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Crónica del Tomavistas 2018

Autor:  | Google+ | @curtillo

Buenos conciertos, buen sonido, un lugar idílico…aun, con sus fallos, que también los tuvo, el Festival Tomavistas superó con nota la prueba de su edición más ambiciosa. Ni la impresionante tormenta que cayó que el viernes por la tarde, la cual hizo refugiarse a mucha gente en los restaurantes y bares cercanos, pudo con el ánimo y el festival. En el plano musical, hubo varios triunfadores, tanto foráneos como nacionales, donde se pudo comprobar el buen estado de forma de que presenta nuestra escena. Además de un pequeño tirón de orejas a esos festivales que siempre programan a los mismos grupos, porque bandas como Perro, Melange, Tulsa o La Bien Querida, demostraron que también pueden atraer a unos cuantos miles de personas.

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La primera madrileña es imprevisible, y se puede pasar de un sol radiante a un diluvio universal en cuestión de media hora. Una media hora que nos sirvió para ver a Él mató a un policía motorizado sin que nos preocupáramos por la lluvia. La banda argentina subió al escenario con la seguridad que les da un disco como “La síntesis O’konor”, con el que han logrado algunas de las mejores críticas de su carrera. Sus canciones, ocuparon buena parte del concierto, en el que, a pesar de un pequeño problemilla en ‘El mundo extraño’, sacaron un gran sonido. El tono más reposado que tienen gran parte de las canciones de este trabajo no lastró en ningún momento el concierto, y temas como ‘El tesoro’ o ‘La noche eterna’ conectaron al cien por cien con el público. Además de esa impresionante ‘Ahora imagino cosas’ que sonó inmensa. La casualidad, o mala suerte, según como se mire, quiso que el mozón apareciera cuando decidieron repasar algunos de sus viejos temas. En cualquier caso, los que aguantaron el chaparrón, se encontraron con uno de esos momentos únicos propiciado por ‘Chica de oro’ y ‘Yoni B’, con las que se montó un buen pogo bajo la lluvia torrencial.

Tras aguantar estoicamente bajo un árbol (justo lo que no se debe hacer en una tormenta), y refugiarnos detrás de las barras, tocaba esperar a ver qué pasaba con el agua y si Superchunk podían salir a tocar. Afortunadamente, cuando llegó su hora, la lluvia era ligera y a mitad de su concierto paró. Los norteamericanos vinieron sin Laura Ballance, su bajista, pero lo cierto es que, aunque la echamos de menos, dieron un concierto de diez. Su indie-rock clásico sigue muy vigente, algo que se pudo ver cuando atacaron los temas de “What a Time To Be Alive”, su estupendo trabajo. Canciones como la potente ‘Lost My Brian’, o las más melódicas ‘Erasure’ y ‘What a Time To Be Alive’, no desentonaron con sus viejos himnos. Además, Mac McCaughan estuvo de lo más simpático y chapurreando un castellano bastante decente. Sin duda alguna, lo siguen teniendo.

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Lo poco que pudimos ver de Belako (en algún momento hay que cenar) fue sorprendente. No porque nos gusten más o menos sus canciones, sino por lo bien que suenan. Son como una apisonadora, y no nos extraña que cuenten con un éxito tan grande. Es más, su actuación se programó en el segundo escenario, pero viendo lo abarrotado que estaba, lo podrían haber programado perfectamente en el principal.

Ride eran las grandes estrellas internacionales de la jornada, y no defraudaron. El grupo de Oxford no ha estado muy acertado con su disco de regreso, pero en directo sí que siguen funcionando muy bien. Además, alguno de sus temas como ‘All I Want’, ganan en vivo. La lastima es que se dejaran fuera ‘Cali’, el que es con diferencia el mejor corte del disco. Pero bueno, no pasa nada, para eso cuentan con una de las discografías más potentes del mundo del shoegaze. Y es que, el temor a que a sonaran excesivamente blandos, como en otras ocasiones, se disipó casi nada más empezar, con la hipnótica y contundente ‘Seagull’. A partir de ahí encarrilaron muy bien el concierto, y nos hicieron vibrar con canciones como ‘Taste’ (esos coros siguen sonando deliciosos casi treinta años después), la contundente ‘Dreams Burn Down’, que hizo retumbar todo el parque Enrique Tierno Galván, o la psicodélica ‘Leave Them All Behind’. Aunque claro, el momento de la noche, con el permiso de esa preciosa y melódica ‘OX4’, se lo llevó ‘Vapour Trail’, la que siempre será su canción emblema. Con ella se acercaron al final de su concierto, que fue coronado con una buena descarga de distorsión propiciada por una espectacular ‘Drive Blind’. Están en muy buena forma.

