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Crónica Mad Cool Festival

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Los días 16, 17, y 18 de junio se celebró en Madrid (más concretamente en las instalaciones de La Caja Mágica) la primera edición de Mad Cool. Un festival de música internacional que aspira a llenar ese hueco que desde hace años existe en la capital. El señor Adolfo Añino (autor de las fotos que ilustran este articulo), y yo mismo nos aventuramos en estos tres días de música para informar rigurosamente (más o menos) de lo acontecido. Esto es lo que dio de sí nuestro deambular de escenario en escenario.

Jueves

Los jovencísimos y saltarines Rat Boy inauguraron la primera jornada del festival con su mezcla de guitarreo juvenil, bases hip-hop, y samples sacados de vaya usted a saber dónde. Interesantes, menos cuando se concentraron en las guitarras y rozaron muy de cerca lo totalmente mediocre. Pese a todo, un comienzo entretenido para ir dando la bienvenida al público que poco a poco iba llegando al recinto.

De camino para ver a Tom Odell nos topamos de casualidad con el concierto de Alondra Bentley. Sonaba tan bien que no pudimos resistir la tentación de asomarnos a echar un vistazo. Ese estilo americano con algún toque 60s sonaba de maravilla en directo, pero teníamos a Odell a punto de empezar y no pudimos quedarnos todo el tiempo que nos hubiese gustado. Los festivales son así.

Aunque Tom Odell tiene sus escarceos con la electrónica, lo suyo es algo bastante más clásico. Sentado al piano, y acompañado de unos solventes músicos, repasó los temas de los dos discos que lleva publicados ante el deleite de un público bastante joven. El nuevo Elton John.

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The Kills salieron a escena con esa actitud en plan “mírame, soy una estrella del rock” que tan buenos resultados les ha dado. De hecho, son unos de los pocos grupos actuales que pueden tirar del postureo más chulesco del género sin caer en el ridículo. Él repartiendo guitarrazos, ella agitando la melena espasmódicamente. Rock n’ roll y blues básico y primitivo revestido de modernidad. Sonido contundente y seco. Macarras y cool a partes iguales. Llegaron, hicieron lo que saben hacer, y triunfaron (pese a algunos problemas técnicos con la guitarra de Jamie Hince). El primer éxito rotundo del festival. No sería el último.

Y luego los grandes protagonistas de la jornada: The Who.

En pocas palabras: sin sorpresas (ni buenas, ni malas). Tocaron las canciones que todos querían escuchar mientras en las pantallas aparecían imágenes del grupo en sus comienzos y collages con toda la iconografía propia del movimiento mod (imágenes de Quadrophenia incluidas cuando tocaron “My Generation”). Difícil destacar algún momento en especial cuando el repertorio elegido está compuesto en su totalidad de temas que ya forman parte de la historia del rock: “Substitute”, “The Kids Are Alright”, “I Can’t Explain”, “Baba O’Riley”…..
Y terminaron con un tema cuyo título podría ser el slogan de los que tenemos que volver a las urnas dentro de poco: ” Won’t Get Fooled Again”.
A Roger Daltrey le falta voz para algunos temas y Pete Townshend no está para saltos (aunque nos regaló algunos de sus característicos “molinetes”). Faltaron decibelios  pero según parece fue un fallo técnico en el escenario principal que se repetiría durante el concierto de Jane’s Addiction al día siguiente. Cumplieron, y sería ridículo pedirles más teniendo en cuenta la edad de ambos. Su público estaba entregado de antemano, y cada tema era una pequeña celebración. Todos contentos.

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El retorno (tanto al estudio como a los escenarios) de Garbage me parece tan innecesario como poco interesante. Pusieron el chumba-chumba a todo volumen e intentaron sacar rédito a ese par de hits que tuvieron en los 90s. Parece que agradaron a los aficionados al mainstream disfrazado de alternativo.

Estos chavales irlandeses hasta hace nada tenían que ir a dar sus conciertos acompañados de sus padres. The Strypes suplen su corta edad con actitud y energia a raudales, recuperando esa tradición de rhythm  and blues acelerado tan británica. Han endurecido su sonido y se distinguen dos sectores bien diferenciados dentro del grupo. Por un lado el “nucleo duro” formado por el cantante y el bajista (ambos con un look entre mod y nueva olero) y por otro el batería y el guitarra (con pintas de modernetes de nuevo cuño). Sonaron como una apisonadora, sin embargo se echan en falta canciones que no suenen tan parecidas unas a otras. Empezar tu carrera muy joven y contar con un público principalmente adolescente tiene sus peligros. Habrá que dejarles crecer. Esperemos que no acaben como Kings Of Leon.

