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Crónica Festival Tomavistas 2016

Autor: | @indienauta

El festival que necesitaba Madrid

La segunda edición del festival madrileño se confirma como un festival de corazón grande y de formato pequeño, y con grandes probabilidades para convertirse en un festival de referencia. El cambio de ubicación, (antes en el Hipódromo), le sentó de miedo: una ubicación espectacular en el Parque Enrique Tierno Galván, al lado del Planetario. Tres días (el último de acceso gratuito), dos escenarios, una treintena de bandas. Poca broma

Madrid necesitaba un festival que mirase a nuestras raíces, a nuestras bandas, con orgullo, con la calidad de una programación acorde con el buen estado de nuestra escena musical, y con la mirada bien alta. Y Tomavistas ha cumplido con esos objetivos. Sumado a un recinto espectacular, especialmente ese escenario grande. Tras el intento fallido en el Hipódromo, este sí que parece ser el enclave ideal. Pese a un escenario pequeño que no sonó siempre con la calidad deseada, y pese a que el eco que provocaba en los edificios de viviendas aledañas provocó que la Policía Municipal obligara a reducir los decibelios, para desgracia de los seguidores de The Suicide of Western Culture, que ofrecieron un gran espectáculo de electrónica de nuevo cuño con unas visuales excelentes y una entrega sin parangón. Quizás ese escenario será un punto a cambiar. Ese, y que el agua cueste 3 euros, una bebida de primera necesidad, y ninguna  fuente en el recinto del parque. Por lo demás, un 10 al festival que resolvió todo tipo de problemas (viento, problemas con los dispositivos de recarga de crédito para las barras y los food trucks, etcétera), al público y al buen rollo reinante y a las bandas. Un festival de media dimensión, manejable, que puede crecer aún más, pero en el que todos los asistentes disfrutamos a lo grande. El domingo al ser gratuito tuvo mayor presencia de público, pero el sábado ya contó con un aforo de unos 2.500-3.000 aproximadamente ¡Larga vida al Tomavistas!

TOMA I

La presencia de bandas extranjeras era testimonial: la excelente banda de David Gedge, The Wedding Present, A Place To Bury Strangers y Ultimate Painting, pero ampliaba la mirada del cartel. Un cartel en el que sobresalieron, para el abajo firmante, Chucho y Luis Brea y el Miedo. Fernando Alfaro y Chucho ofrecieron un concierto pletórico, combinando clásicos impepinables como la cristalina y turbulenta “El Detonador EMX”, la fantástica “Revolución”, la redentora “El Ángel Turbio”, el punk de “Perruzo”, “La Mente del Monstruo”, con temas de su último disco en el que destacan “Oso bipolar” y sobre todo “Inmenso Placer”. Terminaron, como no, con “Magic” y el público bailando como si no hubiera mañana. Luis Brea y el Miedo lo dieron todo, el cuarteto madrileño repasó parte de su segundo disco, y corroboraron su impecable puesta en directo, con un Luis pletórico ataviado de gorra dejando el posindie de lado con una imagen cruce entre Kurt Wagner (Lambchop) y un ‘frontman’ hardcore. Fielmente acompañado por sus escuderos, impecables los tres Nacho Mora (bajo), Lázaro Fernández (batería), y Jorge Martí aportando riffs pegajosos. Inmensas “Discotecas”, “Mil razones”, “After Crisalida”, “Tres Cruces” o recuperando “Dicen por ahí”, con ese deje tan a lo Julio Iglesias. Remataron con el clásico “Automáticamente”, alargándola cuál hit que viene y va, que vuelve, que saca su lado afilado, su lado festivo, de mañaneo y golfeo, y que provoca que el respetable bote cual peonza de la alegría. Un valor seguro.