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Una de las cosas a mejorar del festival es el segundo escenario. Mucho más grande que en otras ocasiones, pero con una visibilidad muy reducida si no logras entrar más allá de la torre de sonido. Fue algo que pudimos comprobar en el concierto de la chilena Javiera Mena. Entre esto, el sonido tan bajo, y las interrupciones, no pudimos disfrutar bien temas como ‘Otra era’ o ‘Espada’. Si es cierto que ella no estuvo muy atinada (quizá por los problemas técnicos) y que, a pesar de que su puesta en escena era fantástica, con dos bailarinas y uno visuales de lo más coloridos y chulos, le faltó algo. Ni siquiera su verbenera versión de ‘Ritmo de la noche’ logró los resultados esperados. Otra vez será.

Nada como un poco de electrónica para cerrar la noche. Django Django y La Casa Azul fueron las bandas encargadas de despedir el escenario principal en su primera jornada. Los británicos juegan en esa liga de grupos que fusionan electrónica y rock sin tapujos, pero sí es cierto que su actuación del viernes fue estuvo más centrada en el baile, y que temas como ‘Default’ o ‘Tic Tac Toe’, hicieron del escenario Four Roses toda una pista de baile. Algo que se mantuvo en el apoteósico concierto de La Caza Azul. Los de Guille Milkyway demostraron que, aunque su público es el mismo de siempre, y han pasado los años por ellos y ya no son esa banda que comía galletas, siguen en plena forma. La prueba es que sus fans no pararon de botar durante todo el concierto. Con una estética y un sonido muy Daft Punk, fueron repasando lo más granado de su carrera, y todas y cada una de sus canciones fueron coreadas por un público absolutamente entregado. Aunque claro, el gran momentazo, como no podría ser de otra manera, fue ‘La revolución sexual’, con la que hizo botar a todos los presentes. Eso sí, un poco más de volumen no hubiera estado mal.

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Un sol reluciente y un calor importante nos recibieron el sábado para ver a Kokoshca. La banda navarra dio uno de los grandes conciertos del festival, con un sonido espectacular y con una ejecución brillante. Además, afortunadamente, empezaron un poco tarde y pudimos ver su concierto completo. Mención especial para Amaia, su cantante, no solo por su gran forma de cantar, también por su interacción con el público durante todo el concierto. Eso, unido a temas tan grandes como ‘La fuerza’ ‘No queda nada’, y ‘No volveré’, hizo que nos dejaran con ganas de más.

Quizá hubiera sido mejor programar en el escenario principal a alguno de los artistas nacionales que tocaron en el escenario secundario. Algunos de ellos recibieron mucho más público que Chad Vangaalen, el cual, aunque no dio un mal concierto, no termino de conectar con los allí presentes. Su indie-rock se deja escuchar muy bien en disco, pero en directo se quedó algo soso. Todo lo contrario que Melange, los cuales, con su rock árido, casi western, sí que lograron conectar con el público. Y si hablamos de bandas nacionales que consiguen grandes resultados en sus conciertos, hay que mencionar a El Columpio Asesino. Los de Navarra llevan años sin sacar disco, pero siguen siendo una de las bandas nacionales más queridas por el público. Además, la suya es una música oscura y, salvo ese hit llamado ‘Toro’, con el que, por supuesto, cerraron, no hicieron un concierto fácil. Aun así, triunfaron.

