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Crónica Fib 2014

Autor:  | Google+ | @blutaski

Atendiendo únicamente al cartel del 20 aniversario del FIB, el festival comenzaba de forma poco alentadora, pero si tenemos en cuenta que en las pasadas ediciones estuvo claramente en peligro de desaparición, quizá deberíamos ser  algo más flexibles aun a riesgo de pecar de conformistas. Lo que está claro es que el FIB ya no tiene nada que ver con el de hace 20 años, ni tan siquiera con el de hace 5, y que si nos centramos en las comparaciones el FIB actual siempre va a salir perdiendo. Intentando, aunque a veces sea muy complicado, no caer en una reiteración nostálgica de aspectos negativos os contamos en este reportaje lo vivido durante la vigésima edición del Festival Internacional de Benicàssim.

JUEVES

Con la ya comentada sensación de conformismo, comenzamos la primera jornada del FIB 2014 con dos grupos nacionales – El Pardo y Mucho-, que fueron los encargados de inaugurar los dos únicos escenarios en funcionamiento durante el jueves –Maravillas y FIB Club-. Si el rock fuera una montaña que escalar podríamos decir que cada uno de ellos lo hace por rutas opuestas; El Pardo por la cara más escarpada y llena de salientes, representada por su rock hiriente de actitud beligerante, y Mucho a través de una ruta más ligera fundamentada en un sonido más amable, que ellos mismos denominan rock cósmico. En ambos casos tocaron ante escaso público, la mayoría nacional, como es habitual a primera hora sobre todo si actúan grupos que no son anglosajones.

El primer nombre de peso del cartel, posiblemente el más importante del día, apareció demasiado pronto, porque programar a James a las ocho de la tarde viendo el resto de sus compañeros de jornada resulta inverosímil. Puede que no sea uno de esos grupos que congrega al público más joven, que es mayoría, pero hubiera sido mucho más lógico que hubieran tocado de noche. En todo caso, la fiabilidad de la veterana banda de Manchester, liderada por un Tim Booth, que conserva intacto todo su carisma, está fuera de cualquier duda. El cantante se pasó el concierto en continuo movimiento, tanto a través de las danzas epilépticas que son marca de la casa como emulando a un derviche en trance o bajando constantemente al foso para mezclarse con el público, y todo esto sin que por ello su voz dejara de ser clara y potente. Con un repertorio compuesto por grandes éxitos como Come HomeSometimesTomorrow,  Laid o Sit Down, y canciones nuevas que reflejan el buen nivel de su nada despreciable último trabajo Le Petite Mort-publicado este año-, completaron el mejor concierto del día y todavía no eran las nueve de la noche.

Si James representaban la veteranía y la indiscutible solvencia, los londinenses Klaxons, prácticamente únicos supervivientes de la nu rave, eran los representantes de la modernidad y del hype festivalero, además de los encargado de aumentar el ritmo festivo de la noche. Los argumentos de esta banda se acabaron en 2007 con la publicación de su primer disco Myths of the Near Future y los hits que contenía –Atlantis to InterzoneGravity`s Rainbow y Golden Skans–, los cuales siguen siendo los temas más esperados en sus conciertos desde entonces, porque ninguno sus dos siguientes discos – este año han publicado su tercer disco Love Frequency  tras cuatro años de silencio- está a la altura de su debut. A pesar de la escasa exigencia del público, que con poco más que lo relatado se entregó a la fiesta, el show de Klaxons fue totalmente previsible puesto que lo mejor que contenía ya había sido mostrado por ellos mismos en sus anteriores participaciones en el festival.

La siguiente artista en aparecer en el escenario principal fue Ellie Goulding, una estrella del pop comercial en el Reino Unido –mejor artista británica en los Brits Awards 2014– aunque totalmente desconocida en nuestro país a pesar de ya haber participado en el FIB 2010. Su actuación estuvo llena de clichés del género, golpes de efecto visuales, coros, riffs, frenazos acústicos y el típico y rimbombante final apoteósico con Hurt –single de su último disco Halcyon Days (2012)-. En definitiva, un concierto anodino que bien podía haber protagonizado una artista salida de X Factoro por una Edurne de Operación Triunfo venida a más–por poner una comparación nacional-. Mientras tanto, en el escenario FIB Club, el madrileño John Gray desplegaba una mezcla de soulR&B de base electrónica únicamente acompañado por un DJ y un laptop, demostrando porque es uno de los jóvenes nacionales más prometedores del género.

