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Crónica del GetMAD! 2017

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Los días 26 y 27 de mayo se celebró en Madrid la segunda edición de GetMad Festival, con una más que interesante programación que abarcaba el punk rock, el hard rock, y la psicodelia entre otros géneros con raíces en la música de los 60 y 70 principalmente. Un total de más de 30 bandas de diferentes países que tocaron distribuidas por varias salas del barrio de Malasaña.

Nos quedamos sin disfrutar del folk noir de la estadounidense Emma Ruthel y el kraut rock de los berlineses Camera, ya que cancelaron sus actuaciones por motivos ajenos a la organización del evento. Pero el amplio cartel del festival ofrecía motivos más que suficientes para no salir de los alrededores del barrio durante los dos días.

VIERNES

Había que elegir, y para la primera jornada del festival decidí quedarme con la propuesta de bandas de la sala Taboo. Un cartel donde predominaba la psicodelia entendida de distintas maneras.

Dyr Faser

El Proyecto musical de Eric Boomhower , al que luego se unirían Thalia Zadek y Katherine Murray, fueron los encargados de abrir la tanda de conciertos del viernes.

En formato dúo (sin Zadek), y armados de sendas guitarras más un teclado lograron que el escaso público presente (los primeros conciertos del festival empezaban sobre las 18h y eso es demasiado temprano para algunos) cayéramos en una especie de trance entre lo hipnótico y lo sedante. Un buen principio de jornada festivalera que hubiese merecido algo más de atención.

The Baudelaires

Los de Melbourne vinieron a presentar los temas de su primer larga duración “Musk Hill”, ofreciendo una buena dosis de ese sonido tan característico de muchas bandas de por allí: un poco de garage, un poco de psicodelia, un poco de surf, y mucho guitarreo.
Quizás algo lineales, pero bastante resultones. Tras su actuación, y como buenos australianos, se quedaron por los alrededores viendo a las otras bandas que tocaron en la sala y bebiéndose hasta el agua de los floreros.

The Love Coffin

El quinteto danés quizá fuese la nota algo más discordante dentro de una jornada dominada por la psicodelia en cualquiera de sus vertientes. No porque los escandinavos no tuviesen su punto psicodélico, sino porque el post-punk y el pop-rock ochentero de tintes siniestros son influencias aún más presentes en su música.
En directo estas influencias se diluyen un poco en favor de un sonido más contundente. Ofrecieron un buen concierto, aunque el excesivo postureo en plan “rock star atormentada” de su cantante los hiciese parecer bastante desfasados a ratos.

Ouzo Bazooka

La sorpresa y el primer gran éxito de la jornada. Este grupo de Tel-Aviv con su rock setentero de aires orientales conquistó poco a poco a un público que acabó llenando la pista de la sala y bailando como si no hubiera un mañana.

Cuando dejan a un lado su vertiente más “exótica” suenan a Deep Purple, pero es ese acercamiento a sonoridades menos occidentales lo que les llevo a ganarse por completo a los presentes. Un concierto que fue yendo a más, hasta convertirse en una auténtica fiesta con el cantante y guitarrista del grupo bajando del escenario para tocar entre el público con su peculiar look mesiánico. Tras finalizar el concierto fueron muchos los que se acercaron al puesto del merchandising para hablar con el grupo e interesarse por sus discos. Llegaron y triunfaron, no hay duda.

SÁBADO

Tenía muy claro que el sábado tenía que estar en la sala But. Jim Jones y The Zombies eran platos fuertes que no podía perderme.

Froth

Los californianos vinieron a presentar “Outside (briefly)”, su tercer disco en el que siguen en la línea shoegaze-noise pop en su vertiente menos ruidista.

Con bajo, batería, y dos guitarras fueron desgranando temas envolventes que unas veces acababan en tormenta eléctrica y otras se iban desvaneciendo poco a poco. Consiguieron atraer a bastante público, pese a ser los primeros del cartel de la sala, con la que fue sin duda la apuesta más indie del día.

Jim Jones & The Righteous Mind

El que fuera componente de Thee Hypnotics, Black Moses y The Jim Jones Revue venia con su nueva banda a presentar disco, y había ganas. Al rock n’ roll clásico pasado de revoluciones marca de la casa, Jones para este proyecto ha añadido a la fórmula dosis de psicodelia, exotismo, y alguna que otra atmosfera que roza lo gótico. El resultado es un discurso musical que, sin renegar en absoluto de sus previos proyectos, ofrece una gama más variada y rica de lo que no deja de ser “rockanrolazo” del bueno. Algo así como si Screamin’ Jay Hawkins, John Lee Hooker, The Cramps y los MC5 hubiesen decidido meterse de lleno en una orgía musical sin fronteras muy delimitadas.

Y presentaron los nuevos temas como merecía la ocasión, con energía desbordante y con toda la chulería y desparpajo necesarios cuando hablamos de este tipo de música. Jones y sus secuaces no escatimaron a la hora de sudar la camiseta en escena, y el público que llenaba la sala no tardó en sumarse al aquelarre sonoro. Fue solo rock n’ roll, pero gustó (y mucho).

The Zombies

Hace mucho tiempo que dejaron de ser unos pizpiretos jovenzuelos con traje y flequillo, ahora lucen melenas canas y cazadoras de cuero. Esperar que fueran algo parecido a lo que eran hace 50 años sería ilógico y ridículo. Aún así demostraron eso de “quien tuvo retuvo” (que Colin Blunstone tenga aún el chorro de voz que tiene es impresionante). Los autores del mítico “Odessey And Oracle” no decepcionaron a un público que estaba allí para mostrarles su respeto y su afecto, y que disfrutaron con temas que ya son parte de la memoria musical de muchos.

Aún así, el concierto no estuvo exento de “peros”. Teniendo en cuenta que era un festival y que para la mayoría de los presentes era la primera (y posiblemente la última) vez que veían al grupo, la elección del repertorio fue más que cuestionable. “Sacrificar” temas clásicos para tocar canciones de un disco con material nuevo que sacaron hace unos años, o para interpretar una interminable jam partiendo de un tema de la carrera en solitario de Argent (teclista y miembro fundador junto a Colin) solo se puede perdonar desde el cariño. A eso hay que sumarle unos giros vocales de Blunstone más propios del vocalista de Marillion, y unos solos de guitarra totalmente fuera de lugar gracias a un guitarrista empeñado en joder lo que son en esencia perfectas canciones pop. Pero como digo el público ya estaba ganado de antemano, y canciones como “Time Of The Season” o “She’s Not There” fueron aclamadas como los himnos que son. Incluso la horterísima “God Gave Rock N’ Roll To You” (que yo conocía por la versión que popularizaron KISS a principios de los 90, y que resulta que está compuesta por Argent) fue coreada sin rubor alguno.
Se retiraron entre ovaciones, y yo abandoné la sala pensando que cualquier tiempo pasado fue anterior.

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