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Crónica del MUTEK 2014

Autor: | @bohemian_corner

Hablar de MUTEK significa hacerlo de un evento muy especial que se está cociendo desde hace unos cuantos años por diversas partes del mundo. Todo empezó en Montreal, siguió en México D.F y ahora continúa en Barcelona. Tres ciudades para un concepto casi espiritual, donde la rentabilidad económica nunca ha sido el factor decisivo en la toma de decisiones.

Durante esta edición tuvimos la oportunidad de asistir a charlas vespertinas de la más diversa índole, y en una de ellas el propio creador del festival canadiense nos explicó su leitmotiv para confiar y evolucionar en un proyecto donde la investigación y la experimentación juegan de delantero centro. Pero no sólo de conferencias vivieron las tardes de MUTEK. También hubo lugar para clases magistrales como las de Deadbeat sobre los entresijos de Ableton, o el tremendo juego visual a través de mapping 3D con 1024 Architecture.

Las sensaciones eran inmejorables, y en el apartado sonoro del festival alcanzamos cotas estratosféricas de felicidad. Sólo pudimos acudir viernes y sábado, pero fue un muestreo más que suficiente para sacar conclusiones y forjar una opinión propia consistente.

Sin duda, el momento del festival fue el concierto de Nils Frahm en el Teatro Tívoli. He de decir que soy un neófito en cuanto a pianistas contemporáneos que mezclan a su antojo virtuosismo y sintes como es el caso de Nils, pero el espectáculo fue tan desgarrador y sobresaliente que fue imposible gesticular en toda la actuación. Cuatro pianos, filtros, atmósferas imposibles…si uno cerraba los ojos podía creerse en una expedición camino a Neptuno. Lo que más chocaba era la complejidad de sus obras con la tranquilidad y humor que emanó durante todo el concierto. Nos mostraba que era tan humano como cualquiera de nosotros, aunque por momentos pareciera venido de otro planeta. El nombre de su largo “Spaces” no es mera casualidad.

Tras esta exhibición sobre las teclas acudimos a Nitsa mentalizados de que la noche iba a ser dura y cruda. Deadbeat y Tikiman plantearon un viaje con sabor a dub que supuso un perfecto aperitivo para comenzar la velada electrónica. Nos gustó el desarrollo del set aunque por momentos nos pareció algo monótona la intervención al micrófono de Tikiman, que no dejaba que el discurso musical adquiriera la evolución pretendida. Pese a todo, notable calentamiento para pasar a Andy Stott. La sesión del británico fue difícil de digerir. Minimalismo, ritmo cambiante pero poco definido, parecía poco preocupado por la pista de baile y sí en la fidelidad a su sonido. No obstante, en los últimos minutos la sesión derivó en un techno oscuro, no excesivamente rápido, recibido por el personal como agua de mayo.

La noche se cerró con Marcel Dettmann, uno de los hombres más en forma del circuito y clave en convertir a Berghain en el Vaticano de los clubes. Este tipo a los platos me recuerda al Rust Cohle más frío e indefinible. Ambos con largo cabello, capos en su sector y con una mirada que deja entrever las dimensiones paralelas que en ocasiones visitan. Techno sin concesiones pero sin ser previsible, bajo un ritmo 4×4 que tiene tantas capas que a veces cuesta distinguirlo, y un control de la pista absolutamente brutal. Lo habré visto una decena de veces y siempre con un discurso quirúrgico y bailable.

El sábado fue un día de descanso destinado a recuperar las 7 horas de tren del día anterior (Talgo y sus lujos), así que acudimos directamente a Nitsa a celebrar el décimo aniversario del mítico sello Hyperdub. Abrimos boca con Laurel Halo y su “Chance of Rain”. Nos encantó su live aunque entendemos la complejidad del mismo y el desconcierto que provocó entre el público. Era imposible prever cuándo iba a entrar un bombo o una melodía y a veces creaba ritmos de difícil baile y asimilación. Logramos desquitarnos de prejuicio alguno y disfrutamos enormemente, sobre todo con una última media hora de techno y acid que dibujó sonrisas a los presentes.

El siguiente en actuar era Kode 9, para mi la gran sorpresa de las noches Nitsa. Y nuestro asombro no provenía de discurso sonoro alejado a los que nos tiene acostumbrados, sino por elevarlo a la enésima potencia. Es el absoluto rey de los ritmos rotos, del UK garage y de las rodillas ajenas. Sesión absolutamente indefinible que caminó entre la suciedad y el baile en bunker atómico.Entre lo tangible y lo abstracto. Ninguno sabíamos qué había ocurrido al finalizar su set, sólo sabíamos que queríamos más y más.

Tras la salvajada de Kode 9 apenas pudimos continuar con Scratcha DVA, quien ponía el colofón al festival con una sesión algo más funky en la que predominó el sonido rave.

MUTEK es la respuesta a la necesidad que muchos teníamos respecto a la evolución que los festivales están tomando. Electrónica de primer nivel, experimental, innovadora, distinta, alejada de carteles con sabor a euro. Significa volver a la raíz, al camino del que nunca nos tendríamos que haber desviado. Bravo.

Foto: Nils Frahm por MAHALA MARCET

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