Llegadas estas horas de la noche sólo quedaban dos tipos de propuestas: en el Escenario Maravillas artistas destinados al disfrute masivo anglosajón y en el Escenario FIB Club las sesiones de los DJs nacionales. En el primer caso Tinie Tempah y Chase&Status fueron los encargados, una vez más, de deleitar al público inglés menos exigente con la discutible calidad del hip hop del primero, y el 2stepdrum’n’bass dubstep de los segundos. Mientras tanto, en el escenario pequeño empezaban los DJs;  primero hizo presencia el buen criterio del periodista musical Rafa Cervera y después la fiabilidad de Amable -pionero en introducir el indie en las discotecas-, el cual nos acompañó hasta el final de la noche.

La primera jornada concluía con sabor agridulce, con únicamente un concierto rozando la excelencia e interpretado a manos de una banda veterana que ya formaba parte de la historia del festival, como si la organización hubiera tenido que echar mano del fondo de armario para dotar de algo de calidad a este jueves. El resto de la jornada fue un triste discurrir de artistas conocidos pero de escasa calidad, únicamente destinados al deleite de los ingleses en modo veraneo y de pequeñas bandas nacionales que pese a su buena predisposición poco pudieron hacer ante horarios complicados y público poco receptivo.

VIERNES

Comenzamos el carrusel diario de conciertos visitando el Escenario FIB Club para ver al dúo Kokoshca, que con su heterogénea mezcla de electricidad y electrónica, de experimentación y de pop, resultan tan frescos y originales como en ocasiones desconcertantes. Después de los navarros llegaba el turno Razorlight, una banda que intenta resucitar tras un largo parón, posiblemente producido por un estancamiento artístico tras el repentino éxito obtenido con sus primeros discos. Canciones de su primera época como Golden TouchIn the Morning o Americafueron su principal y único atractivo a pesar de los esfuerzos de Johnny Borrel por sacar partido a un repertorio lleno de tics clásicos del pop rock de los setenta.

Casi en paralelo Manel protagonizaban uno de los conciertos nacionales de mayor afluencia. Esta banda además de haber modernizado el folk rock en catalán, ha conseguido superar la barrera idiomática para conseguir seguidores fuera de su reducto lingüístico, en el territorio nacional, claro, porque por allí pasaron pocos ingleses.

Estos últimos si prestaron más atención a Tom Odell, un chaval de 23 años apadrinado por Lily Allen -que le fichó para su sello In the Name Of–  y que tiene un disco en el mercado –Long Way Down (2013)-, con el que está acaparando multitud de buenas críticas. Este niño prodigio y virtuoso del piano, es considerado por su estilo melodramático como el nuevo Elton John, pero este tipo de paralelismos, en muchos casos desproporcionados, no benefician en nada a los artistas noveles que las protagonizan, como es el caso; Odell tiene talento, pero todavía está lejos de aguantar comparaciones de este tipo. Al mismo tiempo, y como es costumbre, un grupo español  era visto únicamente por españoles en un escenario secundario, en este caso The Parrots, madrileños inmersos en la nueva ola de garage descarado y sin florituras, ideales para bailar, saltar y sudar.

Tampoco necesitó muchas florituras Albert Hammond Jr. para dar un espléndido concierto derock&roll –incluso se atrevió a versionar a Buzzcocks- . El guitarrista de The Strokes es el componente de la banda que ha seguido más fiel al sonido de Is this It y no parece verse influido por los sonidos electrónicos ochenteros como su compañero y amigo Julian Casablancas. No es la primera vez que viene en solitario al FIB, pero si su visita más convincente.

