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Crónica del 20º Minifestival de Música Independent de Barcelona (Espai Jove Les Basses, 28-02-2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Ya os lo habíamos dicho en Indienauta. El 2015 venía con una efeméride especial en el recién despedido mes de febrero. El Minifestival de Música Independent de Barcelona, decano del indie en la ciudad, celebraba su vigésimo aniversario con un cartel como siempre espectacular y bien diverso. Con una buena presencia de público —como el Minifestival se merece— nada menos que siete bandas brindaron el mejor homenaje posible a este veterano certamen, ejemplo de independencia, coherencia, buen hacer y amor por la música. Esta es la crónica de la noche.

Abrió el Minifestival The Double Shame, veterano combo de indie-rock nervioso con capacidad para mutar de temas más pantanosos y crudos a ritmos casi bailables. Sin sorpresas, pero también sin nada que reprochar. En definitiva, buen directo para comenzar la jornada. Más dudas nos dejó La Legendaria Familia Stinson que actuó en segundo lugar. Tienen cantante e intensidad, pero en directo la sospecha de estar delante de “otro” Mumford & Sons se hizo demasiado alargada. Al final en la música todo es cuestión de gustos, así que si te emociona el folk-rock épico de Marcus Mumford y compañía, los Stinson te encantarán, pero si no…. Para el que escribe, mejor cuando el rock clásico o el folk más íntimo aparece, sin “aditivos NME”.

En cambio, el tercero de los conciertos sí fue un triunfo rotundo. Los gallegos Linda Guilala tomaron Les Basses armados con electricidad y estática en forma de melodías shoegaze que a veces juegan con la hipnosis y otras vencen con la pura embestida frontal. Para los que habíamos tenido la suerte de verlos en directo —inolvidable Indietracks— ya sabíamos cómo se las gastan en un escenario, pero su set del pasado sábado aún fue mejor. Tremenda No Me Veis, fulgurante Sábados de Tormenta, brutal Lo Siento Mucho... Los queremos y se nos nota, pero es que Iván, Eva y Bruno son un grupazo.

Y la noche no daba tregua ya que a continuación era el turno de los galeses The School a los que servidor llevaba esperando con ganas desde hacía tiempo —su debut, Loveless Unbeliever, es uno de los mejores discos de puro y refulgente pop del ya no tan nuevo milenio—. Casi un escuadrón en directo –ocho personas conforman la banda- lo tenían todo para robar el corazón de los presentes. Y aunque Liz Hunt estaba algo griposa y algunos temas estuvieron faltos de fuerza, lo lograron gracias a su romántico, dulzón y vintage indiepop, y que a partir de la mitad del concierto dejó maravillas como la divertida That Boy Is Mine o las simplemente gloriosas I Want You Back o Let It Slip, y apuntó más que prometedoras nuevas canciones —tercer disco en breve—. Palmas, Tigermilk, violines, Tracyanne Campbell, trompetas, Love, estribillos inflamables, las Ronettes… POP, POP, POP.

De Cardiff a Glasgow sin salir de Nou Barris para ver a Close Lobsters, para quien escribe la que debía ser la actuación de la noche. Aunque de inicio, la cosa no pintaba bien. Un cantante al “límite de la euforia” —nótense las comillas— y un sonido que parecía iba a jugarles una mala pasada, con un bajo ejecutando una insoportable sinfonía de acoplamientos. Nos temíamos lo peor… Pero fue arrancar el show con I Kiss the Flowers in Bloom y detenerse el tiempo. Eterno jangle-pop, del que resuena en tu cabeza y se instala en tu corazón, coreable —que uno de los momentos estrella de un set tan breve sea una canción nueva es inesperado, pero Now Time es un temazo enorme—, combinando joyas inmortales como Let’s Make Some Plans con nuevas piezas que sonaron bien vigentes. Corto, la única nota negativa es que se hizo muy corto.

Tras tres conciertos magníficos, llegó la hora de Michel Cloup Duo, la última de las propuestas del siempre inquieto ex líder de Experience y Diabologum, en esta ocasión acompañado tan sólo por Patrice Cartier en la batería. Áspero, fiero, oscuro y esquivo, si uno es completamente sincero ha de decir que se perdió en la densidad de su música, una inquietante combinación de post-rock crudo, experimentación atmosférica, spoken word y largos desarrollos sonoros. Resultó difícil penetrar en esta banda sonora de tinieblas y tierras salvajes. Sin embargo, uno no pudo sino alucinar ante la abrasiva interpretación en directo del dúo francés.

Tras tamaña agresión sónica, The Manhattan Love Suicides fueron los encargados de poner el punto y final a la vigésima edición del Minifestival. Con un sonido regulero, donde las canciones apenas se distinguían entre un montaña de feedback y una cierta dejadez por parte del grupo, el noise pop de efecto inmediato quedó bastante deslucido, algo a lo que su conocida brevedad en los conciertos —¿llegaron a veinte minutos?— ayudó más bien poco.

Pese al abrupto final, la noche sólo se puede calificar de gran éxito. Gracias Carles y Xavier… ¡y por muchos años más de Minifestival!

 Fotos: Rafael Piera

 

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