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Crónica Fib 2015

Autor:  | Google+ | @blutaski

Una nueva edición del FIB y ya van veintiuna. Valorar lo que ha cambiado a lo largo de todos estos años hasta llegar hasta aquí, daría para un reportaje extenso que quizá sea interesante realizar en otro momento, pero en esta crónica nos vamos a centrar en atender a lo ocurrido durante esta pasada edición. Aun así, es importante recordar nuestro pasado cercano para poder entender en su totalidad el FIB 2015; en esta última década hemos pasado de la posibilidad del colapso y la desaparición al traspaso de accionariado y la estabilidad, bajo mínimos pero estabilidad. Con esta breve, pero necesaria, puesta en situación pasamos al relato de nuestro paso por el festival.

JUEVES

Que el jueves es el día más flojo del FIB no hace falta que lo diga yo, lo atestigua fácilmente el hecho de que el segundo escenario de mayor importancia de los tres no se pone en funcionamiento en esta jornada. Este día también nos sirvió para darnos de bruces de buenas a primeras con el autobús de Red Bull convertido en el escenario Fibclub. Una broma de mal gusto que no tuvimos más remedio que intentar pasar por alto durante los cuatro días del festival, para intentar no amargarnos los conciertos que allí vimos, puesto que lo pobres músicos no tenían la culpa. No tengo nada en contra de que haya autobuses, barcos o dinosaurios hinchables de una marca de cereales sobre los que pueden llegar a actuar bandas emergentes gracias a un patrocinio, y que permitan tocar a estas bandas, que de otra manera el promotor de turno no programaría en el festival (no por su calidad, sino por la desaparición del concepto “apuesta), pero de eso a que ese “escenario” que debería ser accesorio sustituya a un escenario de un festival…

Esta primera jornada, el escenario principal lo inauguraban Trajano!, una muestra de la interesante programación de bandas nacionales, muchas ellas avanzadilla de la escena emergente, que este año programaba el festival a primera hora cada día. Dieron un concierto pleno de fuerza y agallas, hasta prácticamente la lipotimia por el calor reinante, y ofrecieron buena muestra del buen material herencia del post punk contenido en su debut “Antropología”, repleto de ritmos profundos como la personal voz de Lois, su cantante. En el mismo lugar un poco más tarde tocaban Swim Deep, que ya estuvieron hace un par de años. Esta banda de indie de perfil medio, que está bastante promocionada por las revistas británicas, no pasan de ser agradables y tener buen oficio. No tienen temas gloriosos, pero es reconfortante la gran cantidad de referencias del pop británico que utilizan, desde los 90 hasta la actualidad.

Continuando en el escenario Las Palmas (el jueves solamente estaban en marcha este y el bus) llega el turno de Luis Alberto Segura y sus L.A., que acaban de publicar un nuevo trabajo, tan inspirado en el sonido americano de la costa oeste como es habitual. “From The City To The Ocean Side” es puro Big Sur -lugar icónico donde se concibió y grabó-, aunque el directo lo repartieron prácticamente por igual con su anterior “Dualize”, con canciones mucho más potente para festivales, donde no todos tienen que ser fans. El oficio de la banda es impecable, pero queda la duda de si podría competir con bandas similares del país de origen de su sonido. Como anécdota, la presencia de Lourdes Hernández (Russian Red) que les acompaña a la acústica y los coros en varios festivales.

El primer paso por el Red Bull Bus Tour Fibclub (nombre un poco largo que no repetiré más), fue para ver a los sonrientes catalanes Ocellot. Psicodelia optimista, armonías dulces y brillantes como su maquillaje es lo que ofrecen. Una banda que no hace mucho ruido, pero que no obstante merece atención. La sensación de buen rollo se desvanece con la visita al escenario que ocupa Clean Bandit. Su propuesta tiene bastante menos clase, suenan a un cruce de Ace of Base, M-People, Moloko y Janet Jackson pero peor. Suenan mal (por la parte técnica, no de interpretación), pero a los ingleses con ganas de bailar les importa poco.