En la edición 2011 Paul Weller tuvo que interrumpir su concierto por culpa de una gran tormenta que dio al traste con aquella jornada del festival, por lo tanto esta ocasión era además de una buena excusa para ver a uno de los personajes más importantes del pop y el rock de las últimas décadas una revancha contra las inclemencias meteorológicas. El líder de bandas tan enormes como The Jam o Style Council se propuso desde el primer momento ofrecer un concierto rocoso y contundente, centrado en los éxitos de su carrera en solitario –solamente rescató Start de The Jam -, dando una lección de actitud y clase. Sin miedo a equivocarme, y solamente tirando de veteranía y oficio, su concierto fue uno de los mejores del festival, algo que dice poco de la programación de nuevas propuestas por parte del FIB.

La meteorología fue justa con Weller y esta vez esperó a que acabara su espectáculo para descargar su furia, cosa que no impidió que Of Montreal dieran un concierto ejemplar, tanto por la calidad y actualidad del pop que practican como por la actitud con las que lo interpretaron.

Calmada la tormenta estival, el jovencísimo Jake Bugg -tardará todavía bastante tiempo en dejar de serlo- repetía participación en el FIB dejando patente que programar artistas dos años consecutivos, con un nuevo disco bajo el brazo –Sangri La (2013)-. Sobre el escenario vimos un resumen de sus dos discos y como el año anterior dos tipos de interpretación; la eléctrica con banda, más protagonista que el año anterior por el cariz de sus nuevos temas,  y la descarnada acompañado únicamente de la guitarra acústica. Esperamos que Bugg vuelva de nuevo al FIB siempre que tenga cosas nuevas que ofrecer, porque su calidad es indiscutible, pero a pesar de sus nuevas canciones su actuación parecía un deja vu de la del 2013.

Si Bugg repetía el concierto del año anterior y además en el mismo escenario y franja horaria,Tame Impala volvían después de dos años, aunque en aquella ocasión los australianos habían pasado prácticamente desapercibidos cuando participaron a una hora temprana en el escenario principal. En esta ocasión regresaban al FIB bajo el cartel de estrellas de relumbrón tras la confirmación que ha supuesto su segundo álbum y de haber actuado con gran éxito en el pasadoPrimavera Sound. A pesar de que su propuesta no hace más que reciclar la psicodelia de finales de los 60, lo hace con un grandísimo acierto y exquisito gusto. Inmensamente compactos y lisérgicos han logrado convencer y arrastrar a un público que de ninguna manera se hubiese introducido en este tipo de música. Si en sus próximos trabajos continúan componiendo canciones como Solitude is BlissEndors Toi o Alter Ego no abandonarán el escalón más alto en mucho tiempo.

El principal reclamo para público masivo de la jornada, y posiblemente del festival, estaba en manos de Kasabian, algo que habla claramente del nivel y las expectativas del festival. El grupo de Leicester siempre ha sido considerado como una banda de segunda fila, con un buen puñado de hits de corte comercial pero alejado de las estrellas con las que han coincidido en el tiempo. Con la reciente publicación de su quinto trabajo 48:13 (2014) -un disco destinado primordialmente al baile- parecen haber recuperado el impulso que habían perdido casi por completo, dando un giro que aunque pretende emular al que dieron Primal Scream con Screamadelica no le llega a ni a la suela de los zapatos. Si bien la calidad de su música puede ser debatible, su fiabilidad en un festival de este tipo es indiscutible. Con una puesta en escena efectista llena de mensajes en las pantalla y un Tom Meighan más preocupado por arengar a las masas que de cantar, solamente tenían que encadenar hits como Shoot the RunnerClub FootLSF o Fire –con la que concluyeron el concierto- a los pegadizos y adictivos nuevos singles como Days Are Forgotten o eez-eh para asegurarse el éxito ante un público con ganas de fiesta.

En definitiva, una nueva jornada que no pasará a la historia pero que contó con dos soberbios conciertos a cargo de Paul Weller y Tame Impala, además de algún otro buen show –Albert Hammond Jr., Jake Bugg y Of Montreal– aunque únicamente destacables por la falta de mejores propuestas.