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Al día siguiente había que madrugar así que tocaba recogerse pronto. Me hubiera gustado ver a Editors, para compensar no tuve que ver a Vetusta Morla. Las que entran por las que salen.

Viernes

No pude ver a Kings Of Convenience la última vez que estuvieron por Madrid, así que pensé que esta sería una buena ocasión para resarcirme.
La música de estos dos noruegos funciona bien en las distancias cortas. Un festival seguramente no es el mejor escenario para ese estilo “Simon and Garfunkel con bossa nova” que les caracteriza. El numeroso público que congregaron pareció disfrutar de lo lindo, pero yo creo que no supieron crear ese ambiente de intimidad y cercanía que sus canciones precisan (que Erlend Øye, el pelirrojo para entendernos, no dejará de hacer el payaso con el beneplácito de sus seguidores tampoco ayudó). Todo estaba empezando a resultarme entre tedioso e irritante así que a mitad de concierto me marché. Esperaré a verles en un entorno más propicio antes de decidir si es mejor escucharlos en casa sentado en el sofá.

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Mientras me dirigía a uno de los escenarios grandes para ver el próximo concierto de mi lista sonaban los últimos acordes de “Dakota”, con la que Stereophonics cerraban su concierto en el escenario principal. No pude evitar pensar que hubiera sido más entretenido ver a los galeses desgranar un greatest hits de indie-rock para todos los públicos que aguantar al ya mencionado pelirrojo.

Desde que publicaron su primer (y de momento único) disco Temples han tenido que aguantar el sanbenito de ser un hype, aunque su pop psicodélico sea mucho menos pesado e indigesto que otros revivalistas del estilo como Toy o Tame Impala (antes de volverse ochenteros) que han sido mucho mejor tratados por la crítica. Hicieron un buen concierto, no tan bueno como para convencer a sus detractores pero lo suficiente como para no decepcionar a sus seguidores. Lo dejamos en tablas. Tocaron un par de temas que no reconocí por lo que imagino que eran temas nuevos de su (quizás) próximo disco, veremos si entonces callan la boca de alguno. Yo de momento estoy intentando perdonarles que no tocasen la fantástica “The Golden Throne”.

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“Señores y señoras, nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tiene, pero los queremos. Creado y regalo de los Ángeles. Juana’s Adicción”. Con esa ya mítica frase Jane’s Addiction comenzaron el concierto en el que tocarían su “Ritual De Lo Habitual” al completo. Si bien la escenografía (con bailarinas a medio camino entre strippers y acróbatas incluidas), y la imagen de un demacrado Perry Farrel con look cabaretero pintado como una puerta y Dave Navarro luciendo musculo fue bastante espectacular, el concierto fue perdiendo fuelle según avanzaba. Los problemas técnicos en cuanto al sonido que ya sufrieran The Who se hicieron aún más obvios, desluciendo bastante un show con más parafernalia que canciones. Versión del “Rebel Rebel” de Bowie y poco más que destacar de una de las decepciones entre los nombres grandes del festival.

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La gran sorpresa (agradable) del día fueron Band Of Horses. En sus discos pecan de falta de concreción estilística (un poco americana, un poco indies, un poco rockeros, un poco todo), pero en directo son mucho más directos y contundentes. De los grupos que tuve la oportunidad de ver fueron (con permiso de The Who) los que menos tardaron en caldear los ánimos de su público. Salieron al escenario como un torbellino y mantuvieron el tipo hasta el final. Entre las guitarras potentes, las melodías pop de regusto clásico, y esas pintas de granjeros que se gastan, a ratos parecían unos Big Star de pueblo. El público, entregado y emocionado con los de Seattle, los ovacionó sin parar. Mucho mejor en directo que en disco.

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El rollo “bakaluti” ya venga embutido en big beat 90s (The Prodigy) o en apología choni-chandalera con excusa ethno-arty (Die Antwoord) nunca me ha llamado mucho la atención así que preferí dejar la segunda jornada del festival con el buen sabor de boca que me habían dejado Band Of Horses.
Algunos dicen que tanto los británicos primero como los sudafricanos después la liaron parda. Yo les creo pero, sinceramente, no podría importarme menos.