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Al igual que con Ride, el miedo que había con The Jesus and Mary Chain era que sonaran excesivamente blandos, pero no fue el caso. La banda escocesa se presentó más oscura y sucia que en algunas de sus últimas visitas, sacaron un buen sonido, y acertaron con el repertorio. También es cierto que su último trabajo no está nada mal, y que las canciones que eligieron del mismo, no desentonaron con sus clásicos. Así, pudimos comprobar que ‘Amputation’ se adapta estupendamente a su faceta más densa y ruidosa, y que ‘All Things Pass’ hace lo propio con su lado más pop. Quizá, la única de su nuevo disco que no llegó a despuntar del todo fue ‘Mood Rider’, que se hizo algo monótona. El resto de temas de su repertorio fue un repaso a su carrera. De hecho, nada más empezar se quitaron de encima las magníficas ‘April Skies’ y ‘Head On’. Momentazos hubo unos cuantos, como esas ‘Between Planets’ y ‘In A Hole’, que sonaron como una apisonadora, o la preciosa ‘Some Candy Talking’. Y, por supuesto, hay que destacar ‘Just Like Honey’, su tema más conocido, con el cual, una vez más, nos volvieron a poner los pelos de punta. Eso sí, ni idea de quién fue la chica que se subió a cantar con ellos. Además, tuvieron tiempo para reivindicar “Munki”, un disco que en su día no tuvo muy buenas críticas, y que no estaba nada mal. De él, tocaron una enorme ‘Cracking Up’ (imposible olvidarse de ese punteo de guitarra), y la irónica ‘I Hate Rock ‘n’ Roll’, con la que cerraron un concierto redondo.

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Tiene que ser reconfortante para los miembros de Los Planetas tocar por encima de The Jesus and Mary Chain, una banda que han venerado desde sus comienzos, pero los granadinos se lo merecen. Ya no solo porque obtuvieran el lleno más grande de todo el festival, también porque han logrado hacerse con un directo más que solvente. J y compañía siguieron el guion de siempre, el mismo que habíamos visto hace pocos meses en el Wizink Center, pero los resultados fueron mejores. Quizá fuera por el sonido –el escenario principal sonó estupendamente todo el fin de semana-, o quizá fue por el buen ambiente que se respiraba en el recinto, pero fue una de esas noches mágicas. Y no es que hubiera muchas sorpresas, tan solo la inclusión de ‘Prueba esto’ en el repertorio y ver a Soleá Morente bailando y dando palmas encima del escenario, el resto fue lo mismo de siempre. Pero, una vez más, resulta imposible no emocionarse como ‘Islamabad’, ‘Si estaba loco por ti’ o ‘Santos que yo te pinte’. Al igual que resulta imposible no corear a grito pelado ‘Segundo premio’, ‘Un buen día’ o ‘De viaje’. Y es que, es lo que tiene ser el grupo que ha marcado a toda una generación.

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El cierre del sábado también estaba centrado en el baile, pero los resultados fueron muy distintos. Mientras La Casa Azul hizo disfrutar a todos los presentes, Rooselvet los aburrió. El pop electrónico del alemán funciona muy bien en disco, pero en directo termina resultando demasiado lineal y soso. Ni siquiera logró despertar al público con ‘Fever’, su gran hit. Tal vez, si hubiera tocado su versión de ‘Teardrops’, como hizo la otra vez le que vimos, hubiera levantado un poco más a los allí presentes, que a esas horas ya no eran muchos.

Al final, la catástrofe que se preveía tras la tormenta, no fue tal, y el festival siguió su curso con toda normalidad. Solo un par de apuntes para años venideros. Algún tipo de carpa, tanto para el sol, como para la lluvia, no vendría no mal. Un servidor tuvo suerte, pero la gran mayoría de personas tuvo que irse fuera del recinto o esconderse como pudo. Y el otro tiene que ver con el escenario de djs. Un poco más de volumen no hubiera estado un poco mal, ya que, si no estás a menos 100 metros del dj, no se oye nada. Por lo demás, pocas pegas, quizá una cerveza que no sea tan densa, pero eso ya es cuestión de gustos.

Fotos: Belén Purroy

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