SÁBADO

El tercer día del FIB 2014 estaba claramente marcado por la reunión de The Libertines y por la actuación de la traviesa Lily Allen después de dos intentos fallidos, artistas que en otros tiempos –paradójicamente cuando estaban en su mejor momento- ocupaban un puesto en la serie media del festival.

La tarde comenzaba en el Escenario Maravillas bajo las notas de Maronda, grupo fundado porPablo Maronda y Marc Greenwood (La Habitación Roja) y complementado con la presencia deAlfonso Luna (Tachenko) y Paco Beneyto (Midnight Shots). Estos valencianos ya cuentan con dos discos El fin del Mundo en Mapas (2011) y La Orfebrería según los Místicos (2013), repletos de magníficas melodías pop de referencias clásicas (Brincos, Byrds, The ZombiesVainica Doble o Gainsburg) y una lírica exquisita llena de historias costumbristas y buen gusto, aunque no ha sido hasta este verano cuando por fin han dado el merecido salto a su participación en festivales importantes (FIBLow Festival y Sonorama). En su media hora de concierto eligieron las mejores piezas de un repertorio gratamente homogéneo dejando patente el estilo de una banda que esperamos que pronto nos deleite con otra colección de joyas atemporales.

Antes de volver al escenario principal para ver a Triángulo de Amor Bizarro, nos acercamos a ver a Los Nastys, otro grupo de garage madrileño que, al igual que el día anterior, hizo que un bullicioso grupo de incondicionales se entregaran al baile y la juerga.

Con el sol sobre las caras comenzaron su concierto Triángulo de Amor Bizarro, algo que cada vez es más injusto para un grupo que disco a disco y directo a directo demuestran que son la banda española más impactante de su generación. Sus conciertos no presentan ninguna fisura, suenan afilados y demoledores, coleccionan hits donde el ruido, la melodía y las frases crípticas pero incendiarias van inseparablemente de la mano. Los límites sonoros de TAB cada vez se hacen más amplios y solamente ellos saben dónde los pueden llevar en próximas entregas discográficas.  Después de ellos, ver a Jero Romero es como templar una espada al rojo en un cubo de agua fría, y es que, aunque el ex Sunday Drivers suena impecable y lleva una banda estupenda, la garra y la intensidad del anterior concierto dejaba en evidencia una propuesta quizá demasiado blanda.

Después de que los grupos españoles hicieran el trabajo sucio de abrir escenarios y ponerse morenos al sol de Benicàssim, Katy B apareció en el Escenario Maravillas como la primera estrella anglosajona del sábado. Coreografías dignas de un programa de Jose Luis Moreno (o de su homónimo en la BBC, si existe), R&B de radio fórmula y poco más para una artista que triunfa en el Reino Unido. Los ingleses normalmente nos dejan muy atrás en cuanto a cultura musical, pero también tienen su cuota de ordinariez.

El siguiente cambio de escenario nos llevó hasta Manic Street Preachers, otros clásicos del FIBy de los 90 que han sobrevivido hasta hoy de manera digna aunque irregular. El grupo de James Dean Bradfield repasó sus clásicos – Motorcycle Emptiness, Tsunami You Love Us If You Tolerate This Your Children Will Be Next – intercalando lo mejor de su última época – Your Love Alone, Walk Me to The Bridge, o Futurology -, para completar una actuación seria y sólida, digna de un grupo que también vive el presente y no actúa como una vieja gloria paseándose por los escenarios para hacer caja –en el mismo cajón que James el jueves-.

Después de ver a los galeses, nos apostamos ante un escenario adornado con biberones gigantes para comprobar si esta vez Lily Allen iba a aparecer por Benicàssim – la juguetona Lily recordaría más tarde las dos espantadas anteriores de forma divertida-, y a la tercera fue la vencida. Si Lily Allen fuera el nivel medio de artistas de su estilo que aparecieran por este tipo de festivales y nos libráramos de las Katie B o Ellie Goulding de turno, estaríamos de enhorabuena, porque no le fue difícil demostrar que tanto su carisma como sus canciones están a años luz de estas otras. Si sumamos una escenografía que sin ser espectacular si fue efectiva, su descaro habitual -tanto en sus comentarios como en sus interpretaciones-, hits incontestables como LDN, Smile, Fuck You, The Fear o Not Fear y los explosivos nuevos singles –aunque mucho más vulgares – de Sheezus (2014) – Hard Out There o Air Baloon– obtuvimos sobrada recompensa por la decepción de sus cancelaciones pasadas.