La vuelta al Bus de Red Bull parece obligada, y allí nos encontramos a DMA’S, unos chavales australianos que están en boca de medio mundo porque son los que mejor han sabido recoger el legado de Oasis, pero con un sentido del humor menos ácido –por ser condescenciente- que el de los Gallagher. Pinta de hijos de clase obrera de las afueras de Manchester, que interpretan himnos pop como por condena y poco más, no hace falta. Serán de lo mejor de la jornada, eso dice algo bueno de ellos pero también algo muy malo del resto.

Que Crystal Fighers son un seguro en directo cuando hay público joven de por medio no es algo que se pueda discutir, otra cosa es la valoración de su música. Neohippismo de tercer milenio, canciones pegadizas (o pegajosas), caras pintadas, rastas limpias, flores de plástico en el pelo, sonrisas al viento y el gentío contento. ¿Se acuerdan de la fiesta de los lémures del Rey Julen en la película Madagascar? Pues más light que eso. Luis le Nuit puso un poco de cordura pinchando canciones míticas en el bus, para esperar a la protagonista de la noche Florence Welsch.

Florence + The Machine no pudo estar hace pocos años porque suspendió la gira por estrés, así que esta era la ocasión para resarcirse de aquel incidente. Llegaba como flamante cabeza de cartel de Glastonbury (no sin polémica, porque entró para sustituir a Foo Fighters, algo que no sentó muy bien a los fans de los rockeros) y las canciones de su nuevo trabajo “How Big, How Blue, How Beautiful”.

La verdad es que la floja jornada de este jueves se lo puso en bandeja, pero el espectáculo, la escenografía y el ímpetu de Florence supuso un auténtico triunfo. Himnos místicos pero energéticos (cuanto más recientes más lo primero que lo segundo, algo de agradecer), una Florence que no paraba de correr y rodar sobre si misma enfundada en blanco, y su banda, coro incluido, magníficos, justificaron el papel preferente de la pelirroja en esta jornada. También es verdad que pasado el ecuador del concierto, el bajón de ritmo con temas antiguos pudo resultar incómodo para los que no disfrutamos con la excesiva impostura de esta cantante, poco dada al recato vocal, pero fue la ganadora por KO del día (bueno, por incomparecencia del rival). Tras esto, Elyella Djs, que se están hinchando a cerrar jornadas de festivales, ¡bravo!, cerraron la noche extrayendo la energía contenida de más de uno.

VIERNES

Con una extraña sensación de conformismo por lo vivido la jornada anterior, encaramos la tarde con Holögrama en el escenario Las Palmas. Son uno de los nuevos grupos más interesantes de la actualidad nacional, en contraposición del indie mimético de grandes estadios que triunfa en nuestro país. Ritmos kraut, psicodelia electrónica ambiental y mucha personalidad. Crecen y nos gusta que lo hagan. Tras ellos la sorpresa son los franceses Moodoïd, también psicodélicos pero mucho más académicos. Recatados, contenidos y elegantes –tanto en la música, como en el aspecto-, el único pero fue el remate del concierto, que merecía un increscendo épico que hubiera dejado mejor sabor de boca. Sería interesante verles en la oscuridad de una sala en la que poder recrear un ambiente más adecuado. El siguiente concierto que reclamó nuestra atención fue el de la banda de New York Public Access TV, que parece que han recogido el testigo de The Strokes – los de los dos primeros álbumes- con la personalidad y energía característica de las bandas de esta ciudad. Un poco de garage de los 70, indie rock, suciedad bien estudiada e incluso new wave primitiva, pero nada demasiado agresivo.

A Jamie T nos lo quieren colar como la próxima estrella del indie rock británica y ya se están pasando de pesados. Empezó fusionando estilos (incluso acercándose a The Streets), volviendo al indie british edulcorado y en el concierto quiso ser un “Libertine” garajero quedándose a medias de todo. Esa es mi opinión (subjetivo), pero la inmensa mayoría del numeroso público que le vio le vio parecía disfrutar (objetivo), juzguen quien tiene razón ustedes mismos si tienen ocasión.