Sábado

La tercera y última jornada de Madcool empezó con sabor a blues.

Primero el dúo The London Souls con su sonido basado simplemente en guitarra y batería (sí, es inevitable pensar en aquella otra pareja). Blues-rock de aire 70s que sirvió para ir calentando motores antes de dar paso en el escenario principal al primer  plato fuerte del día: Gary Clark Jr.

Clark ha dejado a un lado el sonido soul clásico de anteriores trabajos para concentrarse en un blues eléctrico tan bien ejecutado como predecible y (a juicio del que escribe esto) prescindible. Aún siendo un buen guitarrista y un no peor cantante apenas pude aguantar más de dos temas antes de caer en el aburrimiento (que me disculpen los aficionados al género) y decidir cambiar de tercio. Hubiera preferido verle en su faceta de soul man acompañado de una potente sección de viento como acostumbraba. Quizás la próxima vez.

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El folk rock low-fi de Woods fue agradable de escuchar, sobre todo cuando se alejan de su fórmula habitual y añaden arreglos y estructuras algo más pop a su música. Fueron bien recibidos pero quizás les hace falta algo más de carisma encima del escenario. No son malos alumnos pero era hora de ir a ver al maestro.

Lo de Neil Young es para darle de comer aparte. Este abuelo (tiene 71 añitos el señor) dio con diferencia no solo el mejor concierto con diferencia del festival, sino uno de los mejores que seguramente los allí presentes verán en mucho tiempo. El gran mérito de Young no es que aguante más de dos horas de concierto, es que lo haga como lo hace.

Comenzó tocando él solo al piano After the Gold Rush”, para luego colgarse la acústica y deleitarnos con “Heart of Gold”, “The Needle and the Damage Done” , y “From Hank to Hendrix” entre otras (demostrando que su repertorio necesita de poco para emocionar y que aún tiene voz para rato).

Aún con la acústica al cuello y con su público babeando de gusto apareció en escena su nueva banda: Promise Of The Real. Un grupo de músicos que le sirven de acompañamiento perfecto y que en directo hicieron que nadie se acordase de los legendarios Crazy Horse.

Pero fue el momento en que el señor Young cogió su guitarra eléctrica cuando se desató la locura. Guitarrazos demoledores, falsos finales de canciones que se alargan hasta el infinito, energía incontenible, y el canadiense en estado de gracia.

“Down By The River” sonó inmensa, “Like A Hurricane”  era pura emoción, y “Rockin’ In The Free World” (con un “fuck you Donald Trump” incluido) fue coreada como el auténtico himno que es. Final apoteósico que no fue tal. Volvieron al poco después para tocar  “Love And Only Love”. Los presentes mostraban una mezcla de felicidad e incredulidad por haber sido testigos de semejante espectáculo. Eso de “animal escénico” tiene sentido cuando hablamos de alguien como Neil Young. Impresionante.

Después de eso cualquier cosa se hubiera quedado en nada, y como tampoco teníamos mucho interés por ninguno de los grupos que aún quedaban por tocar decidimos dar por finalizada nuestra experiencia en Madcool (tres días seguidos de festival también empezaban a pasar factura).

La sensación general tras el festival es positiva. El cartel era mucho más atractivo que el de otros festivales con más renombre que este año han tirado de baratillo y relleno sin miramientos. El recinto salvo pequeñas pegas resulta más que adecuado para este tipo de eventos, y está bastante bien comunicado.

En cuanto a la organización no creo que haya mucho que no se solucione con un poco más de experiencia y tablas (mejor señalización para llegar a los distintos escenarios, solucionar los problemas con las aplicaciones para pagar dentro del festival, mejor y más rápida resolución a los problemas técnicos con el sonido, etc). A los que se quejan de haber tenido que esperar 15 ó 20 minutos para comprar una cerveza en un recinto en el que ha habido una media de más de 30.000 personas por día no sé muy bien qué decirles. A los que fueron al festival principalmente a beber, a dejarse ver, o a hacer el idiota, sí sé que decirles (pero no lo haré principalmente porque no merece la pena). Nos vemos el año que viene (espero).

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Fotos: Adolfo Añino

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