Pensando en un más que probable “lleno total” para ver a la banda de Pete Doherty y Carl Barat permanecimos en el Escenario Maravillas, pero finalmente este no se produjo; el FIB no sufrió un colapso como su pasado concierto en Hyde Park y como en ninguno de los conciertos de este año llego a congestionarse el espacio. La anterior reunión de The Libertines en 2012 no pasó por nuestro país y aunque se rumorea que esta vez van a permanecer más tiempo juntos y que incluso es posiblemente graben nuevo material, esta era una oportunidad única para verlos en directo.

En su momento fueron abanderados de la revisión del pop rock inglés en su faceta más anárquica e inmediata, convirtiéndose en mitos espontáneos a través de un romanticismo sucio prácticamente suicida. Una vez rehabilitados, más en la amistad que en hábitos saludables, han decidido rememorar aquellos tiempos y sacar rédito a la fama adquirida. Repasaron su carrera de forma intensa y extensa –en su época acostumbraban a realizar conciertos de poco más de media hora- interpretando los temas con actitud, complicidad y la sucia vulgaridad que les hace únicos; la pulcritud restaría credibilidad tanto a la forma como el fondo de lo que hacen. The Libertines ofrecieron un retorno que valió la pena y que dejó satisfechos tanto a los que no habían disfrutado en directo de todas estas joyas, como a sus seguidores más veteranos; otra cosa es la conveniencia o la capacidad que tengan de continuar haciendo cosas nuevas.

Nosotros dábamos por finalizada otra jornada más mientras el festival continuaba de la manera prevista: un par de cabezas de cartel cumpliendo sobradamente su papel –The Libertines y Lily Allen-, un grupo de los 90 que son su buen oficio remitía al nacimiento del festival y un puñado de grupos españoles que pese a su buen hacer su presencia parecía deberse únicamente al cumplimiento de un cupo –Maronda o Triángulo de amor Bizarro-.

DOMINGO

Después de tres días de conciertos el cansancio empezaba a hacer mella, pero no quisimos perdernos la apertura del Escenario Maravillas para ver el concierto de Drenge, que a pesar de practicar un rock sucio y denso (ambos calificativos en clave positiva) habían sido programados para tocar bajo el intenso sol de las siete de la tarde. Tras las excelentes críticas recibidas por su contundente debut homónimo –Pitchfork lo puntuó con un 8- teníamos interés por saber quién estaba detrás de canciones como Face Like a SkullI Wanna Break You in Half o Backwaters, y la sorpresa fue mayúscula al ver a dos chavales –los hermanos Rory y Eoin Loveless– con pinta de presentarse a tocar en la fiesta de verano del instituto. Atendiendo a lo importante, la música, simplemente hacen una revisión del grunge de inclinaciones hard rock de principios de los 90, pero que sus referencias sean tan claras no resta un ápice de que lo hagan de forma excelente.

Tras la actuación de los imberbes Drenge, comenzaban en otro escenario los veteranos The Presidents of the United States, que tras muchas disoluciones y reuniones parece que desde 2004 permanecen juntos rodando en una eterna verbena rockanrolera. Su espectáculo está basado en temas para divertirse saltando como Lump o Peaches, y divertidas versiones de clásicos como Kick Out the Jam de MC5 o Video Killed the Radio Star de The Bungles. Tienen multitud de trucos para que la gente se entretenga y los utilizaron todos hasta el último segundo del concierto, con precisión y tino.