Dentro del indie rock británico, parece ser que Palma Violets ya se han ganado un puesto importante (menos comercial que Jamie T), porque en principio deberían de ocupar el hueco que dejaron The Libertines, aunque estos vuelvan. Pub rock, actitud, coros de bar y hermandad son en sí mismo un estilo bien definido, y estos chavales confirman que lo dominan con su segundo disco “Danger in the club” (el título les viene al pelo), aunque este concierto no pasará al recuerdo porque el sonido fue pésimo. A pesar del esfuerzo de la banda, un poco más comedida que su anterior visita, el gris oscuro del sonido no hizo que disfrutáramos con himnos como “Best Friend” o “Girl, you couldn’t do much better on the beach”. Una pena, un posible buen concierto malgastado.

7.- NOEL GALLAGHER

Esta jornada solo la podía salvar Noel (conformismo triste, como el día anterior con Florence). El exOasis ha sacado su segundo disco, “Chasing Yesterday”, y es mucho más animosos que el primero, algo bueno para los festivales. Si conjugas esto a una banda espectacular, una actitud muy positiva y enérgica (debería ser lo normal para todos, pero a veces es raro en un Gallagher), y a que interpretas seis canciones de Oasis, lo tienes todo hecho. Es como enseñarle un cachorro a un niño, darle un vaso de agua fría a un sediento o un fluorescente y unas ceras a un guiri fiber, te da el poder y el triunfo.

Después de este concierto nos quedaban dos polos a los que viajar, al adusto pero maravilloso mundo del ruido hecho melodía de los clásicos del post rock Godspeed You! Black Emperor, maravilloso garbanzo negro del cartel, y The Prodigy, que llevan de rave desde mediados de los 90 y ya cansan, si no a ellos, sí a nosotros. Cierto que tienen mucho hit clásico, como “Smack my bitch up” o “Fierestarter”, o alguno nuevo, como “Nasty”, pero su registro es tan monótono como fuera de lugar. Un apunte, los primeros tocaron ante escaso público y los segundos ante un público numeroso y alborotado.

Después, Polock hicieron un show de remontada (hace tiempo que grabaron su último disco, pero están de nuevo haciéndose visible en grandes citas antes de emprender un nuevo trabajo) y llego el turno de los DJs de cierre; el rock con el gran Diego RJ del Sótano de Radio 3 y la indietrónica con Ley DJ.

SÁBADO

Ya habíamos vivido dos jornadas salvadas por los pelos y una tercera no sería de recibo, más bien una tomadura de pelo. Estábamos a tiempo, porque todavía no estaba demasiado mermado nuestro optimismo y porque el cartel de los dos últimos días de festival era mucho más esperanzador, aunque realmente tampoco para echar cohetes.

La tarde del sábado comenzaba de forma refrescante con los catalanes Beach Beach y los valencianos Siesta!, refrendando lo dicho, la emergencia nacional de primera hora estaba siendo interesante, con cierta cota de underground dentro del indie (es que ahora ya es un concepto vacío).

Tras ellos, en el principal, actuaban Reverend and The Makers, que ciertamente son animosos conjugando ritmos jamaicanos con electropop, lo que puede incitar a la danza, pero también son excesivamente previsibles y pueden llegar a aburrir. Incluso resultar un poco inquietante cuando su cantante, un señor blanco entrado en carnes y vestido de oficinista, se pone a bailar ska después de soltar unas frases con acento jamaicano de Sheffield.

Tras el reverendo, y una fugaz tormenta, nos acercamos al escenario Fibclub a ver a Hinds. Ya han recorrido medio mundo con cuatro canciones y un par de versiones, tocan muy amateur y todo lo que queramos, pero creo que suscitan demasiado odio y envidias. Al menos no parecen ir de lo que no son. Poco a poco van acertando más sobre el escenario, algo peligroso, porque puede que cuando sean diestras en esto de la música pierdan el encanto.

