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Crónica del Festival Cruïlla 2016

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En su séptima edición el Festival Cruïlla 2016 se sigue consolidando como un festival de verano en el que la programación de bandas es muy variada. Este hecho da origen a una mezcla de estilos musicales, de gente y de tribus urbanas que conviven curiosamente en armonía a lo largo de tres días en el recinto del Parc del Fórum en Barcelona. Una buena onda que se percibe desde el momento cero que entras al recinto poblado de una raza festivalera que viene a divertirse entre amigos, sin ningún tipo de ‘cool-dress-code’, que bebe y habla o habla y bebe mientras escuchan música entre la sucesión de bandas sin agobios de horarios o solapaciones dolorosas, sin (milagro) colas para el baño o sin largas esperas para pedir un refresco cuando el calor aprieta sobre el cemento, puro y duro, del Fórum.

Hay que concretar que tanta diversidad de estilos provoca que algunos asistentes sólo vengan para tal o cual banda y las otras les importe lo más mínimo y entonces se dedican a hablar durante las actuaciones, incluso a vozarrón entre las primeras filas. Últimamente viene ya siendo marca indiscutible de cualquier concierto y una gran falta de respeto. Ese fallo del Cruïlla cada año coge más fuerza a medida que el Festival mezcla las dispares propuestas.

La jornada del viernes 8 de Julio tuvo ejemplo de ello cuando Cat Power, mejor que nunca, estaba inspirada y concentrada en su repertorio de temas como ‘The Greatest’ o ‘These Days’ de Nico. Y aunque Chan Marshall siga siendo especialmente rara (prohibió a los fotógrafos entrar en el foso para retratarla) no es justo que no se le preste atención. Con Damien Rice pasó lo mismo. Sin banda y en un festival, la magia en directo de Damien Rice se disolvió por completo y aunque él puso empeño en su emotiva actuación,  quedó desmejorada por el incesante murmullo que no acabó hasta que los numerosos fans del ex-Héroe del Silencio, el Sr. Bunbury acudían a ver a su ídolo (y que como dato curioso fueron los que batieron el record en compras de camisetas en merchandising). Con temas como ‘Avalancha‘ y otros hits de ‘época Bunburiana’ como ‘Lady Blue’ contentó a sus más fieles seguidores. Bunbury no dejó indiferente con su entrega a todo el público con su actitud rockera y hedonista, con aires muy pero que muy provocadores, plasmados en su silueta (Hay que mirar ahora la captura fotográfica de su perfil para corroborar ese dato). Después amenizaban a los asistentes Crystal Fighters muy bailables con su espectáculo de luz y color. Pop eléctronico con aires entre ibizencos y hippy o a lo aire hindú con incienso incorporado. Muy festivalero eso sí. Y ya la siguiente banda, Vetusta Morla, reunía la otra mitad de los asistentes que venían al Cruïlla motivados por bandas nacionales. Deleite de algunos, momento de una cerveza para otros. Ese es el efecto de la diversidad. Para concluir la noche Rudimental y Digitalism por un lado energía, drum’n’bass y melodías pop y, por otro lado, dance-rock en formato dj alemán que hacían las delicias de los que aguantaban en el recinto acabadas las actuaciones estelares.

Segunda jornada, sábado 9 de julio

El jazz-funk de Snarky Puppy de Brooklyn a pleno sol hacía que el público se refugiara bajo las sombras existentes hacia las 19:00h de la tarde con un bochorno espectacular más soportable después, en hora crepuscular que con James dejó de fustigar a los presentes. Tim Booth, líder de James, al segundo tema se lanzaba desde el foso a la multitud haciendo ‘crowd surfing‘ mientras cantaba sus hits de los 90’s y otros de su nuevo trabajo con algún que otro error pero que a los asistentes les dió igual porque los de Manchester supieron captar la atención entre los bailes hipnóticos de Tim y su lanzamiento surfeando entre el público. A continuación casi todo el Cruïlla se congregó en el escenario de Alabama Shakes que fueron los reyes indiscutibles del festival. El southern soul blues de Alabama Shakes, cuarteto de Athens y apadrinado por Jack White, bordó un directo arrollador de energía tal que incluso los que allí fueron por curiosidad se quedaron prendados de la fuerza y la voz en directo de Brittany Howard. Canciones como ‘Hold On’, ‘Gemini‘ o ‘Gimme all your love’ en vivo aún gustan más. A continuación el artista tan esperado por muchos Robert Plant era la confirmación de que una gran voz sigue vigente y en forma después de la edad avanzada (68 años ya) de Mr. Plant. Su actuación estuvo bien para “recordar” a los Led Zeppelin a juzgar por las muchas camisetas del grupo que alardeaban los asistentes y que confirman que la música reúne diferentes generaciones sin importar la edad. Mr. Plant entonaba ‘Whole lotta love”, ‘Black dog’ o ‘Rock and roll’ apoyado por los The Sensational Space Shifters en una impecable actuación que no fue soberbia (soberbia fue en Coruña donde una servidora tuvo la suerte de verlo en un buen momento en el Xacobeo del año 1993). Parte del personal abandonaba el recinto después de Mr Plant y para otros les llegaba Love of Lesbian presentando su nuevo disco y entonando hits de siempre como ‘Club de Fans de John Boy’ que hacían las delicias de los fans a juzgar por las caras de felicidad de algunos y su “qué” tendrán cuando son una banda omnipresente en todos los festivales veraniegos. Los que ya decidieron aguantar hasta el final vimos el clit-rock de Skunk Anansie. Un estilo que une rock y rabia femenina y para otros un estilo dónde la cantante sólo grita. Aunque algo tendrán cuando sus hits estaban en las radio-fórmulas y en la MTV.

El Domingo 10 de Julio la banda americana de Tucson, Calexico cerró el festival a las 21:30h. Una muy buena elección que entre rock tex-mex y sonidos fronterizos aportaron la nota de folklore en la jornada más familiar de todas y que fue muy de la esencia del Cruïlla, sobretodo en los momentos cuando Amparo, la vocalista, hacía aparición cantando en español y bailando, poniendo el punto y final con signo de admiración.

En definitiva cierto es que el Cruïlla no busca crecer para atraer hordas de guiris y su objetivo de no superar los 25.000 asistentes lo convierten en un espacio cómodo para moverse entre los cuatro escenarios muy accesibles a todo el mundo y para disfrutar en todos los aspectos. Además la incorporación del nuevo escenario de Radio 3 amplia el límite del espacio del festival ofreciendo mayor cabida a las bandas nacionales como Ramon Mirabet o Egon Soda que atrae consecuentemente a un público local. Entre los festivales veraniegos el Cruïlla ya es un festival destacable y esperamos que su próxima octava edición cumpla estas mismas expectativas o incluso mejorarlas.

 

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