Si somos sinceros, no teníamos muy buenas vibraciones con lo que podía deparar su actuación tras haber escuchado fugazmente algunos temas de More than Any Other Day. Pero que tremendo error hubiera resultado perdérselos. Los de Montreal nos dejaron impactados desde el primer minuto, bordando una actuación imprevisible y absolutamente hipnótica. Wire, la Velvet, The Fall, ramalazos a lo Fugazi… Una espectacular mezcolanza de estilos dotada de personalidad propia, la que transmite su alucinante frontman Tim Beeler, mezcla imposible de Mark E. Smith, David Byrne y Jarvis Cocker. Dos millones de cambios de ritmo, giros vocales, una buena dosis de teatralidad escénica y, sin embargo, ni un despiste o bajada de tensión. Imposible no quedarse atónito ante ellos.

Y con semejante gran sabor de boca llegamos al final de nuestro recorrido por el Primavera Club 2014, esperemos que un “hijo pródigo” que haya vuelto para quedarse, ofreciéndonos la posibilidad de “rebuscar” entre los grupos, descubriendo cosas nuevas, sorprendiéndonos con directos a los que se va sin demasiadas ideas preconcebidas y en un formato algo más íntimo. Aunque claro, ya estamos ansiosos por saber que nos depara su “hermano mayor”, el Primavera Sound 2015.

 

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