Frotándonos las manos ante el siguiente artista que íbamos a ver en nuestro recorrido, nos acercamos al maldito escenario/bus. Curtis Harding era posiblemente el artista más atractivo del cartel –en el cartel había grandes grupos, pero poca novedad- y pronto nos dimos cuenta de que las predicciones eran acertadas. Sin hacer demasiado aspaviento fue desgranando las canciones de “Soul Power”, su debut con Burger Records, empezando por las canciones más tranquilas hasta llegar a una maravillosa versión de “Ain’t no sunshine” de Bill Withers. Tras ello un torbellino, sin despeinarse, solo con el flujo de su voz hasta cerrar con su hit “Keep on Shining”, hasta el momento el concierto con más clase del FIB 2015.

La décima participación de Los Planetas en Benicàssim era una buena ocasión para medir el estado y las ganas de los granadinos. Poca novedad discográfica, un EP anecdótico, pero una historia inigualable en el indie nacional. Empezaron arrollando a base de atmósferas poderosas, raices étnicas bien entendidas y unas proyecciones psicodélicas que formaban un conjunto de atracción inigualable. Luego los hits, muchos, enlazados y con un tempo envidiable, la colaboración de Mendieta en “Un buen día” y a casa. Uno de los mejores conciertos de los Los Planetas en mucho tiempo. Se merecían algo así.

Con el buen gusto del concierto de Los Planetas decidimos cambiar de tercio aproximándonos al escenario donde Mark Ronson ejercía de DJ (ya se había anunciado hace días que de live nada de nada), antes del plato fuerte de la noche, que no eran otros que Blur. Este tipo sabe crear hits como nadie, rodearse de los ingredientes que necesita en cada momento y hacer vibrar a la gente con una música dance tan heredera de la música negra como el alma de James Brown.

12.- BLUR

Los que habíamos visto a Blur en el Primavera Sound 2013 sabíamos que con un concierto de grandes éxitos seguían siendo infalibles y que además sumando que venían al FIB con un nuevo trabajo,“Magic whip”, más que decente, sería muy interesante verles. Empezaron con “Go out”, single de este nuevo disco, pero a partir de ahí el concierto fue una concatenación de hits clásicos arrolladores. Damon Albarn divertido, dicharachero y simpático no tiene rival, bromeó con Coxon sin cesar y mantuvo al público en la palma de su mano durante todo el concierto. Todos los momentos fueron mágicos, desde las festivas “Parklife” (cantada con una fan extasiada), “Coffe & TV” o “Song 2” (momento pogo), hasta las preciosas “For Tomorrow” y una final “The Universal” que dejó claro que es una banda para la historia, pero que todavía puede hacer feliz a mucha gente actualmente con un gran directo. Esta jornada mejoraba la suma de las dos anteriores.

DOMINGO

A priori, para muchos de los veteranos asistentes al FIB, este día era el más atractivo, un día en el que ver tres o cuatro conciertos internacionales importantes, algún concierto nacional importante y un par de bandas emergentes. Esto era lo normal hasta hace poco, pero parece que es un lujo.

Empezamos el recorrido dominical con deBigote y Belako, dos bandas de estilos diferentes pero personalidad marcada fuera de la moda mimética del indie nacional. Los primeros, desprejuiciados castellonenses que alcanzaban, por fin, el sitio justamente ganado en el festival que se celebra en su casa y los segundos un grupo joven que realizan con solvencia un estilo, post punk, que aunque trillado, se agradece dentro del poco gusto reinante.

El primer plato fuerte del día – en un mundo ideal, donde se valorara el puesto que cada uno tendrá en la historia de la música, quizá lo fuera de todo el festival – eran los míticos raperos Public Enemy. Con toda su parafernalia desplegada, su gente revisando el escenario, la colocación de las toallas, con la seguridad y asistencia en el escenario de Chuck D y Flavor Flav preparada y los bailarines vestidos de militares complementando el espectáculo, comenzó un show espectacular que sorprendió a los profanos, pero que no era más que una representación del oficio de los padres del rap old school. Divertidos y cercanos –el tiempo amansa a las fieras- ofrecieron todas las poses posibles y mantuvieron el nivel bien arriba durante poco más de una hora que duró su concierto. Un éxtasis rítmico que puso una sonrisa automática a todo el que aguantó el calor infernal en el escenario Fiberfib. Luego algunos comentan que es un crimen no ver el concierto de Vetusta Morla en un escenario principal abarrotado, yo digo que Public Enemy pasará con letras de oro a la historia de la música mundial y que puede el influjo de Vetusta Morla se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Hagan apuestas.