Tras el jolgorio y la parranda, nos acercamos al escenario grande para bajar las pulsaciones  con Travis, otros veteranos de vuelta al festival. Dieron un concierto prácticamente idéntico al ofrecido el año anterior en el SonoramaFrancis Healy explicando el tiempo que pararon para disfrutar de la familia y tener hijos, la multitud clásica de melodías sensibles y pegadizas que jalonan su carrera – Turn, Side, Sing, Driftwood, Why Does it always rain on me? etc, etc.-, bajadas para tomar contacto con las primeras filas y la banda interpretando prácticamente a capela Flowers in the Window en el centro del escenario alrededor del cantante y su acústica. Este fue el show más amable y entrañable de este año, como la sonrisa escondida tras la poblada barba de Healy.

En un cartel repleto de nostalgia, de bandas habituales por estas tierras o de artistas comerciales populares en Reino Unido, pero de dudosa calidad artística, sin lugar a dudas el nombre más interesante y destacable de los cuatro días era el de M.I.A. A pesar de actuar sobre un escenario vacío, a M.I.A. le sobró con el acompañamiento de dos bailarines y un Dj, además de unas impactantes proyecciones para componer una poderosísima puesta en escena. En unos escasos cuarenta y cinco minutos de actuación se dedicó a enlazar trallazos sonoros – Bucky Done Gun,Bring the Noize, Paper Y, Boys, Planes o Bad Girls- que sonaron como auténticos misiles cayendo alrededor, mientras las proyecciones reforzaban la carga política y social de las letras de sus canciones. Bajó varias veces a mezclarse con las primeras filas mientras que los bailarines sobrepasaban las capacidades humanas –tenían que parar unos minutos cada dos o tres temas agotados por los movimientos espasmódicos que formaban sus extrañas danzas- . Sin lugar a duda fue el concierto del festival, por el que la edición 2014 debería recordarse.

Debido a la corta duración del concierto de M.I.A. tuvimos tiempo de llegar al comienzo del concierto de The CharlatansTim Burgess y sus chicos compusieron algunas de las canciones más bailadas del movimiento Madchester, aunque nunca llegaron al primer peldaño del pódium ocupado por Primal ScreamStone Roses o Happy Mondays. A pesar de esto Weirdo, One to Another, North Country Boy o The Only One I Know son auténticos himnos que invitan al baile hipnótico nada más reconocer sus primeros acordes, y eso es básicamente lo que sucedió.

Poco más quedaba para finiquitar nuestro paso por el veinte aniversario del Festival Internacional de Benicàssim; el soul amable del escocés Paolo Nutini que poco a poco se está convirtiendo en un músico de masas –prácticamente dobló la audiencia de su participación hace un par de años- y unos The Courteeners que exprimen el pop mesiánico sin ningún complejo y que carecen de la originalidad necesaria por la que puedan ser recordados cuando pasen de moda.

La vigésima edición del FIB había terminado con mucha más pena que gloria. Que nos podamos sentir reconfortados porque, según parece, la continuidad del festival está asegurada a corto plazo no quita que nos sintamos decepcionados por el escaso valor artístico de un cartel que en una edición tan señalada debería de haber brillado mucho más. El modelo de negocio ha cambiado con el tiempo – desde la salida de los hermanos Morán cada año se ha hecho mucho más evidente – pero lo del festival turístico para extranjeros jóvenes atraídos por el pack de música y playa poco puede dar más de sí. Recuperar al público que ha cambiado FIB por Primavera Sound o BBK por el aspecto musical será difícil, tanto como recuperar a los jóvenes españoles que buscan festivales low cost y se conforman con carteles más humildes como Arenal Sound o Low Festival. Igualmente el FIB mantiene intactos muchos encantos que no se pueden despreciar; una producción impecable, un recinto perfecto para el tipo de festival que realiza y mucha experiencia para poder virar el timón sin tener que hacer un esfuerzo organizativo revolucionario. Las soluciones o medidas a tomar –si las hay o si se quieren tomar- seguro que son múltiples y complejas, y de difícil resultado a corto plazo, pero deberían ponerse en marcha pronto para no perder un festival que ha sido muy importante para varias generaciones. Nosotros queremos que el FIB continúe muchos años y asistir para poder contároslo.

Fotos: Laura de Marco

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