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Crónica del 24º Minifestival de Música Independent de Barcelona (Espai Jove Les Basses, 09-02-2019)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

El pasado sábado 9 de febrero, con la entradas anticipadas agotadas —el puñado restante en taquilla desaparecería al instante— el 24º Minifestival de Música Independent de Barcelona daba comienzo en el Espai Jove Les Basses con las expectativas muy altas dada la calidad del suculento y muy femenino cartel reunido, especialmente —para quien escribe— en su tramo central. Así que sin más dilación, vamos a explicar lo visto, escuchado y disfrutado en el decano de los festivales indies patrios.  

Ya con una estimable presencia de público, los locales Estruç fueron los encargados de abrir el Minifestival con energía y pulsión guitarrera. El trío formado por Ota Quílez, Joel Santaeulària y Marià Codina desgranó su disco de debut Peça fugaç con convicción y electricidad, además de presentar algún tema nuevo. Aunque, a veces, entre la maraña de repeticiones, parones y arranques furiosos, se producía una cierta sensación de «embotamiento» y déjà-vu. Banda en busca de su personalidad, en cualquier caso, estimulante.  

Con unos parámetros sónicos mucho más definidos, indiepop lo-fi sutil e introvertido, se presentó a continuación Free Cake for Every Creature. Último concierto de su primera gira europea, la banda norteamericana liderada por Katie Bennett estuvo impecable en el Minifestival, ganándose al sorprendentemente respetuoso público —uno se temía que su propuesta de bajos decibelios iba a chocar dramáticamente con estos tiempos de «cotorras» en las salas conciertos, pero todavía hay esperanza— con los temas de su estupendo The bluest star. Susurros vocales, letras que parecen un vívido álbum de fotos —ahora una cuenta de Instagram—, guitarras minimalistas y un sobresaliente olfato melódico. Himnos pop para tímidos.

Ya en el ecuador del Minifestival, le tocaba el turno a la muy esperada actuación de los británicos Night Flowers. Entusiastas y dinámicos en el escenario, solventaron con desparpajo, presencia y, sobre todo, canciones, los problemillas técnicos del guitarrista y ocasional vocalista Greg Ullyart. Su dreampop brioso, con arranques shoegaze, resultó contagioso gracias a interpretaciones redondas, caso de «Embers», con sus potentes dobles voces, o «Cruel wind», simplemente arrolladora. Además, cuentan con la baza segura de Sophia Pettit, magnética frontwoman, que acabó el show entre los espectadores dotando a la arrebatadora —y muy The Sundays— «Fireworks» de un plus adicional de emoción y épica. Imposible no quererlos.

Y tras el estupendo sabor de boca dejado por las dos bandas previas, llegaba la hora de la gran Kristin Hersh. Uno aguardaba su actuación con algo de miedo, sospechando que la de Atlanta aterrizaría en Les Basses en solitario, y que ese formato más intimista podría restar pegada a sus canciones o colisionar con la dudosa silenciosidad del auditorio. Por fortuna, de nuevo los temores se disiparían con celeridad. Público mayoritariamente respetuoso —que gran noticia— y una artista que conserva toda su magia intacta. Ya fuera rescatando temas de Throwing Muses, como «City of the dead», lidiando con clásicos del folk estadounidense pasados por el filtro de nuestra querida Rat girl como «Poor wayfaring stranger», o con piezas más recientes en su trayectoria, como la noqueante «Mississippi Kite», Hersh sigue cautivando con esa voz inclasificable, Lynchiana, y esa habilidad para contar historias —espeluznantes, muchas veces— con forma de canción. Y encima tocó esa joya noventera titulada «Your ghost», en la que solo faltó —sniff, sniff— Michael Stipe. Jefaza.

Tenía toda la lógica que la propuesta más abiertamente festiva de las cinco actuaciones de la noche fuera la encargada de cerrar la jornada. Pero el contraste entre la maestría de la señora Hersh y la bisoñez de las jovencísimas Cariño fue más que evidente, especialmente en el aspecto vocal. Sin embargo, la inexperiencia de las madrileñas, por otra parte lógica, no restó frescura y gancho a su música en directo. Y es que, en realidad, su pop es de incontestable efecto instantáneo, divertido y con mordiente en las letras —ahí están «Mierda seca» o «Su portal»— y con algún que otro momento de pop de muchos quilates, incluso más allá de los celebrados sencillos publicados hasta la fecha, como por ejemplo el de «Nada sigue igual». Buen colofón a una magnífica nueva edición del Minifestival de Música Independent de Barcelona. Y van… ¡Larga vida al Mini!

Fotos: Carla Rebés

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