Cambiando totalmente de tercio, pero con la lógica conexión que siempre tiene la buena música, nos preparamos para ver a FFS (conexión escenificada al ver a Ron Mael grabando con su teléfono parte del concierto de PE desde un lateral del escenario). El proyecto de los escoceses Franz Ferdinand y de la mítica banda norteamericana Sparks se ha materializado en un disco estupendo, con una sinergia más que patente y que solo necesitábamos saber cómo funcionaba en directo. Sin contemplaciones arrancaron con los mejores temas de este álbum, “Johnny Delusional” y “The Man Without A Tan”, y demostraron una sincronía que tenía gran parte de respeto. Para algunos, el concierto tendría partes aburridas, pero solo para los que solamente pensaban en bailar y jalear las canciones de Franz Ferdinand, como “Take me out” o “Michael”, que hicieron acto de presencia más tarde, al igual que “Achoo” de Sparks. Pero este concierto era algo más, algo mejor. Esta actuación, además de por su indudable calidad y sus grandes canciones merece un lugar preferencial en el recuerdo del FIB 2015, porque la mayoría de grandes conciertos que se pudo ver esta edición fueron repetición de tiempos mejores, pero estos grandes músicos hicieron el esfuerzo de ofrecer algo nuevo.

16.- PORTISHEAD

Después de un par de conciertos sublimes, el escenario principal lo ocupaba Portishead, sin nada nuevo que contar desde 2008, pero con un espectáculo igual de estremecedor que entonces: sin igual, arrebatador y lentamente corrosivo, con la antidiva Beth Gibbons arrastrándonos con su voz, mientras Barrow nos atrapa con su trip hop angustioso pero adictivo. Nadie salió ileso de esta batalla, o te sentías atrapado y maravillado o aburrido, como mucho joven con ganas de juerga y desfase, que no entendían que les proporcionaran ese momento de bajón. El espectáculo fue maravilloso, pero al salirte del entorno cercano de confort fue triste ver ese contraste.

Tras los ver a la banda de Bristol y pasar a corroborar que The Cribs son una mezcla en peor de Ash y Weezer, y que sin Johnny Marr pierden gracia, asistimos a uno de los mejores memorables de la edición que acababa, el show de Joe Crepúsculo & Friends. Nadie en todo el festival supo aprovechar el autobús de Red Bull para transformarlo en un guateque kitsch donde amigos como Nacho Vigalondo, en el papel de “El Alacrán”, o el maravillo y enjuto Tomasito montaron una fiesta que congregó y contagió a un público que bailó anonadado temas como “La verdad” o “La máquina de baile”. Muchos guiris se unieron a la fiesta, era difícil no hacerlo. Bravo.

Bastille nos parecieron el sopor máximo. Tan intensos y épicos que pueden parecer de broma, todo lo contrario que el desenfadado y maravilloso concierto que acabábamos de ver justo antes. La duda era marcharse con ese sabor agridulce o esperar a Novedades Carminha. Gracias a Dios esperamos, los gallegos entendieron que en un fin de fiesta no se deben hacer concesiones y aceleraron el ritmo desde el comienzo para entregar un nuevo fascículo de buen garage pop, divertido y sin pretensiones.

Así terminaba una nueva edición del FIB, la vigésimo primera, un año de transición en el que se pudo ver tres o cuatro grandes conciertos interpretados por héroes de siempre, un puñado de bandas emergentes nacionales y un par de cabezas de cartel de aquí, Los Planetas y Vetusta Morla. Poco bagaje si miramos hacia atrás, pero lo importante es mirar hacia adelante, y el FIB sigue vivo.

FOTOS: Pau Bellido/FIB

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