También brillaron bandas infalibles en directo como Guadalupe Plata, un valor seguro, aunque quien ya los ha visto no se sorprende tanto como la primera vez. O nos desmelenamos con Novedades Carminha, que gustaron con sus versiones: de la cumbia “Cariñito” y de punk clásico “Demoler” de Los Saicos, y coreamos a gritos “Antigua pero Moderna”. Un revulsivo contra el aburrimiento y un gozoso estimulante al baile. Cuello sonaron peor que en sala, pero su propuesta tiene nervio y pegada. Las Ruinas son genuinos, totales e incombustibles: su punk pop es adictivo. Remataron con su clásico “Ramón y Cajal”, ese guiño a una de las salas con solera de Barcelona, L’Heliogàbal. WAS, los de Getxo, nos hicieron bailar de lo lindo presentando su ‘Gau Ama’ (Mushroom Pillow, 2016) para cerrar el sábado, con ese dance rock tan vibrante como narcótico, recordándonos a bandas del sonido Madchester como The Stone Roses y Happy Mondays. El viernes me decepcionaron un poco El Último Vecino, faltaba empaque, mejor sonido, el vocalista no se lució; aunque no en vano su propuesta es cuando menos curiosa y reinventa el synth pop con éxitos como “Tu Casa Nueva” por esa línea tan peculiar que abrieron Hidrogenesse o SVPER (antes Pegasus). A Place To Bury Strangers me parecieron lineales, densos, y eché en falta más chicha y más melodía. Son un formato trío muy en la estela de The Jesus & Mary Chain y de bandas actuales como The Horrors pero sin teclados y sin demasiada capacidad de sorpresa. Eso sí impecable su entrega en directo, y como se mezclaron entre el público para rematar su concierto al lado de la mesa de sonido. Cápsula homenajearon a David Bowie reinterpretando entero el disco ‘Ziggy Stardust’ y añadiendo clásicos del genio británico como “Rebel, Rebel”. Muy dignamente, aunque claro el original es oro de kilates.

Entre los clásicos, gozamos con Tachenko y un gran ejercicio de pop elegante y luminoso. Un concierto especial al recuperar a su bajista original, y al desgranar sus píldoras pop directas y efectivas. Australian Blonde dieron conciertazo en parte gracias al showman que es Paco Loco, revolviéndose en el suelo y haciendo todo tipo de malabarismos con su guitarra en un espectacular ejercicio de actitud rock. “Chup chup chup” sigue vigente en el mundo ‘viejoven’.

Mucho sorprendieron con su revolución musical cósmica, con ese quiebro  estilístico de Martí Perarnau hacia un funk pop muy bien ideado y logrado, incluyeron en un repertorio bien animado su única balada “Perro Negro SL”, dedicada a Wert. Neuman cerraron el Tomavistas, con Paco bien centrado de vuelta al ruedo tras una larga pausa por problemas de salud. Demostraron su buen hacer, su profesionalidad, y como no, sonó su hit “Turn it” o  temazos como “Bye Fear / Hi Love” o “Tell You”.

Me perdí, y me quedé con ganas de haber visto, a Ultimate Painting, de quiénes me dijeron que ofrecieron una lección de pop británico de gran calidad. También fallé con Papaya y Le Parody, de ésta última me dijeron que el sonido no hizo justicia. O el espectáculo de Pedro Perles, como maestro de ceremonias, animando al personal con sus Perlita: canela fina. En resumen, un festival en el que no paras de encontrarte gente conocida y que te hace bailar, es indicativo de que todo puede ser maravilloso.

Andrés Castaño

TOMA II

Grupos cargados de actitud y buena música que no fue suficiente para despertar la pasión del publico dentro del ambiente de un festival con aroma a capuchino descafeinado y pan multicereales. “Bailad un pogo que esto es un festival” dijo con cierta desesperación el cantante de Siberian Wolves que culminó con sonidos que hacían un guiño a aquel british punk cocinado en los suburbios del Londres de los 70. Y más british en el escenario Tomavistas, pero del de pintas de cerveza y fish and chips el que ejecutó The Wedding Present con la maestría que les da la experiencia y que encantó a los puristas del género.

A los valencianos lobos siberianos no les ayudó la calidad de sonido del escenario Mondo que el sábado hizo aún más sucio y atronador el sonido de Disco Las Palmeras!, ni el respeto al descanso de los vecinos que hizo bajar el volumen general del recinto, ideal para los veteranos Grupo de Expertos Solynieve que contaban con el público seguro e hicieron gala de una sobriedad de concertista clásico que hubiera encontrado el equilibrio compartiendo espacio y tiempo con los jóvenes Trepat que, como ellos, beben del folk curtido por el clima extremo de Granada pero lo combinan una puesta en escena desenfadada y coreografías heredadas sin complejos del mainstream ochentero. Convalidaron Trepat el viernes su titulo de ganadores del concurso de bandas emergentes del low cost ligando a la perfección acordes y voz en la tradición más oscura del post punk de Joy Division y de los patrios Décima Víctima con el desenfado del pop.

El electro ambiental de Holögrama y de los The Suicide of Western Culture quiso hacerse su sitio con muchas ganas y poco éxito en su intento por recrear la vitalidad del club moderno, unos antes y otros después, de unos Triángulo de Amor Bizarro puramente analógicos sin salirse de la tradición del noise pop rock patrio, derrochando brillo y energía en el escenario para un merecido público devoto que no vio cumplidas todas sus expectativas por la contención generalizada del evento.

Xme Aumente

Foto: Javier Rosa 

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